REPORTAJE La sostenibilidad se ha consolidado como uno de los grandes vectores de transformación del sistema académico a escala global. El análisis de casi un centenar de buenas prácticas impulsadas por instituciones académicas de distintos países permite observar con claridad cómo la universidad y los centros de educación superior han dejado de ocupar una posición meramente observadora para convertirse en actores centrales del cambio social, ambiental y económico. Ya no se trata únicamente de generar cono- cimiento, sino de aplicarlo de forma concre- ta para responder a desafíos estructurales como la desigualdad, la emergencia climáti- ca o la necesidad de modelos de gobernanza más responsables. Este reportaje-estudio ordena y analiza di- chas prácticas con el objetivo de identificar prioridades reales, patrones de actuación y líneas de impacto, prestando especial aten- ción a su alineación con los criterios ASG y con los Objetivos de Desarrollo Sostenible. El enfoque es deliberadamente analítico: qué está haciendo la academia, en qué ámbi- tos concentra sus esfuerzos y por qué esas elecciones no son casuales. El análisis con- firma un claro predominio de la dimensión social, acompañado por una investigación ambiental de carácter aplicado y por un buen gobierno que actúa como elemento habilita- dor. En un contexto global marcado por la in- certidumbre, la academia emerge como uno de los pocos espacios capaces de pensar el largo plazo y actuar en el presente, demos- trando que la sostenibilidad no es un ámbito sectorial, sino una misión estructural del co- nocimiento. Una fotografía clara del compromiso académico La distribución porcentual de las prácticas analizadas ofrece una primera lectura cla- ra del compromiso académico con la sostenibilidad. Más del 44 % de las iniciativas se concentran en la dimensión social, seguida por la dimensión ambiental, con alrededor del 34 %, mientras que el buen gobierno representa algo más del 21 % . Esta jerarquía refleja una apuesta estratégica: la academia entiende que los grandes retos ambientales y tecnológicos solo pueden abordarse si se reducen previamente las brechas sociales que condicionan el acceso al conocimiento, al empleo y a las oportunidades. El predominio de la dimensión social responde, principalmente, a la necesidad de adaptar la formación académica a un mercado laboral en transformación, mar- cado por la digitalización, la transición energética y los cambios demográficos. Las prácticas analizadas muestran una orientación clara hacia la empleabilidad, median- te programas formativos ágiles y especializados que facilitan la inserción laboral en sectores con alta demanda de talento. A ello se suman iniciativas centradas en la inclusión de colectivos tradicionalmente excluidos, como personas con discapaci- dad, mujeres en ámbitos STEM, mayores de 55 años o personas en situaciones de especial vulnerabilidad, consolidando el papel de la academia como herramienta de cohesión social. La dimensión ambiental, con aproximadamente un tercio de las prácticas, destaca por su alto grado de especialización técnica. La economía circular y la acción cli- mática concentran buena parte de la investigación aplicada, con proyectos orienta- dos a la reutilización de recursos, la reducción de emisiones y la descarbonización de sectores industriales complejos. En este ámbito, la academia actúa como labora- torio de soluciones sostenibles con potencial de transferencia al tejido productivo. Por su parte, el buen gobierno , aunque con menor peso porcentual, cumple una fun- ción habilitadora. Las iniciativas vinculadas a la transparencia, la ética institucional y la mejora de los sistemas de gestión refuerzan la coherencia interna de las institu- ciones académicas y establecen marcos de referencia que pueden ser replicados por otros actores sociales y económicos. Los ODS como marco de referencia operativo El análisis de las prácticas examinadas permite identificar con claridad los Objeti- vos de Desarrollo Sostenible que estructuran de forma más consistente la acción académica. El ODS 4, Educación de calidad , ocupa una posición central, no solo por su vínculo natural con la misión educativa, sino por su traducción en experien- cias formativas directamente conectadas con problemas reales. En este marco, la educación se redefine como un proceso orientado a la toma de decisiones res- ponsables y a la comprensión práctica de los impactos sociales y ambientales de la actividad económica. Ejemplos de ello son iniciativas en las que estudiantes partici- pan en proyectos de diagnóstico de sostenibilidad en entornos productivos reales, colaboran con comunidades educativas para introducir contenidos ambientales en etapas tempranas o integran la ética aplicada en la resolución de casos complejos vinculados a tecnología y sociedad. El ODS 12, Producción y consumo responsables, se materializa principalmente a través de la investigación aplicada. Las prácticas analizadas incluyen proyectos en los que equipos académicos trabajan sobre procesos productivos concretos, eva- luando el ciclo de vida de materiales, rediseñando productos para reducir residuos o experimentando con la reutilización de subproductos industriales que, hasta enton- ces, carecían de valor económico. Estas iniciativas no se plantean como ejercicios teóricos, sino como pruebas piloto orientadas a modificar patrones de producción y consumo en contextos reales. Por su parte, el ODS 13, Acción por el clima , impulsa investigaciones vinculadas a la mitigación y adaptación climática con un fuerte componente experimental. Se identifican proyectos en los que el alumnado participa en mediciones directas de emisiones en instalaciones industriales, ensaya soluciones de eficiencia energética en infraestructuras existentes o analiza el impacto climático de actividades econó- micas concretas. En este bloque, la academia actúa como espacio de generación de conocimiento operativo, capaz de trasladar la urgencia climática a soluciones técnicas verificables. América Latina: sostenibilidad como respuesta estructural El análisis específico de América Latina muestra una orientación aún más marcada hacia la dimensión social , que concentra más del 53 % de las prácticas, seguida por el buen gobierno , con alrededor del 27 % , y la dimensión ambiental , en torno al 20 % . Esta distribución responde a desafíos estructurales propios de la región, como la informalidad laboral, la desigualdad persistente y las limitaciones de acceso a edu- cación de calidad en amplias capas de la población. En este contexto, la educación se articula como herramienta directa de integra- ción social , más que como mecanismo abstracto de empleabilidad. Las prácticas analizadas incluyen iniciativas en las que centros educativos trabajan con comuni- dades locales para capacitar a jóvenes sin estudios formales en competencias téc- nicas básicas, programas que permiten a personas adultas certificar conocimientos adquiridos fuera del sistema educativo o proyectos en los que estudiantes colabo- ran con organizaciones sociales para mejorar las condiciones laborales en sectores informales. El foco no está en acelerar trayectorias profesionales, sino en reducir exclusiones estructurales . En paralelo, la academia latinoamericana desempeña un papel relevante en la pro- ducción de conocimiento socialmente situado . Se desarrollan observatorios que analizan dinámicas de pobreza urbana, estudios de campo sobre desigualdad te- rritorial o sistemas de seguimiento del empleo informal que alimentan el diseño de políticas públicas. Estas iniciativas refuerzan el papel de la academia como interme- diaria entre datos, realidad social y toma de decisiones. En el ámbito ambiental, aunque el peso porcentual es menor, destacan proyectos al- tamente contextualizados, como estudios sobre el impacto ambiental de explotacio- nes mineras concretas, programas de formación vinculados a la gestión sostenible de recursos naturales o investigaciones aplicadas a la protección de ecosistemas especialmente vulnerables. En estos casos, la sostenibilidad se aborda desde una lógica de territorio y recurso , adaptada a las condiciones económicas y sociales de cada país. JOSEP MARIA LOZANO , Profesor Emérito de ESADE LONGINOS MARÍN , Catedrático de la Universidad de Murcia,Director de su Cátedra de RSC y Vicerrector de RS y Transparencia GUSTAVO A. YEPES , Profesor y directivo del Centro de Sostenibilidad de la Universidad Externado de Colombia JORDI MORRÓS , Profesor del Dep. de Empresa de la UB pedro francés , Catedrático de Ética y Filosofía Política de la Universidad de Granada antonio fuertes , Experto en Sostenibilidad, Derechos Humanos y Ética Empresarial "Los problemas para implementar la RSE tienen que ver con actitudes" " EL FUTURO SOLO SERÁ POSIBLE PARA AQUELLAS EMPRESAS QUE INTEGREN LA RSC EN SU ESTRATEGIA " “ E L FUTURO NO SE PREVÉ, SE CONSTRUYE, TRATANDO DE HACER LO CORRECTO, NO SOLO LO POSIBLE” "Las empresas más serias en RSE suelen ser las más humildes" “Las empresas ya ven a la RSE como parte integral e inherente de todas sus operaciones” "Espero que la sostenibilidad algún día se convierta en una carrera universitaria propia" ANTONIO ARGANDOÑA , Profesor Emérito en IESE Business School "La ética empresarial es esencial para transformar las organizaciones hacia un modelo más responsable y sostenible" 34,4 % 44,1 % 21,5 % 20 % 26,7 % 53,3 %