<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?><texts method="xml-texts">
<page method="xml-texts" num="1"><![CDATA[IX Estudio de salud y estilos de vida Acceder Acceder 2026 *Se prohíbe la reproducción parcial o total de este informe sin mencionar expresamente su fuente: Aegon. Para más información contacta con nuestro equipo de prensa en aegon.comunicacion@aegon.es o aegon@evercom.es]]></page>
<page method="xml-texts" num="2"><![CDATA[Bloque 2. Salud emocional Parte 2. Salud emocional Bloque 3. Cuidado de la salud Parte 3. Cuidado de la salud Conclusiones Conclusiones Parte 1. Salud física Parte 1. Salud física]]></page>
<page method="xml-texts" num="3"><![CDATA[3 IX Estudio de salud Introducción Aegon presenta la novena edición del Estudio de Salud y Estilo de Vida, que se centra en la percepción del estado de salud física y emocional y el bienestar social de los españoles en los últimos 12 meses, así como la evolución de los principales indicadores de salud en los últimos años. Acorde con el objetivo de observar el comportamiento de la sociedad española, segmentado por criterios poblacionales, de edad y sexo, así como económico- laborales, el informe aborda aspectos con impacto directo e indirecto en la salud. Entre otros, analiza los hábitos alimenticios o de estilo de vida, así como el uso que se hace de las nuevas tecnologías con relación al cuidado de la salud, niveles de estrés en la población, satisfacción laboral o automedicación. También se estudia la percepción de las actividades de ocio y el tiempo libre. Además, el informe compara los indicadores respecto al mismo periodo del año anterior, de forma que se pueda observar la evolución de las tendencias en el estilo de vida y salud de la sociedad actual. Este informe de campo ha sido realizado por Grupo Análisis e Investigación durante febrero y marzo de 2026 y es específico para España. La muestra del estudio consta de 1.600 entrevistas a individuos de más de 18 años de ambos sexos, con un error muestral máximo del 2,48% bajo el supuesto de máxima heterogeneidad del universo de estudio (P=Q=50%) y de muestreo aleatorio simple, y con un nivel de confianza del 95,5%. De este modo, se han obtenido datos planteando cuotas proporcionales por sexo, edad y tamaño de hábitat, con un peso de la muestra de cada comunidad autónoma ajustado según el peso de su población.]]></page>
<page method="xml-texts" num="4"><![CDATA[IX Estudio de salud 4 *Se permite la reproducción total o parcial de este documento bajo la premisa de citar a Aegon como fuente. Para más información puede ponerse en contacto con Aegon en la dirección de correo aegon.comunicacion@ aegon.es]]></page>
<page method="xml-texts" num="5"><![CDATA[Acceder Bloque 1. Salud física 1.1. Valoración del estado de salud general 1.2. Autocuidado y aspecto físico 1.3. Hábitos de alimentación 1.4. Consumo de tabaco y alcohol]]></page>
<page method="xml-texts" num="6"><![CDATA[6 IX Estudio de salud 1.1. Valoración del estado de salud general La valoración general del estado de salud de los encuestados mejora ligeramente en la edición de 2026 y continúa situándose en niveles positivos. La puntuación media alcanza los 7,22 puntos sobre 10, lo que supone el valor más elevado desde 2020. Además, aproximadamente siete de cada diez encuestados (72%) califican su estado de salud con una nota igual o superior a 7, confirmando la percepción mayoritariamente favorable que los españoles tienen de su salud en el último año. Salud física]]></page>
<page method="xml-texts" num="7"><![CDATA[IX Estudio de salud 7 1.1. Valoración del estado de salud general La valoración general del estado de salud de los encuestados mejora ligeramente en la edición de 2026 y continúa situándose en niveles positivos. La puntuación media alcanza los 7,22 puntos sobre 10, lo que supone el valor más elevado desde 2020. Además, aproximadamente siete de cada diez encuestados (72%) califican su estado de salud con una nota igual o superior a 7, confirmando la percepción mayoritariamente favorable que los españoles tienen de su salud en el último año. Gráficos: Estado de salud percibido]]></page>
<page method="xml-texts" num="8"><![CDATA[8 IX Estudio de salud Esta valoración presenta contrastes relevantes según el perfil del encuestado, apreciándose diferencias entre hombres y mujeres. Ellos presentan una valoración media de 7,32, superior a la de ellas (7,12), lo que indica que los hombres tienen una percepción ligeramente más positiva de su estado de salud. También se observa un claro efecto de la edad, ya que la valoración desciende hasta situarse en el 7,00 entre los mayores de 65 años, frente a valores superiores en los grupos más jóvenes. Destacan los jóvenes de 26 a 40 años, que registran la puntuación más elevada por edad (7,51), seguidos de los de 18 a 25 años (7,37). Los colectivos con mejor percepción de su salud son aquellos cuya situación económica ha mejorado en el último año, que alcanzan una puntuación media de 7,94, seguidos de los encuestados que trabajan (7,47) y aquellos con estudios superiores (7,33), todos ellos claramente por encima de la media.]]></page>
<page method="xml-texts" num="9"><![CDATA[IX Estudio de salud 9 Esta valoración presenta contrastes relevantes según el perfil del encuestado, apreciándose diferencias entre hombres y mujeres. Ellos presentan una valoración media de 7,32, superior a la de ellas (7,12), lo que indica que los hombres tienen una percepción ligeramente más positiva de su estado de salud. También se observa un claro efecto de la edad, ya que la valoración desciende hasta situarse en el 7,00 entre los mayores de 65 años, frente a valores superiores en los grupos más jóvenes. Destacan los jóvenes de 26 a 40 años, que registran la puntuación más elevada por edad (7,51), seguidos de los de 18 a 25 años (7,37). Los colectivos con mejor percepción de su salud son aquellos cuya situación económica ha mejorado en el último año, que alcanzan una puntuación media de 7,94, seguidos de los encuestados que trabajan (7,47) y aquellos con estudios superiores (7,33), todos ellos claramente por encima de la media. Gráfico: Estado de salud percibido En el extremo contrario, los colectivos con peor percepción de su estado de salud son los encuestados cuya situación económica ha empeorado (6,72), los que no trabajan (6,88) y aquellos con estudios primarios o inferiores (6,95), todos ellos por debajo de la media.]]></page>
<page method="xml-texts" num="10"><![CDATA[10 IX Estudio de salud Gráfico: Motivos de percepción del estado de salud Entre los encuestados que valoran positivamente su estado de salud, los principales motivos se mantienen estables respecto a la edición anterior. El más mencionado continúa siendo hacer ejercicio de forma regular (49,5%), seguido de no fumar (47,2%) y dormir bien (45,3%). También destacan cuidar la alimentación (41,5%) y no beber alcohol habitualmente (38,0%), mientras que otros factores como sentirse relajado y tranquilo (28,1%) tienen un peso menor.]]></page>
<page method="xml-texts" num="11"><![CDATA[IX Estudio de salud 11 Entre quienes valoran negativamente su estado de salud, el principal motivo continúa siendo tener algún tipo de dolor (56,1%), aunque desciende respecto a 2025. A este factor le siguen el estrés o la ansiedad (45,7%) y dormir menos de 6 horas o tener un sueño no reparador (38,3%). También destacan no hacer ejercicio (29,8%) y no cuidar la alimentación (14,8%), mientras que otros factores como fumar (10,7%) o beber alcohol (3,7%) tienen un impacto menor. Gráfico: Motivos de percepción del estado de salud]]></page>
<page method="xml-texts" num="12"><![CDATA[12 IX Estudio de salud Por comunidades autónomas, la valoración del estado de salud se mantiene relativamente homogénea, aunque se observan algunas diferencias. Las puntuaciones más elevadas se registran en La Rioja (7,78), Extremadura (7,54) y Castilla y León (7,45), todas ellas por encima de la media nacional. También destacan Canarias (7,44) y Baleares (7,40). Gráfico: Motivos de percepción del estado de salud Gráfico: Estado de salud percibido según CC. AA.]]></page>
<page method="xml-texts" num="13"><![CDATA[IX Estudio de salud 13 Por comunidades autónomas, la valoración del estado de salud se mantiene relativamente homogénea, aunque se observan algunas diferencias. Las puntuaciones más elevadas se registran en La Rioja (7,78), Extremadura (7,54) y Castilla y León (7,45), todas ellas por encima de la media nacional. También destacan Canarias (7,44) y Baleares (7,40). En el lado contrario, las valoraciones más bajas corresponden a Asturias (6,82) y Navarra (6,96), seguidas de Cataluña (7,04) y País Vasco (7,08), que se sitúan ligeramente por debajo de la media. El resto de las comunidades, como Madrid (7,18), Andalucía (7,17) o Murcia (7,16), presentan valores muy próximos al promedio general. Gráfico: Estado de salud percibido según CC. AA.]]></page>
<page method="xml-texts" num="14"><![CDATA[14 IX Estudio de salud 1.2. Autocuidado y aspecto físico Se mantiene la tendencia positiva en la satisfacción de los españoles con su apariencia física. En 2026, el 83,7% de los encuestados se declara satisfecho en alguna medida (24,8% muy satisfecho y 58,9% algo satisfecho), lo que supone un incremento respecto a 2025 (81,6%) y consolida la mejora iniciada en años anteriores (81,1% en 2024 y 78,3% en 2023). En paralelo, descienden las valoraciones negativas, con un 16,3% de insatisfechos (13,8% poco y 2,5% nada), frente al 18,4% de 2025.]]></page>
<page method="xml-texts" num="15"><![CDATA[IX Estudio de salud 15 Gráfico: Satisfacción con la apariencia / aspecto físico]]></page>
<page method="xml-texts" num="16"><![CDATA[16 IX Estudio de salud La satisfacción con el aspecto físico es mayor entre los hombres, que alcanzan un 86,1%, frente al 81,5% de las mujeres. También se observan diferencias por edad, destacando los mayores de 65 años (87,6%) como el grupo más satisfecho, seguidos de los 26 a 40 años (84,0%) y los 56 a 65 años (83,6%), mientras que los niveles más bajos se registran entre los 41 a 55 años (81,3%) y los 18 a 25 años (81,5%). Por el contrario, las mayores diferencias se observan en función de la situación económica. Los encuestados cuya situación ha mejorado alcanzan un 90,6% de satisfacción, frente al 85,3% de quienes se mantienen igual y el 76,7% de quienes han empeorado, situándose estos últimos claramente por debajo de la media. Asimismo, la percepción de la salud influye de forma significativa. Los que valoran su salud como positiva alcanzan un 90,8% de satisfacción, frente al 74,2% de quienes la perciben como media y apenas un 45,4% entre quienes consideran que su salud es negativa. También se observan diferencias según los hábitos nutricionales. Los que no han hecho dieta presentan mayor satisfacción (85,4%) que quienes sí la han realizado (79,7%). En la misma línea, la satisfacción aumenta claramente entre quienes consideran que llevan una alimentación saludable (91,0%), frente al 72,2% de quienes la consideran neutra y el 50,5% de quienes creen que no es saludable. Gráfico: Satisfacción con la apariencia / aspecto físico]]></page>
<page method="xml-texts" num="17"><![CDATA[IX Estudio de salud 17 Gráfico: Satisfacción con la apariencia / aspecto físico]]></page>
<page method="xml-texts" num="18"><![CDATA[18 IX Estudio de salud Por comunidades autónomas, el grado de satisfacción de los españoles con su aspecto físico es mayor en Aragón (92,0%) y Castilla y León (91,0%), seguidos de La Rioja (90,0%) y Asturias (88,0%), todas ellas por encima de la media. En el extremo contrario se sitúa la Comunidad Valenciana (76,8%), junto con País Vasco (79,3%) y Murcia (80,1%), que presentan los niveles más bajos. Gráfico: Satisfacción con la apariencia / aspecto físico]]></page>
<page method="xml-texts" num="19"><![CDATA[IX Estudio de salud 19 La percepción del peso muestra una ligera mejora en 2026. El porcentaje de encuestados que considera que tiene un peso adecuado alcanza el 41,9%, frente al 38,1% de 2025, mientras que el 43,6% cree que está por encima de su peso ideal, lo que supone un descenso respecto al 46,8% del año anterior. Por su parte, el 14,6% considera que está por debajo de su peso adecuado, ligeramente por debajo del 15,2% de 2025. En términos de evolución, se consolida la tendencia de mejora iniciada en años anteriores, con un aumento progresivo del peso considerado adecuado (30,8% en 2022 vs. 41,9% en 2026) y una reducción del exceso de peso (62,1% en 2022 vs. 43,6% en 2026).]]></page>
<page method="xml-texts" num="20"><![CDATA[20 IX Estudio de salud Gráfico: Percepción sobre el peso]]></page>
<page method="xml-texts" num="21"><![CDATA[IX Estudio de salud 21 Por sexo, el porcentaje de personas que perciben que están por encima de su peso ideal es similar, aunque ligeramente superior entre las mujeres (44,3%) que entre los hombres (42,8%). Sin embargo, los hombres declaran en mayor medida estar por debajo de su peso (16,6%) frente al 12,6% de las mujeres. La edad introduce diferencias claras. La percepción estar muy por encima del peso ideal aumenta desde el 27,2% entre los jóvenes de 18 a 25 años hasta el 54,5% entre los mayores de 65 años, pasando por el 34,0% en el grupo de 26 a 40 años, el 42,8% en el de 41 a 55 años y el 52,8% en el de 56 a 65 años. Por el contrario, la percepción de estar muy por debajo del peso ideal es mayor entre los jóvenes (26,0% en 18-25 años) y desciende hasta el 7,0% en mayores de 65 años.]]></page>
<page method="xml-texts" num="22"><![CDATA[22 IX Estudio de salud Gráfico: Percepción sobre el peso Gráfico: ¿Suele mentir en el peso cuando preguntan?]]></page>
<page method="xml-texts" num="23"><![CDATA[IX Estudio de salud 23 El porcentaje de encuestados que reconoce mentir sobre su peso se mantiene en niveles reducidos, aunque muestra una ligera tendencia al alza. En 2026, el 10,0% afirma que miente sobre su peso, frente al 9,4% de 2025, el 9,1% de 2024 y el 8,5% de 2023, consolidando un crecimiento progresivo, aunque sin superar el 10%. Gráfico: ¿Suele mentir en el peso cuando preguntan? Por sexo, la incidencia es mayor entre las mujeres, donde alcanza el 11,5%, frente al 8,3% de los hombres. Por edad, los niveles más altos se registran entre los más jóvenes, con un 18,1% en el grupo de 18 a 25 años y un 15,0% entre los 26 y 40 años, descendiendo posteriormente hasta el 11,3% en 41-55 años, el 5,8% en 56-65 años y el 2,7% entre los mayores de 65 años.]]></page>
<page method="xml-texts" num="24"><![CDATA[24 IX Estudio de salud El porcentaje de quienes mienten sobre su peso alcanza el 20,9% entre quienes creen estar por debajo de él, frente al 10,1% de quienes consideran que están por encima y el 6,0% de quienes creen tener un peso adecuado. También se observan diferencias en función de si se controla la alimentación o no. Entre quienes declaraban haber hecho dieta, el porcentaje asciende al 18,5%, frente al 6,4% de quienes no la han realizado. Por percepción de alimentación saludable, la incidencia de quienes mienten sobre su peso es menor entre aquellos que creen que llevan una alimentación saludable, donde alcanza el 8,9%, frente a aquellos que no creen que lleven una alimentación saludable o los que piensan que es neutra, donde se obtiene un porcentaje del 12,4% en ambos casos. Por último, la satisfacción con el aspecto físico también marca diferencias relevantes. Entre los insatisfechos, el porcentaje de quienes mienten sobre su peso alcanza el 16,4%, casi el doble que entre los satisfechos (8,7%). Gráfico: ¿Suele mentir en el peso cuando preguntan?]]></page>
<page method="xml-texts" num="25"><![CDATA[IX Estudio de salud 25 Gráfico: ¿Suele mentir en el peso cuando preguntan?]]></page>
<page method="xml-texts" num="26"><![CDATA[26 IX Estudio de salud El gasto en cuidado personal se concentra principalmente en niveles bajos. Así, el 56,2% de los encuestados gasta menos de 50€ al mes, seguido del 29,0% que gasta entre 50 y 100€. Los niveles más altos son minoritarios, con un 5,4% entre 100 y 200€ y apenas un 0,9% que supera los 200€, mientras que un 8,5% declara no gastar nada. En salud, el gasto presenta un patrón similar, pero con mayor peso del no gasto. El 50,7% gasta menos de 50€, el 22,6% entre 50 y 100€ y el 6,4% entre 100 y 200€, mientras que el 18,4% declara no gastar nada, más del doble que en cuidado personal. Gráfico: Nivel de gasto en cuidado personal y salud]]></page>
<page method="xml-texts" num="27"><![CDATA[IX Estudio de salud 27 Gráfico: Nivel de gasto en cuidado personal y salud]]></page>
<page method="xml-texts" num="28"><![CDATA[28 IX Estudio de salud El gasto en cuidado personal es mayor entre las mujeres en los tramos superiores, con un 31,6% gastando entre 50 y 100€ frente al 26,1% de los hombres, y un 7,1% entre 100 y 200€ frente al 3,7% de ellos. Por el contrario, los hombres presentan mayor proporción de no gasto (11,3% vs. 6,0%). Por edad, el gasto en cuidado personal es mayor en el grupo de 41 a 55 años para más de 200€ con un 1,9%, mientras que de 26 a 40 años tienen el gasto más bajo con un 0,0%. Entre 50 y 100€ destaca el grupo de 26 a 40 años por tener el mayor gasto frente a los mayores de 65 años (35,9% vs. 16,6%). Asimismo, los mayores de 65 años son el grupo que más concentra el gasto en niveles bajos (68,7% en menos de 50€ y 11,1% en nada), seguido por el grupo entre 41 a 55 (51,1% en menos de 50€). Gráfico: Nivel de gasto en cuidado personal]]></page>
<page method="xml-texts" num="29"><![CDATA[IX Estudio de salud 29 En cuanto al estado de salud percibido, los que consideran que su salud es positiva presentan mayores niveles de gasto medio en cuidado personal (31,1% entre 50 y 100€), mientras que los que la perciben como negativa concentran más no gasto (20,0%). Gráfico: Nivel de gasto en cuidado personal El no gasto en salud es mayor entre quienes no tienen hijos (21,2%) frente a quienes sí tienen (16,8%). Por edad, los mayores de 65 años presentan menor gasto en tramos medios (13,7% entre 50 y 100€) y mayor concentración en niveles bajos (56,1% menos de 50€).]]></page>
<page method="xml-texts" num="30"><![CDATA[30 IX Estudio de salud En el gasto en salud las diferencias son moderadas en cuanto al sexo, aunque las mujeres presentan un mayor peso en los niveles más bajos de gasto, con un 52,0% gastando menos de 50€, frente al 49,3% de los hombres. Por el contrario, los hombres concentran ligeramente más gasto en los tramos medios, con un 7,6% entre 100 y 200€, frente al 5,3% de las mujeres. En cuanto al no gasto, ambos perfiles presentan valores similares, con un 18,6% en mujeres y un 18,2% en hombres. La edad introduce diferencias relevantes en el nivel de gasto en salud. Los mayores de 65 años son el grupo que más concentra el gasto en niveles bajos, con un 56,1% por debajo de 50€, mientras que el grupo de 41 a 55 años presenta el menor gasto en este nivel, con un 44,8%.]]></page>
<page method="xml-texts" num="31"><![CDATA[IX Estudio de salud 31 Los grupos de 26-40 años y 41-55 años presentan el mayor gasto en salud entre 50€ y 100€ (28,3% y 27,7% respectivamente) frente a los grupos de más edad que presentan los niveles más bajos de gasto para este nivel (16,1% entre 41-55 años y 13,7% más de 65 años). Asimismo, los niveles más altos de gasto son más frecuentes entre los mayores, alcanzando el 4,0% en más de 200€ entre los mayores de 65 años, frente a valores inferiores en el resto de los grupos, siendo el gasto más bajo para los de 26-40 años con un 0,3%. Finalmente, en función de la presencia de hijos, se observa que el porcentaje de personas que no declaran gasto en salud es mayor entre quienes no tienen hijos (21,2%) que entre quienes sí que los tienen (16,8%). En sentido contrario, los que tienen hijos presentan mayores niveles de gasto medio, con un 23,7% entre 50 y 100€, frente al 20,7% de quienes no tienen hijos, así como un mayor peso en el tramo de 100 a 200€ (7,4% vs. 4,7%).]]></page>
<page method="xml-texts" num="32"><![CDATA[32 IX Estudio de salud Gráfico: Nivel de gasto en salud]]></page>
<page method="xml-texts" num="33"><![CDATA[IX Estudio de salud 33 1.3. Hábitos de alimentación Tras la ligera caída registrada en 2025, el porcentaje de personas que tienen la percepción de llevar una alimentación saludable vuelve a mejorar en 2026. En concreto, el 69,5% de los encuestados considera que lleva una alimentación saludable (14,7% en gran medida y 54,8% en buena medida), lo que supone un incremento respecto al 66,7% del año anterior. En paralelo, descienden ligeramente el porcentaje de quienes consideran que no llevan una alimentación saludable, con un 7,0% que declara hacerlo en poca o ninguna medida (6,1% + 0,9%), frente al 8,2% del año anterior.]]></page>
<page method="xml-texts" num="34"><![CDATA[34 IX Estudio de salud Gráfico: ¿Lleva una alimentación saludable? Por sexo, las diferencias son reducidas, aunque los hombres presentan una percepción ligeramente más positiva, con un 70,2%, frente al 68,9% de las mujeres.]]></page>
<page method="xml-texts" num="35"><![CDATA[IX Estudio de salud 35 La edad introduce una clara tendencia creciente. La percepción de llevar una alimentación saludable aumenta desde el 57,8% entre los jóvenes de 18 a 25 años hasta el 77,9% entre los mayores de 65 años, pasando por el 66,3% en el grupo de 26 a 40 años, el 68,5% en el de 41 a 55 años y el 71,3% entre los 56 y 65 años. Asimismo, la evolución de la situación económica de cada individuo resulta determinante. Los encuestados cuya situación ha mejorado alcanzan un 76,5%, frente al 70,9% de quienes se mantienen igual y el 62,7% de quienes han empeorado, situándose estos últimos claramente por debajo de la media. También se observan diferencias en función de la percepción del peso. Los encuestados que consideran que están en su peso adecuado alcanzan un 79,3%, frente al 70,0% de quienes creen estar por debajo y el 60,0% de quienes consideran que están por encima, siendo este último grupo el menos positivo. El nivel educativo también influye de forma significativa. Los encuestados con estudios superiores alcanzan un 76,1%, frente al 64,5% de los que tienen estudios secundarios y el 62,9% de los que cuentan con la enseñanza primaria o inferior. Por último, la percepción del estado de salud muestra una relación directa con la declaración del seguimiento de una alimentación saludable. Los que valoran su salud como positiva suponen un 75,9%, frente al 55,6% de quienes la perciben como media y el 47,2% de quienes la consideran negativa.]]></page>
<page method="xml-texts" num="36"><![CDATA[36 IX Estudio de salud Gráfico: ¿Lleva una alimentación saludable?]]></page>
<page method="xml-texts" num="37"><![CDATA[IX Estudio de salud 37 Por comunidades autónomas, la percepción de llevar una alimentación saludable presenta diferencias relevantes. Los niveles más altos se registran en La Rioja (84,0%), seguida de Extremadura (82,0%) y Aragón (78,0%), todas ellas por encima de la media nacional. También destacan Madrid (74,5%), Cantabria (73,0%) y Andalucía (71,5%), con valores superiores o cercanos al promedio. En el lado contrario, las valoraciones más bajas corresponden a Castilla- La Mancha (52,0%), claramente por debajo del resto, así como Asturias (58,0%) y Murcia (64,0%), que también se sitúan en niveles inferiores a la media.]]></page>
<page method="xml-texts" num="38"><![CDATA[38 IX Estudio de salud Gráfico: ¿Lleva una alimentación saludable? según CC. AA.]]></page>
<page method="xml-texts" num="39"><![CDATA[IX Estudio de salud 39 Gráfico: ¿Lleva una alimentación saludable? según CC. AA. La percepción sobre la evolución de la alimentación en el último año muestra una tendencia ligeramente positiva. En 2026, el 43,9% de los encuestados considera que su alimentación ha mejorado, frente al 40,3% de 2025, lo que supone un incremento de más de tres puntos porcentuales con respecto al año anterior. Por el contrario, la mayoría sigue percibiendo estabilidad, con un 52,0% que afirma que su alimentación no ha cambiado, aunque este porcentaje desciende respecto al 54,7% del año anterior. Asimismo, continúa reduciéndose progresivamente la percepción negativa, con un 4,1% que considera que ha empeorado su alimentación, frente al 5,0% de 2025 y el 6,4% de 2023.]]></page>
<page method="xml-texts" num="40"><![CDATA[40 IX Estudio de salud Por sexo, las diferencias son reducidas, aunque las mujeres muestran una percepción ligeramente más positiva, con un 44,2% que afirma haber mejorado su alimentación, frente al 43,5% de los hombres. La percepción de llevar una alimentación adecuada mejora claramente a medida que aumenta la valoración del estado de salud. Así, el 47,2% de los encuestados que consideran que gozan de buena salud afirman alimentarse correctamente, frente al 38,1% de quienes califican su salud como regular y al 28,3% de aquellos que la perciben como negativa. Gráfico: ¿Cómo ha evolucionado tu alimentación en el último año?]]></page>
<page method="xml-texts" num="41"><![CDATA[IX Estudio de salud 41 Gráfico: ¿Cómo ha evolucionado tu alimentación en el último año? Gráfico: ¿Cómo ha evolucionado tu alimentación en el último año? Por edad, los jóvenes son los que más perciben una evolución positiva de su alimentación, con un 55,3% entre los 18 y 25 años y un 50,5% entre los 26 y 40 años, mientras que este porcentaje desciende hasta el 36,1% entre los mayores de 65 años.]]></page>
<page method="xml-texts" num="42"><![CDATA[42 IX Estudio de salud Asimismo, la percepción de contar con un buen nivel de alimentación es más elevada entre quienes consideran que siguen una dieta saludable, alcanzando el 52,3%, frente al 26,8% de quienes la califican como neutra y al 16,6% de aquellos que la perciben como poco saludable. También se observan diferencias según hábitos y situación personal. Entre quienes han hecho dieta, el porcentaje que percibe una mejora alcanza el 60,8%, frente al 36,8% de quienes no la han realizado. De igual forma, los que trabajan presentan una mayor percepción positiva (47,5%) que los que no trabajan (39,1%).]]></page>
<page method="xml-texts" num="43"><![CDATA[IX Estudio de salud 43 Por último, la evolución económica vuelve a ser un factor clave. Los encuestados cuya situación ha mejorado alcanzan un 60,9%, frente al 41,5% de quienes se mantienen igual y el 37,9% de quienes han empeorado. Por comunidades autónomas, la percepción de mejora es más elevada en Baleares (58,0%), seguida de Murcia (58,0%) y Canarias (53,3%), todas ellas por encima de la media nacional. También destacan Navarra (50,0%) y Extremadura (50,0%), mientras que otras comunidades como Madrid (39,2%) o Cataluña (40,8%) se sitúan en niveles más moderados. En el extremo contrario, los niveles más bajos se registran en Aragón (29,9%) y Cantabria (29,7%), seguidas de Asturias (31,9%), que presentan una menor percepción de mejora en la alimentación.]]></page>
<page method="xml-texts" num="44"><![CDATA[44 IX Estudio de salud Gráfico: ¿Cómo ha evolucionado tu alimentación en el último año?]]></page>
<page method="xml-texts" num="45"><![CDATA[IX Estudio de salud 45 Gráfico: ¿Cómo ha evolucionado tu alimentación en el último año?]]></page>
<page method="xml-texts" num="46"><![CDATA[46 IX Estudio de salud La fruta se consolida como el alimento de consumo más frecuente entre los españoles. En concreto, el 53,1% afirma consumirla casi todos los días, al que se suma un 27,7% que lo hace varias veces a la semana, lo que sitúa el consumo habitual en torno al 80,8%. Además, solo un 1,9% declara no consumirla nunca, confirmando su fuerte implantación en la dieta. La verdura ocupa la segunda posición en frecuencia de consumo. Un 32,2% la consume casi todos los días y un 44,1% varias veces a la semana, alcanzando un consumo frecuente del 76,3%. El porcentaje de quienes no la consumen nunca es reducido (1,6%).]]></page>
<page method="xml-texts" num="47"><![CDATA[IX Estudio de salud 47 En el caso de la carne, el consumo es mayoritariamente semanal. Un 54,4% la consume varias veces a la semana, frente a un 10,6% que lo hace a diario. Además, un 25,0% la consume una vez a la semana, mientras que solo un 2,4% afirma no consumirla nunca. El pescado presenta una frecuencia de consumo inferior a la carne. Solo un 2,8% lo consume casi todos los días y un 40,3% varias veces a la semana, mientras que destaca el 36,6% que lo consume una vez a la semana. Asimismo, un 3,7% declara no consumirlo nunca, porcentaje superior al de otros alimentos básicos. Por su parte, los alimentos ultra procesados tienen una presencia más ocasional. Aunque un 17,6% los consume varias veces a la semana, la mayoría se concentra en consumos menos frecuentes: un 28,3% una vez a la semana y un 14,8% una vez al mes. Destaca que un 25,0% los consume con menor frecuencia, mientras que un 10,9% afirma no consumirlos nunca. En una línea similar, la comida “basura” también presenta un consumo esporádico. Un 32,7% la consume una vez a la semana y un 21,9% una vez al mes, mientras que un 24,2% lo hace con menor frecuencia. Solo un 10,8% declara consumirla varias veces a la semana y un 2,1% casi a diario, mientras que un 11,0% afirma no consumirla nunca. En conjunto, los datos reflejan un patrón alimentario en el que predominan los alimentos frescos, especialmente fruta y verdura, frente a un consumo más ocasional de productos ultra procesados.]]></page>
<page method="xml-texts" num="48"><![CDATA[48 IX Estudio de salud Gráfico: Frecuencia de consumo de los diferentes tipos de alimentos: evolutivo]]></page>
<page method="xml-texts" num="49"><![CDATA[IX Estudio de salud 49 En términos generales, no se observan cambios significativos respecto a años anteriores, manteniéndose estables los hábitos de consumo. En el caso de la fruta, el consumo diario se sitúa en el 53,1% en 2026, en línea con el 53,0% de 2025 y ligeramente por debajo del 55,1% de 2024. El consumo varias veces por semana se mantiene estable (27,7% en 2026 frente a 26,9% en 2025). La verdura también muestra estabilidad, con un 32,2% de consumo diario, frente al 31,3% del año anterior, y un 44,1% que la consume varias veces a la semana, cifra similar a la de años previos. En carne, el consumo varias veces por semana se mantiene como predominante (54,4% en 2026), con ligeras variaciones respecto a años anteriores (54,7% en 2025 y 54,5% en 2024).]]></page>
<page method="xml-texts" num="50"><![CDATA[50 IX Estudio de salud Gráfico: Frecuencia de consumo de los diferentes tipos de alimentos: evolutivo]]></page>
<page method="xml-texts" num="51"><![CDATA[IX Estudio de salud 51 El pescado tampoco muestra grandes cambios: el consumo varias veces a la semana se sitúa en el 40,3%, frente al 38,9% de 2025, mientras que el consumo semanal se mantiene en torno al 36%-39%. En cuanto a los alimentos ultra procesados, el porcentaje de quienes no los consumen se mantiene estable (11,0% en 2026 frente a 10,9% en 2025), al igual que el consumo ocasional (25,0% en ambos años). Por último, la comida “basura” presenta también una evolución estable, con un 11,0% que no la consume nunca, frente al 11,0% del año anterior, y un consumo una vez a la semana que se mantiene en torno al 30%-33%.]]></page>
<page method="xml-texts" num="52"><![CDATA[52 IX Estudio de salud Gráfico: Frecuencia de consumo de los diferentes tipos de alimentos: evolutivo]]></page>
<page method="xml-texts" num="53"><![CDATA[IX Estudio de salud 53 El consumo de fruta es más elevado entre determinados colectivos. Por sexo, las mujeres presentan una mayor frecuencia de consumo diario (54,4%) frente a los hombres (51,8%). Por otro lado, la edad se revela como un factor determinante en el consumo de fruta, El consumo diario pasa del 26,1% entre los 18 y 25 años al 75,6% entre los mayores de 65 años, con valores intermedios como el 38,2% entre 26 y 40 años, el 48,2% entre 41 y 55 años y el 67,3% entre 56 y 65 años. También se observan diferencias según la presencia o no de hijos en casa. Los encuestados con hijos presentan un mayor consumo diario (57,6%) que aquellos sin hijos (45,2%).]]></page>
<page method="xml-texts" num="54"><![CDATA[54 IX Estudio de salud Gráfico: Frecuencia de consumo de los diferentes tipos de alimentos: fruta]]></page>
<page method="xml-texts" num="55"><![CDATA[IX Estudio de salud 55 La percepción del estado de salud también influye significativamente. El consumo diario alcanza el 54,6% entre quienes perciben su salud como positiva, frente al 49,6% de quienes la valoran como media y el 48,9% de quienes la consideran negativa. Asimismo, la percepción de llevar una alimentación saludable marca diferencias claras. Entre quienes creen llevar una alimentación saludable, el consumo diario alcanza el 60,9%, frente al 38,8% de quienes la consideran intermedia y el 24,3% de quienes no la consideran saludable.]]></page>
<page method="xml-texts" num="56"><![CDATA[56 IX Estudio de salud Gráfico: Frecuencia de consumo de los diferentes tipos de alimentos: fruta]]></page>
<page method="xml-texts" num="57"><![CDATA[IX Estudio de salud 57 El consumo de verdura presenta un patrón similar al de la fruta, aunque con menor intensidad en el consumo diario. Por sexo, las mujeres consumen verdura casi a diario en mayor medida (38,7%) que los hombres (25,3%). Por edad, el consumo aumenta claramente con los años, pasando del 25,0% entre los jóvenes de 18 a 25 años al 44,8% entre los mayores de 65 años, con valores intermedios como el 26,8% (26-40 años), el 24,9% (41- 55 años) y el 39,0% (56-65 años). También influye la situación familiar: quienes tienen hijos presentan un mayor consumo diario (34,5%) frente a los que no (28,1%).]]></page>
<page method="xml-texts" num="58"><![CDATA[58 IX Estudio de salud Gráfico: Frecuencia de consumo de los diferentes tipos de alimentos: verdura]]></page>
<page method="xml-texts" num="59"><![CDATA[IX Estudio de salud 59 Gráfico: Frecuencia de consumo de los diferentes tipos de alimentos: verdura El estado de salud percibido vuelve a ser determinante. El consumo diario alcanza el 34,5% entre quienes tienen una percepción positiva de su salud, frente al 33,0% de quienes la valoran como media y el 23,1% de quienes la consideran negativa. Finalmente, la percepción de alimentación saludable marca diferencias aún más acusadas. Entre quienes consideran que llevan una alimentación saludable, el consumo diario alcanza el 39,1%, frente al 17,2% de quienes tienen una percepción intermedia y el 13,6% de quienes no la consideran saludable.]]></page>
<page method="xml-texts" num="60"><![CDATA[60 IX Estudio de salud Gráfico: Frecuencia de consumo de los diferentes tipos de alimentos: verdura]]></page>
<page method="xml-texts" num="61"><![CDATA[IX Estudio de salud 61 El consumo de carne es más elevado entre determinados colectivos. Por sexo, las diferencias son reducidas. Los hombres presentan un consumo ligeramente más frecuente varias veces a la semana (56,6%) que las mujeres (52,3%), mientras que el consumo diario es algo mayor entre las mujeres (11,6% frente a 9,4%). La edad introduce un patrón claro: el consumo diario disminuye a medida que aumenta la edad. Así, alcanza el 25,4% entre los jóvenes de 18 a 25 años, desciende al 13,5% en el grupo de 26 a 40 años, al 9,4% entre 41 y 55 años, al 7,0% entre 56 y 65 años y al 5,1% entre los mayores de 65 años. En cuanto a la presencia de hijos, las diferencias son moderadas. Los encuestados sin hijos presentan un mayor consumo diario (12,3%) que los que sí los tienen (9,6%), mientras que el consumo varias veces a la semana es muy similar (54,9% frente a 54,1%).]]></page>
<page method="xml-texts" num="62"><![CDATA[62 IX Estudio de salud Gráfico: Frecuencia de consumo de los diferentes tipos de alimentos: carne]]></page>
<page method="xml-texts" num="63"><![CDATA[IX Estudio de salud 63 El estado de salud percibido apenas introduce variaciones en el consumo frecuente, situándose en torno al 54%-55% varias veces por semana en todos los grupos (51,8% en salud negativa, 53,9% en media y 54,8% en positiva). Sin embargo, la percepción de alimentación saludable sí marca diferencias claras. Entre quienes no creen llevar una alimentación saludable, el consumo diario alcanza el 21,6%, muy por encima del 11,7% de quienes tienen una percepción intermedia y del 9,1% de quienes consideran que su alimentación es saludable.]]></page>
<page method="xml-texts" num="64"><![CDATA[64 IX Estudio de salud Gráfico: Frecuencia de consumo de los diferentes tipos de alimentos: carne]]></page>
<page method="xml-texts" num="65"><![CDATA[IX Estudio de salud 65 En cuanto al consumo de pescado por sexo, los hombres presentan un mayor consumo varias veces a la semana (41,1%) que las mujeres (39,6%), mientras que el consumo diario es ligeramente superior entre ellas (3,5% frente a 2,2%). La edad vuelve a ser un factor determinante. El consumo frecuente (casi diario o varias veces por semana) aumenta desde el 32,3% entre los 18 y 25 años (4,9% + 27,4%) hasta el 51,8% entre los mayores de 65 años (2,3% + 49,5%), pasando por el 38,1% en el grupo de 26 a 40 años, el 41,8% en el de 41 a 55 años y el 46,9% entre los 56 y 65 años. Asimismo, los encuestados con hijos presentan un mayor consumo diario (3,3%) y varias veces a la semana (43,0%) que los que no los tienen (2,1% y 35,5%).]]></page>
<page method="xml-texts" num="66"><![CDATA[66 IX Estudio de salud Gráfico: Frecuencia de consumo de los diferentes tipos de alimentos: pescado]]></page>
<page method="xml-texts" num="67"><![CDATA[IX Estudio de salud 67 El estado de salud percibido también influye. El consumo frecuente alcanza el 45,1% entre quienes tienen una percepción positiva de su salud (3,3% casi todos los días y 41,8% varias veces a la semana), frente al 40,8% en salud media (1,3% casi todos los días y 39,5% varias veces a la semana) y al 31,8% en salud negativa (2,2% casi todos los días y 29,6% varias veces a la semana). De igual forma, la percepción de alimentación saludable marca diferencias significativas. Entre quienes consideran que llevan una alimentación saludable, el consumo frecuente alcanza el 50,1% (3,0% casi todos los días y 47,1% varias veces a la semana), frente al 29,7% (2,4% casi todos los días y 27,3% varias veces a la semana), de quienes tienen una percepción intermedia y el 18,9% (2,7% casi todos los días y 16,2% varias veces a la semana), de quienes no la consideran saludable.]]></page>
<page method="xml-texts" num="68"><![CDATA[68 IX Estudio de salud Gráfico: Frecuencia de consumo de los diferentes tipos de alimentos: pescado]]></page>
<page method="xml-texts" num="69"><![CDATA[IX Estudio de salud 69 El consumo de comida “basura” es mayoritariamente ocasional, aunque presenta diferencias relevantes según el perfil del encuestado. Por sexo, los hombres muestran un mayor consumo frecuente, con un 13,3% que la consume casi todos los días o varias veces a la semana (1,8% y 11,5%), frente al 12,4% de las mujeres (2,4% y 10,0%). Sin embargo, las mujeres presentan un mayor porcentaje de no consumo (10,0% frente al 6,6% de los hombres). La edad introduce una relación inversa: a menor edad, mayor consumo. Entre los jóvenes de 18 a 25 años, el consumo frecuente alcanza el 30,4% (5,5% + 24,9%), mientras que desciende al 18,7% en el grupo de 26 a 40 años, al 12,5% entre 41 y 55 años, al 7,9% entre 56 y 65 años y al 4,9% entre los mayores de 65 años. Asimismo, el porcentaje de quienes no consumen comida basura aumenta con la edad, pasando del entorno del 3%-5% en los más jóvenes al 18,6% entre los mayores de 65 años. En cuanto a la presencia de hijos, los encuestados sin hijos presentan un mayor consumo frecuente (14,4%) que aquellos con hijos (12,0%).]]></page>
<page method="xml-texts" num="70"><![CDATA[70 IX Estudio de salud Gráfico: Frecuencia de consumo de los diferentes tipos de alimentos: comida basura]]></page>
<page method="xml-texts" num="71"><![CDATA[IX Estudio de salud 71 El estado de salud percibido también marca diferencias. El consumo frecuente alcanza el 14,8% entre quienes perciben su salud como negativa, frente al 14,3% en salud media y al 12,3% en salud positiva, mientras que el no consumo es mayor en este último grupo (8,4%). Por último, la percepción de alimentación saludable resulta determinante. Entre quienes no creen llevar una alimentación saludable, el consumo frecuente alcanza el 36,2% (8,8% + 27,4%), muy por encima del 18,8% de quienes tienen una percepción intermedia y del 8,5% de quienes consideran que su alimentación es saludable (1,5% + 7,0%).]]></page>
<page method="xml-texts" num="72"><![CDATA[72 IX Estudio de salud Gráfico: Frecuencia de consumo de los diferentes tipos de alimentos: comida basura]]></page>
<page method="xml-texts" num="73"><![CDATA[IX Estudio de salud 73 El consumo de alimentos ultra procesados sigue un patrón similar al de la comida “basura”, con mayor presencia entre los grupos más jóvenes. Por sexo, las diferencias son moderadas. Los hombres presentan un consumo frecuente del 20,7% (2,0% casi todos los días y 18,7% varias veces a la semana), frente al 21,1% de las mujeres (4,5% casi todos los días y 16,6% varias veces a la semana), aunque estas últimas registran un mayor porcentaje de no consumo (13,5% frente a un 8,4% de los hombres).]]></page>
<page method="xml-texts" num="74"><![CDATA[74 IX Estudio de salud La edad muestra una clara relación inversa. El consumo frecuente alcanza el 29,3% entre los jóvenes de 18 a 25 años (5,0% casi todos los días y 24,3% varias veces a la semana), desciende al 25,3% en el grupo de 26 a 40 años (4,2% casi todos los días y 21,1% varias veces a la semana), al 24,1% entre 41 y 55 años (3,2% casi todos los días y 20,9% varias veces a la semana), al 12,2% entre 56 y 65 años (1,9% casi todos los días y 10,3% varias veces a la semana) y al 15,1% entre los mayores de 65 años (2,7% casi todos los días y 12,4% varias veces a la semana). Asimismo, el porcentaje de quienes no consumen este tipo de productos aumenta con la edad, pasando del 3,7% en los más jóvenes al 21,6% entre los mayores de 65 años. En cuanto a la presencia de hijos, los encuestados sin hijos presentan un consumo frecuente ligeramente superior (23,4%) al de aquellos con hijos (19,6%).]]></page>
<page method="xml-texts" num="75"><![CDATA[IX Estudio de salud 75 Gráfico: Frecuencia de consumo de los diferentes tipos de alimentos: alimentos ultra procesados]]></page>
<page method="xml-texts" num="76"><![CDATA[76 IX Estudio de salud El estado de salud percibido introduce diferencias relevantes. El consumo frecuente alcanza el 27,5% entre quienes perciben su salud como negativa (5,9% y 21,6%), frente al 23,8% que consideran que tienen una salud aceptable y el 19,4% que la consideran positiva (2,6% y 16,8%). Finalmente, la percepción de alimentación saludable vuelve a ser un factor clave. Entre quienes no creen llevar una alimentación saludable, el consumo frecuente alcanza el 49,1% (10,6% y 38,5%), muy por encima del 29,3% de quienes tienen una percepción intermedia y del 15,3% de quienes consideran que su alimentación es saludable (2,0% y 13,3%).]]></page>
<page method="xml-texts" num="77"><![CDATA[IX Estudio de salud 77 Gráfico: Frecuencia de consumo de los diferentes tipos de alimentos: alimentos ultra procesados]]></page>
<page method="xml-texts" num="78"><![CDATA[78 IX Estudio de salud La información presente en las etiquetas es ampliamente consultada por los consumidores, siendo más relevante la relativa a ingredientes y composición que la información nutricional. En 2026, un 49,5% de los encuestados afirma que la consulta y que la considera muy importante en su decisión de compra, frente al 40,2% en el caso de la información nutricional. Además, ambos indicadores muestran una ligera mejora respecto a 2025, donde los valores se situaban en 47,7% y 38,3% respectivamente, lo que confirma una tendencia creciente en la atención a las etiquetas por parte de los consumidores. Por otro lado, el porcentaje de encuestados que no consulta el etiquetado de los alimentos es más reducido en ingredientes/composición (15,9%) que en información nutricional (23,4%), reforzando su mayor relevancia. Gráfico: La importancia de las etiquetas de los alimentos]]></page>
<page method="xml-texts" num="79"><![CDATA[IX Estudio de salud 79 Gráfico: La importancia de las etiquetas de los alimentos]]></page>
<page method="xml-texts" num="80"><![CDATA[80 IX Estudio de salud Gráfico: La importancia de las etiquetas de los alimentos]]></page>
<page method="xml-texts" num="81"><![CDATA[IX Estudio de salud 81 Gráfico: La importancia de las etiquetas de los alimentos Por género, las mujeres muestran una mayor sensibilidad hacia las etiquetas. El 41,6% de las mujeres considera la información nutricional muy importante, frente al 38,7% de los hombres. Esta diferencia es más notable en la información sobre ingredientes/composición, donde alcanza el 53,3% en mujeres frente al 45,4% en hombres. La edad introduce matices relevantes. La importancia de la información nutricional se mantiene estable en la mayoría de los grupos (en torno al 41%-43%), pero desciende entre los mayores de 65 años (34,5%), quienes también presentan el mayor porcentaje de no consulta (31,7%). En cambio, la información sobre ingredientes/composición alcanza sus valores más altos entre los grupos de 56 a 65 años (55,9%) y se mantiene elevada en edades intermedias (en torno al 49%-50%), mientras que es menor entre los más jóvenes (38,3% en 18-25 años).]]></page>
<page method="xml-texts" num="82"><![CDATA[82 IX Estudio de salud Gráfico: La importancia de las etiquetas de los alimentos Asimismo, haber realizado una dieta en el último año está claramente asociado a una mayor atención a este tipo de datos. El 51,6% de los que han hecho dieta considera muy importante la información nutricional y el 57,8% los ingredientes, frente al 35,4% y 46,0% de quienes no han hecho ninguna. La percepción de alimentación saludable es uno de los factores más determinantes a la hora de prestar atención a estos detalles. Entre quienes consideran que llevan una alimentación saludable, el 49,0% otorga gran importancia a la información nutricional y el 60,3% a los ingredientes/composición. Por el contrario, entre quienes no lo creen, estos valores descienden al 16,0% y 22,2% respectivamente, siendo además el grupo con mayor porcentaje de no consulta (56,2% en información nutricional).]]></page>
<page method="xml-texts" num="83"><![CDATA[IX Estudio de salud 83 Asimismo, haber realizado una dieta en el último año está claramente asociado a una mayor atención a este tipo de datos. El 51,6% de los que han hecho dieta considera muy importante la información nutricional y el 57,8% los ingredientes, frente al 35,4% y 46,0% de quienes no han hecho ninguna. La percepción de alimentación saludable es uno de los factores más determinantes a la hora de prestar atención a estos detalles. Entre quienes consideran que llevan una alimentación saludable, el 49,0% otorga gran importancia a la información nutricional y el 60,3% a los ingredientes/composición. Por el contrario, entre quienes no lo creen, estos valores descienden al 16,0% y 22,2% respectivamente, siendo además el grupo con mayor porcentaje de no consulta (56,2% en información nutricional). La presencia de hijos en casa influye en la atención a las etiquetas. Los encuestados con hijos otorgan mayor importancia tanto a la información nutricional (41,6%) como a la información sobre ingredientes/composición (52,7%), frente a quienes no tienen hijos (37,6% y 43,8% respectivamente).]]></page>
<page method="xml-texts" num="84"><![CDATA[84 IX Estudio de salud Gráfico: La importancia de las etiquetas de los alimentos]]></page>
<page method="xml-texts" num="85"><![CDATA[IX Estudio de salud 85 A nivel geográfico, no se observan grandes diferencias entre comunidades autónomas. En general, el porcentaje de encuestados que mira las etiquetas y considera importante la información nutricional, se sitúa en torno al 35%-45%, mientras que en la información sobre ingredientes/ composición los valores son sistemáticamente superiores, alcanzando niveles cercanos o superiores al 50% en muchas regiones. Destacan algunas comunidades como Canarias (56,0%), Extremadura (58,1%) o Madrid (52,3%) en ingredientes/composición, aunque sin una variabilidad significativa a nivel global.]]></page>
<page method="xml-texts" num="86"><![CDATA[86 IX Estudio de salud Gráfico: La importancia de las etiquetas de los alimentos]]></page>
<page method="xml-texts" num="87"><![CDATA[IX Estudio de salud 87 La confianza en las etiquetas se mantiene estable respecto al año anterior, aunque persisten ciertas dudas sobre su transparencia. En 2026, un 17,0% de los encuestados confía plenamente en las etiquetas, mientras que un 61,4% confía, pero con reservas, lo que indica que la mayoría mantiene una confianza condicionada. Por otro lado, un 18,5% no confía completamente y un 3,0% declara que no confía en absoluto. En cuanto a la capacidad de detectar exageraciones o distorsiones en los mensajes, el 7,9% afirma poder hacerlo siempre y un 62,7% a veces, mientras que un 23,9% lo identifica rara vez y un 5,5% nunca. En comparación con 2025, se observa un ligero descenso en la percepción de capacidad para detectar este tipo de prácticas (especialmente en la categoría “siempre”, que pasa de 10,6% a 7,9%).]]></page>
<page method="xml-texts" num="88"><![CDATA[88 IX Estudio de salud Gráfico: La importancia de las etiquetas de los alimentos]]></page>
<page method="xml-texts" num="89"><![CDATA[IX Estudio de salud 89 El nivel de confianza plena en las etiquetas presenta diferencias según el perfil del encuestado. Por sexo, los hombres muestran un mayor nivel de confianza (18,7%) que las mujeres (15,5%), mientras que, por edad, los valores son relativamente homogéneos, situándose entre el 16% y el 19%, con un ligero descenso en el grupo de 56 a 65 años (13,4%). El seguimiento de una dieta marca una diferencia clara: el 23,0% de quienes han hecho dieta confía plenamente en el etiquetado de los alimentos, frente al 14,6% de quienes no lo han hecho. También influye la situación económica. Entre quienes perciben una mejora de su nivel de vida, el porcentaje de confianza alcanza el 25,1%, frente al 15,8% entre quienes se mantienen igual y al 14,4% entre quienes han empeorado. Por situación laboral, quienes trabajan muestran una mayor confianza en el etiquetado de los alimentos (18,9%) que quienes no trabajan (14,6%). Finalmente, la percepción de alimentación saludable vuelve a ser clave: el 19,9% de quienes consideran que llevan una alimentación saludable confía plenamente en las etiquetas, frente al 9,1% entre quienes tienen una percepción intermedia y el 15,1% entre quienes no la consideran saludable.]]></page>
<page method="xml-texts" num="90"><![CDATA[90 IX Estudio de salud Gráfico: Grado de confianza en las etiquetas de los alimentos]]></page>
<page method="xml-texts" num="91"><![CDATA[IX Estudio de salud 91 La capacidad de los consumidores para identificar exageraciones o distorsiones en los beneficios de los productos continúa siendo limitada y claramente minoritaria. En todos los segmentos analizados, el porcentaje de encuestados que afirma poder detectar este tipo de prácticas “siempre” se mantiene en niveles reducidos, lo que refleja una cierta dificultad generalizada para interpretar de forma crítica la información comercial presente en las etiquetas. No obstante, se observan diferencias relevantes según el perfil. Los hombres presentan una mayor percepción de capacidad que las mujeres (9,4% frente a 6,5%), lo que apunta a una ligera brecha de confianza en este ámbito.]]></page>
<page method="xml-texts" num="92"><![CDATA[92 IX Estudio de salud La edad introduce una tendencia clara: los niveles más elevados se concentran entre los más jóvenes, con un 11,4% en el grupo de 18 a 25 años, y descienden a medida que aumenta la edad, alcanzando mínimos en los grupos de 56 a 65 años (4,7%) y mayores de 65 años (5,2%). Asimismo, la experiencia previa en el control de la alimentación influye de forma significativa. Entre quienes han realizado una dieta, el porcentaje que afirma poder identificar siempre estas exageraciones se eleva hasta el 10,5%, frente al 6,8% de quienes no lo han hecho. También la percepción de la situación económica parece estar relacionada con esta capacidad: quienes consideran que su situación ha mejorado alcanzan un 11,3%, frente al 6,3% de quienes perciben estabilidad. Por último, la percepción del propio peso es uno de los factores más diferenciales. Los encuestados que se consideran por debajo de su peso muestran una capacidad muy superior para detectar exageraciones sobre los beneficios de un producto(18,5%), muy por encima de quienes se perciben en su peso (6,0%) o por encima de él (6,1%). Gráfico: ¿En qué medida se pueden identificar posibles exageraciones o distorsiones sobre los beneficios de un producto?]]></page>
<page method="xml-texts" num="93"><![CDATA[IX Estudio de salud 93 La edad introduce una tendencia clara: los niveles más elevados se concentran entre los más jóvenes, con un 11,4% en el grupo de 18 a 25 años, y descienden a medida que aumenta la edad, alcanzando mínimos en los grupos de 56 a 65 años (4,7%) y mayores de 65 años (5,2%). Asimismo, la experiencia previa en el control de la alimentación influye de forma significativa. Entre quienes han realizado una dieta, el porcentaje que afirma poder identificar siempre estas exageraciones se eleva hasta el 10,5%, frente al 6,8% de quienes no lo han hecho. También la percepción de la situación económica parece estar relacionada con esta capacidad: quienes consideran que su situación ha mejorado alcanzan un 11,3%, frente al 6,3% de quienes perciben estabilidad. Por último, la percepción del propio peso es uno de los factores más diferenciales. Los encuestados que se consideran por debajo de su peso muestran una capacidad muy superior para detectar exageraciones sobre los beneficios de un producto(18,5%), muy por encima de quienes se perciben en su peso (6,0%) o por encima de él (6,1%). Gráfico: ¿En qué medida se pueden identificar posibles exageraciones o distorsiones sobre los beneficios de un producto?]]></page>
<page method="xml-texts" num="94"><![CDATA[94 IX Estudio de salud El uso de herramientas de inteligencia artificial para comprender las etiquetas de los productos todavía no está generalizado, aunque ya alcanza a una proporción relevante de la población. En concreto, un 44,0% de los encuestados declara haber utilizado este tipo de herramientas en alguna ocasión, frente a un 56,0% que nunca lo ha hecho. Sin embargo, el uso intensivo sigue siendo reducido. Solo un 11,6% afirma utilizarlas habitualmente, mientras que la mayoría de los usuarios lo hace de forma ocasional (32,4%). Esto sugiere que, aunque la tecnología está presente, su integración en los hábitos de consumo aún es incipiente. La edad es el principal factor explicativo de su adopción. El uso es especialmente elevado entre los más jóvenes, alcanzando el 74,0% en el grupo de 18 a 25 años, y desciende de forma progresiva en los siguientes tramos de edad: 65,1% entre 26 y 40 años, 43,0% entre 41 y 55 años, 32,7% entre 56 y 65 años y apenas 20,0% entre los mayores de 65 años. Esta evolución evidencia una clara brecha generacional en el uso de herramientas digitales aplicadas al consumo. Gráfico: Uso de la inteligencia artificial para entender las etiquetas]]></page>
<page method="xml-texts" num="95"><![CDATA[IX Estudio de salud 95 Gráfico: Uso de la inteligencia artificial para entender las etiquetas]]></page>
<page method="xml-texts" num="96"><![CDATA[96 IX Estudio de salud Más allá de la edad, el uso de inteligencia artificial también varía en función de otros factores sociodemográficos y de comportamiento. Por sexo, los hombres presentan una mayor penetración (46,8%) que las mujeres (41,4%), aunque la diferencia es moderada. La relación con la percepción del propio peso es especialmente significativa. Entre quienes se consideran por debajo de su peso, el uso alcanza el 61,6%, muy por encima del 46,2% registrado entre quienes se perciben en su peso y del 36,1% entre quienes se consideran por encima. La experiencia en el seguimiento de dietas vuelve a marcar una diferencia clara. El 63,3% de quienes han seguido una dieta han utilizado herramientas de inteligencia artificial, frente a solo el 36,0% de quienes no lo han hecho, lo que sugiere una mayor proactividad en la búsqueda de información entre los primeros. Asimismo, el nivel educativo actúa como un factor clave en el uso de la IA para comprender el etiquetado de los alimentos: su utilización aumenta desde el 28,3% entre quienes tienen estudios básicos hasta el 48,1% entre quienes cuentan con estudios superiores, pasando por el 42,6% en niveles intermedios. Por último, la situación laboral también influye de forma notable. Las personas que trabajan presentan un nivel de uso del 54,5%, claramente superior al 30,2% registrado entre quienes no trabajan. Gráfico: Uso de la inteligencia artificial para entender las etiquetas]]></page>
<page method="xml-texts" num="97"><![CDATA[IX Estudio de salud 97 Gráfico: Uso de la inteligencia artificial para entender las etiquetas]]></page>
<page method="xml-texts" num="98"><![CDATA[98 IX Estudio de salud La confianza en los alimentos que se anuncian como “light” o saludables se mantiene en niveles moderados y prácticamente estables respecto al año anterior. En 2026, el 36,7% de los encuestados declara confiar en este tipo de productos, mientras que un 63,3% manifiesta desconfianza. A pesar de esta limitada confianza, la preferencia por estos productos es mayor. Un 46,8% afirma preferir alimentos que se anuncian como light o saludables frente a otros en los que no se indica esta característica, aunque este porcentaje muestra un ligero descenso respecto a 2025 (48,1%). Esta aparente contradicción sugiere que, aunque existe cierto escepticismo, estos productos siguen teniendo un posicionamiento atractivo en la decisión de compra. Gráfico: Alimentos light / saludables]]></page>
<page method="xml-texts" num="99"><![CDATA[IX Estudio de salud 99 Gráfico: Alimentos light / saludables]]></page>
<page method="xml-texts" num="100"><![CDATA[100 IX Estudio de salud El nivel de confianza en los alimentos light o saludables varía significativamente según el perfil del consumidor. Por sexo, los hombres presentan una mayor confianza (40,4%) que las mujeres (33,3%), lo que marca una diferencia relevante en la percepción de este tipo de productos. La edad muestra una tendencia clara: la confianza es mayor entre los más jóvenes (44,1% en 18-25 años y 42,0% en 26-40 años) y disminuye a medida que aumenta la edad, situándose en niveles más bajos en los grupos de 56 a 65 años (28,9%) y mayores de 65 años (32,3%). La experiencia en dietas vuelve a ser un factor determinante. Entre quienes han seguido una dieta, la confianza alcanza el 45,8%, frente al 33,0% entre quienes no lo han hecho. El nivel educativo también influye, observándose un incremento progresivo desde el 28,0% en niveles formativos bajos hasta el 38,8% en estudios superiores. Por situación laboral, quienes trabajan presentan mayores niveles de confianza (40,2%) que quienes no trabajan (32,1%). Finalmente, la percepción de alimentación saludable vuelve a marcar diferencias, aunque más moderadas. Los encuestados que consideran que llevan una alimentación saludable alcanzan un 38,6% de confianza, frente al 32,3% en percepciones intermedias y al 33,4% entre quienes no lo consideran así.]]></page>
<page method="xml-texts" num="101"><![CDATA[IX Estudio de salud 101 Gráfico: Grado de confianza en los alimentos que se anuncian como light o saludables]]></page>
<page method="xml-texts" num="102"><![CDATA[102 IX Estudio de salud La preferencia por alimentos que se anuncian como light o saludables está claramente influida por variables sociodemográficas y hábitos relacionados con la alimentación. Por sexo, los hombres presentan una mayor inclinación hacia estos productos (47,9%) que las mujeres (45,8%), aunque la diferencia es moderada. La edad es uno de los factores más determinantes. La preferencia es especialmente elevada entre los menores de 40 años, con un 54,9% en el grupo de 18 a 25 años y un 53,4% entre los 26 y 40 años. A partir de esta edad, la preferencia disminuye, situándose en torno al 40% en los grupos de mayor edad. La presencia de hijos en casa también influye, ya que quienes tienen hijos muestran una mayor preferencia por los productos light (49,1%) frente a quienes no los tienen (42,8%). Por situación laboral, las personas que trabajan presentan niveles más altos (50,1%) que quienes no trabajan (42,6%). No obstante, el factor más determinante vuelve a ser la experiencia en el seguimiento de dietas. Entre quienes han hecho dieta, la preferencia alcanza el 59,7%, muy por encima del 42,9% registrado entre quienes no lo han hecho. Finalmente, la percepción de llevar una alimentación saludable refuerza esta tendencia. El 50,2% de quienes consideran que su dieta es saludable prefieren este tipo de productos, frente al 39,8% en percepciones intermedias y al 36,7% entre quienes no lo consideran así.]]></page>
<page method="xml-texts" num="103"><![CDATA[IX Estudio de salud 103 La preferencia por alimentos que se anuncian como light o saludables está claramente influida por variables sociodemográficas y hábitos relacionados con la alimentación. Por sexo, los hombres presentan una mayor inclinación hacia estos productos (47,9%) que las mujeres (45,8%), aunque la diferencia es moderada. La edad es uno de los factores más determinantes. La preferencia es especialmente elevada entre los menores de 40 años, con un 54,9% en el grupo de 18 a 25 años y un 53,4% entre los 26 y 40 años. A partir de esta edad, la preferencia disminuye, situándose en torno al 40% en los grupos de mayor edad. La presencia de hijos en casa también influye, ya que quienes tienen hijos muestran una mayor preferencia por los productos light (49,1%) frente a quienes no los tienen (42,8%). Por situación laboral, las personas que trabajan presentan niveles más altos (50,1%) que quienes no trabajan (42,6%). No obstante, el factor más determinante vuelve a ser la experiencia en el seguimiento de dietas. Entre quienes han hecho dieta, la preferencia alcanza el 59,7%, muy por encima del 42,9% registrado entre quienes no lo han hecho. Finalmente, la percepción de llevar una alimentación saludable refuerza esta tendencia. El 50,2% de quienes consideran que su dieta es saludable prefieren este tipo de productos, frente al 39,8% en percepciones intermedias y al 36,7% entre quienes no lo consideran así.]]></page>
<page method="xml-texts" num="104"><![CDATA[104 IX Estudio de salud Gráfico: ¿Prefiere alimentos que se anuncian como light o saludables antes que otros en los que no se indique?]]></page>
<page method="xml-texts" num="105"><![CDATA[IX Estudio de salud 105 Los principales alimentos que los consumidores evitan comprar siguen siendo aquellos que contienen aditivos, conservantes, aceite de palma o son ultra procesados, con un 65,1%. A continuación, se sitúan los alimentos calóricos y/o con mucho azúcar, con un 58,2%. A mayor distancia aparecen los alimentos cuya producción tiene un impacto negativo en el medioambiente (26,0%), seguidos de los que producen intolerancia o malestar, como el gluten o los frutos secos (18,6%), y los productos con lactosa (12,5%). Por su parte, un 12,3% declara no evitar comprar ningún alimento.]]></page>
<page method="xml-texts" num="106"><![CDATA[106 IX Estudio de salud En comparación con años anteriores, el rechazo a los alimentos ultra procesados se sitúa en niveles similares a 2023 y 2022, aunque por debajo de 2021. Los alimentos calóricos descienden ligeramente respecto a años anteriores. En cambio, el descarte de los alimentos que provocan intolerancias alimentarias muestra una evolución al alza respecto a 2021, mientras que el porcentaje de quienes no evitan ningún alimento desciende respecto a 2024. Gráfico: Alimentos que los consumidores evitan comprar]]></page>
<page method="xml-texts" num="107"><![CDATA[IX Estudio de salud 107 Gráfico: Alimentos que los consumidores evitan comprar Se observan diferencias relevantes por edad. Evitar comprar alimentos ultra procesados aumenta con la edad, pasando del 46,6% entre los jóvenes de 18 a 25 años y el 54,3% entre los de 26 a 40 años, hasta el 76,7% en el grupo de 56 a 65 años y el 77,3% entre los mayores de 65 años. Esta misma tendencia se observa en los alimentos calóricos, donde los valores pasan del 47,0% en los más jóvenes al 68,1% entre los de 56 a 65 años y al 66,0% en los mayores. También destacan diferencias en función de la presencia de hijos en casa. Quienes conviven con hijos presentan mayores niveles de rechazo a la compra tanto de alimentos ultra procesados (68,5% frente a 59,0%) como de alimentos calóricos (61,0% frente a 53,1%). Asimismo, quienes han realizado dieta muestran un mayor rechazo en la mayoría de las categorías, especialmente en los alimentos calóricos (63,5% frente a 56,0%) y en los alimentos relacionados con intolerancias (24,4% frente a 16,1%). Es más frecuente no evitar comprar ningún tipo de alimento entre quienes no tienen hijos (15,8%) que entre quienes sí tienen (10,3%), así como entre quienes no han realizado dieta (14,6%) frente a quienes sí lo han hecho (6,6%). Al analizar los perfiles por sexo, apenas se observan diferencias en el rechazo a la compra de alimentos ultra procesados (65,0% en hombres y 65,2% en mujeres) o calóricos (58,7% frente a 57,7%), aunque las mujeres destacan en la evitación de alimentos con lactosa (14,9% frente a 10,0%) y de aquellos que producen intolerancias o malestar (20,3% frente a 16,7%).]]></page>
<page method="xml-texts" num="108"><![CDATA[108 IX Estudio de salud Gráfico: Alimentos que se evita comprar El porcentaje de personas que ha realizado alguna dieta en los últimos 12 meses se sitúa en el 29,4% en 2026, sin grandes cambios con respecto al 30,9% de 2025 y el 27,0% de 2024. En años anteriores, el porcentaje era del 27,9% en 2023, del 21,6% en 2022 y del 22,6% en 2021. En consecuencia, el 70,6% declara no haber realizado ninguna dieta en 2026, frente al 69,1% en 2025 y el 73,0% en 2024. Gráfico: Las dietas en los últimos 12 meses]]></page>
<page method="xml-texts" num="109"><![CDATA[IX Estudio de salud 109 El porcentaje de personas que ha realizado alguna dieta en los últimos 12 meses se sitúa en el 29,4% en 2026, sin grandes cambios con respecto al 30,9% de 2025 y el 27,0% de 2024. En años anteriores, el porcentaje era del 27,9% en 2023, del 21,6% en 2022 y del 22,6% en 2021. En consecuencia, el 70,6% declara no haber realizado ninguna dieta en 2026, frente al 69,1% en 2025 y el 73,0% en 2024. Gráfico: Las dietas en los últimos 12 meses Por perfiles, las dietas son más frecuentes entre las mujeres (31,7%) que entre los hombres (26,9%). También se observan diferencias por edad, alcanzando el valor más elevado entre los 26 y los 40 años (38,4%), seguido de los jóvenes de 18 a 25 años (34,2%). A partir de los 41 años, los porcentajes descienden, situándose en el 28,6% entre los 41 y 55 años, el 25,8% entre los 56 y 65 años y el 22,2% entre los mayores de 65 años.]]></page>
<page method="xml-texts" num="110"><![CDATA[110 IX Estudio de salud En función de la situación laboral, el 32,5% de quienes trabajan ha realizado dieta, frente al 25,3% de quienes no trabajan. Además, el teletrabajo se asocia a una mayor incidencia en el seguimiento de dietas, con un 45,4% entre quienes han teletrabajado en modalidad mixta y un 42,5% entre quienes lo han hecho de forma habitual, frente al 23,3% de quienes no han teletrabajado. Gráfico: Las dietas en los últimos 12 meses]]></page>
<page method="xml-texts" num="111"><![CDATA[IX Estudio de salud 111 También se observan diferencias en función de la situación económica. Entre quienes consideran que su situación ha mejorado, el 35,3% ha realizado dieta, frente al 28,3% de quienes indican que sigue igual y el 28,0% de quienes consideran que ha empeorado. Por percepción del peso, los porcentajes más elevados se registran entre quienes se consideran por encima de su peso (34,4%), seguidos de quienes se sitúan por debajo (31,4%), mientras que entre quienes consideran que están en su peso el porcentaje desciende al 23,5%. Asimismo, las dietas son más frecuentes entre quienes se declaran insatisfechos con su aspecto físico (36,7%) que entre quienes se muestran satisfechos (28,0%). En función de la presencia de hijos, el 31,3% de quienes tienen hijos ha realizado dieta, frente al 26,1% de quienes no tienen.]]></page>
<page method="xml-texts" num="112"><![CDATA[112 IX Estudio de salud Gráfico: Las dietas en los últimos 12 meses Por comunidades autónomas, los valores más elevados se registran en Murcia (42,0%), Comunidad Valenciana (37,0%) y Baleares (38,0%). También destacan Navarra y Extremadura, ambas con un 34,0%. En niveles intermedios se sitúan Castilla-La Mancha (30,6%), Castilla y León (30,0%) y País Vasco (30,0%), junto con Andalucía (29,7%) y Galicia (28,5%). Por el contrario, los valores más bajos se registran en Aragón (18,0%), La Rioja (21,9%), Asturias (22,0%) y Cantabria (24,3%). Madrid se sitúa en el 26,1%, Cataluña en el 25,7% y Canarias en el 28,0%.]]></page>
<page method="xml-texts" num="113"><![CDATA[IX Estudio de salud 113 Gráfico: Las dietas en los últimos 12 meses]]></page>
<page method="xml-texts" num="114"><![CDATA[114 IX Estudio de salud Los principales motivos para realizar una dieta son mejorar la alimentación y la salud en general, mencionado por un 59,9% de los encuestados, y mantener o reducir el peso o la figura, con un 59,3%. A continuación, se sitúan los motivos de salud, con un 37,8%, seguidos de la concienciación medioambiental o el respeto a los animales (12,0%) y las cuestiones económicas (10,3%). Otros motivos menos frecuentes son la influencia externa (7,6%) y otras razones (1,9%). En comparación con el año anterior, aumenta el porcentaje de quienes realizan dieta para mejorar su alimentación y salud (59,9% frente a 49,3% en 2025), mientras que se mantiene estable el motivo de mantener o reducir el peso (59,3% frente a 59,1%). En cuanto al tipo de dieta, la más mencionada es la dieta Keto, con un 22,9%, seguida de la disociada (18,9%). A continuación, se sitúan la dieta con Ozempic o complementos saciantes similares (14,3%) y la dieta Fasting (12,3%). A mayor distancia aparecen el ayuno intermitente (6,3%) y las dietas hipocalóricas o de control de calorías (4,5%).]]></page>
<page method="xml-texts" num="115"><![CDATA[IX Estudio de salud 115 Gráfico: Las dietas en los últimos 12 meses: motivos y tipo]]></page>
<page method="xml-texts" num="116"><![CDATA[116 IX Estudio de salud El porcentaje de encuestados que recurriría a medicamentos tipo Ozempic para perder peso se sitúa en el 16,5% en 2026, frente al 18,7% registrado en 2025. Por el contrario, el 83,5% declara que no recurriría a este tipo de medicamentos, frente al 81,3% del año anterior. La predisposición a utilizar este tipo de medicamentos es mayor entre quienes se muestran insatisfechos con su aspecto físico (30,6%) frente a quienes están satisfechos (13,8%). Por edad, los valores más elevados se registran entre los 41 y 55 años (21,5%) y los jóvenes de 18 a 25 años (21,2%), mientras que descienden en los grupos de mayor edad, situándose en el 13,7% entre los 56 y 65 años y en el 7,0% entre los mayores de 65 años. Gráfico: Medicamentos tipo Ozempic para perder peso]]></page>
<page method="xml-texts" num="117"><![CDATA[IX Estudio de salud 117 Gráfico: Medicamentos tipo Ozempic para perder peso Asimismo, el porcentaje es significativamente mayor entre quienes han realizado dieta (33,1%) que entre quienes no lo han hecho (9,6%). En función de la presencia de hijos, el 19,4% de quienes tienen hijos recurriría a estos medicamentos, frente al 11,3% de quienes no tienen. Según la situación laboral, el 20,2% de quienes trabajan recurriría a ellos, frente al 11,6% de quienes no trabajan. Por percepción de la alimentación, el porcentaje asciende al 29,0% entre quienes no creen llevar una alimentación saludable, frente al 17,4% entre quienes consideran que su alimentación es ni saludable ni no saludable y al 14,9% entre quienes creen llevar una alimentación saludable.]]></page>
<page method="xml-texts" num="118"><![CDATA[118 IX Estudio de salud Gráfico: Medicamentos tipo Ozempic para perder peso]]></page>
<page method="xml-texts" num="119"><![CDATA[IX Estudio de salud 119 Gráfico: Las dietas en los últimos 12 meses: seguimiento por parte de un profesional El seguimiento por parte de un profesional de las dietas realizadas se mantiene cercano al 50%. Se sitúa en el 48,5% en 2026, frente al 49,4% en 2025 y al 50,2% en 2024. En años anteriores, el seguimiento se situaba en el 43,0% en 2023, el 45,1% en 2022 y el 38,7% en 2021. Por su parte, el 51,5% no realiza seguimiento profesional, frente al 50,6% en 2025.]]></page>
<page method="xml-texts" num="120"><![CDATA[120 IX Estudio de salud El médico de cabecera es el canal que presenta un mayor nivel de credibilidad, con un 44,6% de menciones en primer lugar, seguido de un 31,5% en segunda posición y un 11,6% en tercera. Los profesionales del sector también destacan como uno de los canales más creíbles, con un 36,8% en primera mención, un 35,0% en segunda y un 15,6% en tercera. En el caso de amigos y familiares, el peso se concentra en posiciones intermedias, con un 42,8% en tercera posición y un 20,5% en cuarta, mientras que solo un 9,1% los sitúa como primera opción. Las redes sociales y medios de comunicación presentan una menor credibilidad, con un 2,4% en primera mención y un 8,9% en segunda, concentrándose principalmente en posiciones más bajas (44,8% en cuarta y 22,2% en quinta). Por su parte, los personajes famosos o influencers presentan los niveles más bajos de credibilidad, con un 6,2% en primera mención y un 7,0% en segunda, mientras que más de la mitad los sitúa en última posición (52,7%).]]></page>
<page method="xml-texts" num="121"><![CDATA[IX Estudio de salud 121 Gráfico: Las dietas en los últimos 12 meses: canales de recomendación más creíbles]]></page>
<page method="xml-texts" num="122"><![CDATA[122 IX Estudio de salud Gráfico: Las dietas en los últimos 12 meses: canales de recomendación más creíbles]]></page>
<page method="xml-texts" num="123"><![CDATA[IX Estudio de salud 123 El porcentaje de encuestados que ha seguido alguna moda de alimentación por considerarla beneficiosa se sitúa en el 16,9% en 2026, frente al 16,1% en 2025. Por el contrario, el 83,1% declara no haber seguido ninguna moda, frente al 83,9% del año anterior. Entre quienes han seguido alguna moda, el cambio en su salud más mencionado es la pérdida de peso, con un 39,8%, seguido del aumento de energía (28,8%) y la mejora de la digestión (26,6%). También un 24,3% afirma haber notado una mejora en su salud general. Por el contrario, un 17,1% declara no haber notado ningún cambio.]]></page>
<page method="xml-texts" num="124"><![CDATA[124 IX Estudio de salud Gráfico: Modas de alimentación y cambios en la salud El porcentaje de personas que ha seguido alguna moda de alimentación por creer que es beneficiosa para su salud es mayor entre las mujeres (18,2%) que entre los hombres (15,5%). Por edad, los valores más elevados se registran entre los jóvenes de 18 a 25 años (26,8%) y los de 26 a 40 años (22,1%), mientras que descienden a partir de los 41 años (17,7%) y especialmente en los grupos de mayor edad, con un 12,5% entre los 56 y 65 años y un 9,7% entre los mayores de 65 años.]]></page>
<page method="xml-texts" num="125"><![CDATA[IX Estudio de salud 125 Asimismo, el porcentaje es significativamente mayor entre quienes han realizado dieta (34,7%) que entre quienes no lo han hecho (9,5%). En función de la situación laboral, el 20,2% de quienes trabajan ha seguido alguna moda, frente al 11,6% de quienes no trabajan. Por percepción de la alimentación, el porcentaje asciende al 29,0% entre quienes no creen llevar una alimentación saludable, frente al 17,7% entre quienes consideran que su alimentación es intermedia y al 14,9% entre quienes creen llevar una alimentación saludable.]]></page>
<page method="xml-texts" num="126"><![CDATA[126 IX Estudio de salud Gráfico: ¿Ha seguido alguna moda de alimentación por creer que es beneficiosa?]]></page>
<page method="xml-texts" num="127"><![CDATA[IX Estudio de salud 127 La utilización de la inteligencia artificial para planificar menús o dietas sigue siendo reducida. En concreto, un 5,8% afirma utilizarla de forma habitual y un 21,8% de forma ocasional, lo que sitúa el total de uso en el 27,6%. Por el contrario, un 30,4% indica que no la utiliza, aunque le gustaría hacerlo, mientras que un 42,1% declara que no la utiliza y no le interesa. En cuanto a la predisposición a realizar una dieta personalizada diseñada por inteligencia artificial, el 25,0% afirma que lo haría siempre que estuviera supervisada por un profesional sanitario y un 20,5% lo haría incluso sin esa supervisión, lo que sitúa el total en un 45,5%. Por el contrario, un 39,1% indica que no lo haría y un 15,4% no lo sabe.]]></page>
<page method="xml-texts" num="128"><![CDATA[128 IX Estudio de salud En comparación con los influencers, el 11,4% considera que la inteligencia artificial puede ofrecer información sobre dietas mucho más fiable, mientras que un 30,6% cree que es algo más fiable, lo que suma un 42,0% que la considera más fiable. Por su parte, un 31,8% considera que es igual de fiable, mientras que un 16,5% cree que es algo menos fiable y un 9,7% mucho menos fiable. En relación con la confianza en recomendaciones nutricionales generadas por inteligencia artificial, un 9,5% afirma confiar totalmente y un 49,0% bastante, lo que suma un 58,5% que confiaría en este tipo de recomendaciones. Por el contrario, un 26,3% confía poco y un 15,2% nada. Gráfico: Inteligencia artificial y alimentación]]></page>
<page method="xml-texts" num="129"><![CDATA[IX Estudio de salud 129 Gráfico: Inteligencia artificial y alimentación]]></page>
<page method="xml-texts" num="130"><![CDATA[130 IX Estudio de salud Gráfico: Inteligencia artificial y alimentación Por perfiles, el uso de inteligencia artificial para planificar menús o dietas es similar entre hombres (28,6%) y mujeres (26,6%). Por edad, los valores más elevados se registran entre los jóvenes de 18 a 25 años (52,1%) y los de 26 a 40 años (48,0%), mientras que descienden en los grupos de mayor edad, situándose en el 26,4% entre los 41 y 55 años, el 11,1% entre los 56 y 65 años y el 10,0% entre los mayores de 65 años. Asimismo, el uso es significativamente mayor entre quienes han realizado dieta (49,9%) que entre quienes no lo han hecho (18,3%).]]></page>
<page method="xml-texts" num="131"><![CDATA[IX Estudio de salud 131 Por nivel de estudios, el uso aumenta desde el 15,4% entre quienes tienen estudios primarios o inferiores, hasta el 25,6% en estudios secundarios y el 31,6% en estudios superiores. En función de la situación laboral, el 35,3% de quienes trabajan utiliza este tipo de herramientas, frente al 17,3% de quienes no trabajan. Por percepción de la alimentación, el porcentaje es mayor entre quienes creen llevar una alimentación saludable (30,6%), seguido de quienes se sitúan en un nivel intermedio (21,2%), y menor entre quienes consideran que no llevan una alimentación saludable (18,6%).]]></page>
<page method="xml-texts" num="132"><![CDATA[132 IX Estudio de salud Gráfico: ¿Ha utilizado la IA para planificar menús o dietas?]]></page>
<page method="xml-texts" num="133"><![CDATA[IX Estudio de salud 133 En cuanto a la predisposición a realizar una dieta diseñada por inteligencia artificial, esta es mayor entre los hombres (49,0%) que entre las mujeres (42,2%). Por edad, los valores más elevados se registran entre los jóvenes de 18 a 25 años (60,4%) y los de 26 a 40 años (58,7%), descendiendo a medida que aumenta la edad hasta situarse en el 34,8% entre los 56 y 65 años y en el 30,9% entre los mayores de 65 años. Asimismo, el porcentaje es notablemente mayor entre quienes han realizado dieta (63,2%) que entre quienes no lo han hecho (38,1%). Por nivel de estudios, aumenta desde el 28,1% en niveles bajos hasta el 45,2% en secundarios y el 48,5% en superiores. En función de la situación laboral, el 53,1% de quienes trabajan realizaría este tipo de dieta, frente al 35,4% de quienes no trabajan. Por evolución de la situación económica, el porcentaje alcanza el 52,5% entre quienes consideran que ha mejorado, frente al 43,6% entre quienes indican que sigue igual y el 44,8% entre quienes consideran que ha empeorado.]]></page>
<page method="xml-texts" num="134"><![CDATA[134 IX Estudio de salud Gráfico: ¿Realizaría alguna dieta personalizada diseñada por la IA?]]></page>
<page method="xml-texts" num="135"><![CDATA[IX Estudio de salud 135 La fiabilidad que puede ofrecer la IA sobre los influencers es mayor entre los hombres (47,1%) que entre las mujeres (37,2%). Por edad, los valores más elevados se registran entre los jóvenes de 18 a 25 años (56,2%) y los de 26 a 40 años (51,4%), descendiendo hasta el 27,7% entre los mayores de 65 años. Asimismo, el porcentaje es mayor entre quienes han realizado dieta (57,6%) que entre quienes no lo han hecho (35,5%). Por nivel de estudios, aumenta desde el 28,0% en niveles de educación primaria hasta el 39,9% en secundaria y el 46,5% en educación superior. En función de la situación laboral, el 47,5% de quienes trabajan considera fiable la inteligencia artificial, frente al 34,7% de quienes no trabajan. Por evolución de la situación económica, el porcentaje de personas que confían en los consejos de la IA sobre dieta frente al de los influencers, alcanza el 54,2% entre quienes consideran que ha mejorado, frente al 38,6% entre quienes indican que sigue igual y el 41,1% entre quienes consideran que ha empeorado.]]></page>
<page method="xml-texts" num="136"><![CDATA[136 IX Estudio de salud Gráfico: Con respecto a los influencers, ¿la IA ofrece información sobre dietas más o menos fiable?]]></page>
<page method="xml-texts" num="137"><![CDATA[IX Estudio de salud 137 Por último, en relación con la confianza en recomendaciones nutricionales generadas por inteligencia artificial, los niveles son más elevados entre los hombres (60,4%) que entre las mujeres (56,8%). Por edad, destacan los jóvenes de 18 a 25 años (74,7%) y los de 26 a 40 años (69,1%), mientras que el porcentaje desciende hasta situarse en el 42,0% entre los mayores de 65 años. Asimismo, la confianza es mayor entre quienes han hecho dieta (70,4%) que entre quienes no la han hecho (53,6%). Por nivel de estudios, la confianza aumenta desde el 39,2% en niveles bajos hasta el 58,3% en secundarios y el 61,8% en superiores. En función de la situación laboral, el 64,9% de quienes trabajan confiaría en estas recomendaciones, frente al 50,1% de quienes no trabajan. Por evolución de la situación económica, el porcentaje de personas que confían en las recomendaciones nutricionales de la IA alcanza el 71,3% entre quienes consideran que ha mejorado, frente al 56,3% entre quienes indican que su situación económica es estable y el 54,9% entre quienes consideran que ha empeorado.]]></page>
<page method="xml-texts" num="138"><![CDATA[138 IX Estudio de salud Gráfico: ¿Confiaría en recomendaciones nutricionales de la IA? Gráfico: ¿Crees que no tienes el control sobre cuánto comes?]]></page>
<page method="xml-texts" num="139"><![CDATA[IX Estudio de salud 139 Gráfico: ¿Crees que no tienes el control sobre cuánto comes? El porcentaje de encuestados que considera que no tiene el control sobre cuánto come se sitúa en el 37,2% en 2026, descendiendo respecto a 2025 (39,3%), 2024 (40,0%) y 2023 (39,4%). Por el contrario, un 62,8% afirma que sí tiene control sobre su alimentación, frente al 60,7% en 2025, el 60,0% en 2024 y el 60,6% en 2023.]]></page>
<page method="xml-texts" num="140"><![CDATA[140 IX Estudio de salud Por perfiles, la percepción de falta de control sobre cuánto se come es mayor entre los hombres (40,3%) que entre las mujeres (34,2%). Por edad, los valores más elevados se registran entre las personas de 41 a 55 años (40,3%) y entre los jóvenes de 18 a 25 años (39,8%), seguidos de los de 26 a 40 años (36,2%). Los porcentajes descienden en los grupos de mayor edad, situándose en el 35,3% entre los 56 y 65 años y en el 34,4% entre los mayores de 65 años. En función del nivel de estudios, la percepción de falta de control es mayor entre quienes tienen estudios primarios o inferiores (46,6%), seguida de quienes tienen estudios secundarios (39,7%) y desciende entre quienes cuentan con estudios superiores (32,9%). Asimismo, el porcentaje es más elevado entre quienes han hecho dieta (41,5%) que entre quienes no la han hecho (35,4%). Por percepción de la alimentación, alcanza el 48,9% entre quienes consideran que no llevan una alimentación saludable, frente al 39,0% entre quienes se sitúan en un punto intermedio y el 35,4% entre quienes creen llevar una alimentación saludable. Finalmente, también es mayor entre quienes han tenido estrés en alguna ocasión (39,4%) que entre quienes no lo han sufrido (28,7%).]]></page>
<page method="xml-texts" num="141"><![CDATA[IX Estudio de salud 141 Gráfico: ¿Crees que no tienes el control sobre cuánto comes?]]></page>
<page method="xml-texts" num="142"><![CDATA[142 IX Estudio de salud El porcentaje de encuestados que evita algún tipo de alimento se sitúa en el 42,5% en 2026, ligeramente por encima de 2025 (41,8%) y en línea con 2024 (42,1%) y 2023 (43,0%), aunque por debajo de 2021 (44,2%). Dentro de este grupo, un 14,4% declara tener alguna intolerancia o alergia, mientras que un 28,1% evita algunos alimentos pese a no tener intolerancias diagnosticadas. Por el contrario, un 57,5% afirma no tener intolerancias ni evitar alimentos. La evolución muestra una ligera tendencia al alza en el porcentaje de personas que declaran sufrir intolerancias a ciertos alimentos, pasando del 10,2% en 2021 al 14,4% en 2026.]]></page>
<page method="xml-texts" num="143"><![CDATA[IX Estudio de salud 143 Gráfico: Intolerancias y alergias Por perfiles, el porcentaje de personas que evita consumir ciertos alimentos es mayor entre las mujeres (45,6% sumando intolerancias y evitación) que entre los hombres (39,3%). En concreto, presentan intolerancias un 17,2% de las mujeres frente a un 11,5% de los hombres.]]></page>
<page method="xml-texts" num="144"><![CDATA[144 IX Estudio de salud Por edad, las intolerancias son más frecuentes entre los jóvenes de 18 a 25 años (21,8%) y de 26 a 40 años (19,8%), descendiendo a medida que aumenta la edad hasta el 8,6% entre los 56 y 65 años y el 7,7% entre los mayores de 65 años. En función del estado de salud percibido, el porcentaje de intolerancias alcanza el 18,2% entre quienes valoran su salud de forma negativa, frente al 15,3% entre quienes la valoran de forma neutra y el 13,7% entre quienes la valoran positivamente. Por comunidades autónomas, destacan valores elevados en Cantabria (29,7%), Aragón (17,9%), Canarias (17,3%) o Galicia (17,3%), mientras que los valores más bajos se observan en Asturias (8,0%), La Rioja (8,0%) o Madrid (8,5%).]]></page>
<page method="xml-texts" num="145"><![CDATA[IX Estudio de salud 145 Gráfico: Intolerancias y alergias]]></page>
<page method="xml-texts" num="146"><![CDATA[146 IX Estudio de salud Gráfico: Intolerancias y alergias Entre el total de personas que evita consumir algún alimento, los más mencionados son “otros” (36,5%), la leche y los lácteos (22,0%) y el marisco (21,8%). A continuación, se sitúan los cereales (14,8%), los frutos secos (10,5%) y el pescado (10,0%). En menor medida aparecen la fruta (8,1%), la verdura (6,7%), las legumbres (6,7%) y el huevo (4,9%).]]></page>
<page method="xml-texts" num="147"><![CDATA[IX Estudio de salud 147 Entre las personas con intolerancias, los alimentos más evitados son la leche y los lácteos (36,3%), seguidos de los frutos secos (21,1%), el marisco (17,6%) y la fruta (16,9%). También destacan los cereales (15,3%) y el pescado (11,0%), mientras que en menor medida aparecen la verdura (10,7%), el huevo (8,8%) y las legumbres (7,9%). Entre quienes no tienen intolerancias, el principal grupo vuelve a ser “otros” (43,6%), seguido del marisco (23,5%) y la leche y los lácteos (16,3%). A continuación, se sitúan los cereales (14,6%) y el pescado (9,6%), mientras que el resto de los alimentos presentan porcentajes inferiores, como los frutos secos (6,2%), las legumbres (6,2%), la verdura (5,1%), la fruta (4,5%) y el huevo (3,3%).]]></page>
<page method="xml-texts" num="148"><![CDATA[148 IX Estudio de salud Gráfico: Principales alimentos que se evitan]]></page>
<page method="xml-texts" num="149"><![CDATA[IX Estudio de salud 149 Gráfico: Principales alimentos que se evitan]]></page>
<page method="xml-texts" num="150"><![CDATA[150 IX Estudio de salud Gráfico: Principales alimentos que se evitan Gráfico: ¿La inflación o subida de precios ha repercutido negativamente en su dieta? El porcentaje de españoles que afirma que la inflación o la subida de los precios ha repercutido negativamente en su dieta se sitúa en el 47,6% en 2026, aumentando respecto a 2025 (44,9%). Este valor, no obstante, se mantiene por debajo del registrado en 2024 (48,4%) y 2023 (48,8%).]]></page>
<page method="xml-texts" num="151"><![CDATA[IX Estudio de salud 151 Por el contrario, un 52,4% señala que la inflación no ha tenido un impacto negativo en su alimentación, frente al 55,1% en 2025, el 51,6% en 2024 y el 51,2% en 2023. Gráfico: ¿La inflación o subida de precios ha repercutido negativamente en su dieta? Por perfiles, la repercusión negativa es ligeramente mayor entre las mujeres (48,5%) que entre los hombres (46,6%).]]></page>
<page method="xml-texts" num="152"><![CDATA[152 IX Estudio de salud Por edad, los valores más elevados se registran entre los grupos de 26 a 40 años (55,5%) y de 41 a 55 años (55,3%), seguidos de los jóvenes de 18 a 25 años (53,4%). Los porcentajes descienden a partir de los 56 años, situándose en el 41,0% entre los 56 y 65 años y en el 32,3% entre los mayores de 65 años. En función de la evolución de la situación económica, el impacto es significativamente mayor entre quienes consideran que ha empeorado (68,6%), frente al 44,4% entre quienes afirman que ha mejorado y el 37,5% entre quienes indican que sigue igual. Asimismo, la repercusión es más elevada entre quienes han hecho dieta (57,1%) que entre quienes no la han hecho (43,6%). Por percepción de la alimentación, alcanza el 57,0% entre quienes se sitúan en una posición intermedia (ni saludable ni no saludable), frente al 45,3% entre quienes consideran que no llevan una alimentación saludable y el 44,6% entre quienes creen que sí la llevan. En función del estado de salud percibido, el porcentaje asciende al 61,1% entre quienes valoran su salud de forma negativa, frente al 47,3% entre quienes la valoran de forma neutra y el 46,1% entre quienes la valoran positivamente.]]></page>
<page method="xml-texts" num="153"><![CDATA[IX Estudio de salud 153 Gráfico: ¿La inflación o subida de precios ha repercutido negativamente en su dieta?]]></page>
<page method="xml-texts" num="154"><![CDATA[154 IX Estudio de salud Por comunidades autónomas, los valores más elevados se registran en Baleares (57,9%), Canarias (57,3%), Navarra (54,1%) y Galicia (53,0%). También superan el 50% regiones como País Vasco (52,0%), Castilla-La Mancha (52,0%), Murcia (52,0%), Extremadura (51,9%), Andalucía (51,9%) y Comunidad Valenciana (51,6%). Por el contrario, los niveles más bajos se observan en Cantabria (35,1%), Cataluña (36,8%), Asturias (38,0%) y Aragón (39,9%). Gráfico: ¿La inflación o subida de precios ha repercutido negativamente en su dieta?]]></page>
<page method="xml-texts" num="155"><![CDATA[IX Estudio de salud 155 Gráfico: ¿La inflación o subida de precios ha repercutido negativamente en su dieta?]]></page>
<page method="xml-texts" num="156"><![CDATA[156 IX Estudio de salud El porcentaje de españoles que declara haber dejado de consumir algún alimento a causa del aumento de precios se sitúa en el 45,0% en 2026, aumentando respecto a 2025 (42,8%) y 2024 (41,3%), y situándose en niveles similares a 2023 (45,1%). Por el contrario, un 55,0% afirma no haber dejado de consumir ningún alimento, frente al 57,2% en 2025, el 58,7% en 2024 y el 54,9% en 2023. Entre quienes han dejado de consumir algún alimento, el más mencionado es el pescado (50,5%), seguido de la carne (37,6%). A continuación, se sitúan los cereales (16,9%) y las frutas (15,1%). En menor medida aparecen la leche y los lácteos (8,1%), la verdura (7,8%) y las legumbres y hortalizas (7,6%). Por su parte, la categoría “otros” alcanza el 21,4%. Gráfico: ¿La inflación o subida de precios ha repercutido negativamente en su dieta?]]></page>
<page method="xml-texts" num="157"><![CDATA[IX Estudio de salud 157 Gráfico: ¿La inflación o subida de precios ha repercutido negativamente en su dieta?]]></page>
<page method="xml-texts" num="158"><![CDATA[158 IX Estudio de salud Por perfiles, el abandono del consumo de ciertos alimentos es mayor entre las mujeres (46,5%) que entre los hombres (43,3%). Por edad, los valores más elevados se registran entre los jóvenes de 18 a 25 años (55,9%) y los de 26 a 40 años (53,5%), descendiendo hasta el 40,2% entre los 56 y 65 años y el 32,6% entre los mayores de 65 años. En función de la evolución de la situación económica, el porcentaje alcanza el 62,5% entre quienes consideran que ha empeorado, frente al 42,4% entre quienes indican que ha mejorado y el 36,5% entre quienes señalan que sigue igual. Por percepción del peso, el abandono es mayor entre quienes consideran que están por debajo de su peso (54,0%), seguido de quienes se perciben por encima (48,9%) y menor entre quienes creen estar en su peso (37,7%). Asimismo, alcanza el 56,2% entre quienes consideran que no llevan una alimentación saludable, el 50,5% entre quienes se sitúan en un punto intermedio y el 42,0% entre quienes creen llevar una alimentación saludable.]]></page>
<page method="xml-texts" num="159"><![CDATA[IX Estudio de salud 159 Gráfico: ¿Ha dejado de consumir algún alimento por el aumento de precios?]]></page>
<page method="xml-texts" num="160"><![CDATA[160 IX Estudio de salud Por comunidades autónomas, los porcentajes más elevados se registran en Baleares (63,9%), Canarias (60,0%) y Comunidad Valenciana (53,6%). También destacan La Rioja (56,0%), Murcia (49,9%) y Castilla-La Mancha (48,0%). Por el contrario, los valores más bajos se observan en Cantabria (35,1%), Madrid (37,9%), Cataluña (38,5%) y Castilla y León (40,0%).]]></page>
<page method="xml-texts" num="161"><![CDATA[IX Estudio de salud 161 Gráfico: ¿Ha dejado de consumir algún alimento por el aumento de precios?]]></page>
<page method="xml-texts" num="162"><![CDATA[162 IX Estudio de salud El porcentaje de españoles que prefiere comprar alimentos de mayor calidad, aunque tengan un mayor precio se mantiene estable en 2026, situándose en el 83,8%, en línea con 2025 (84,0%) y ligeramente por encima de 2024 (81,4%). En detalle, un 24,7% afirma hacerlo “mucho”, mientras que un 59,1% lo hace “algo”. Por el contrario, un 13,2% declara preferirlo “poco” y un 3,0% “nada”. Gráfico: ¿En qué medida prefiere comprar alimentos de más calidad, aunque tengan un mayor precio?]]></page>
<page method="xml-texts" num="163"><![CDATA[IX Estudio de salud 163 Por sexo, no se observan diferencias significativas, con un 84,2% en hombres y un 83,4% en mujeres. Por edad, la preferencia es mayor entre los adultos de 26 a 40 años (86,0%), seguidos de los mayores de 65 años (84,9%), los jóvenes de 18 a 25 años (84,0%) y el grupo de 56 a 65 años (83,4%). El valor más bajo se registra entre los 41 y 55 años (81,4%). En función de la evolución de la situación económica, destaca especialmente el alto porcentaje entre quienes consideran que ha mejorado (89,5%), seguido de quienes indican que se mantiene igual (86,4%). En cambio, desciende significativamente entre quienes afirman que ha empeorado (75,3%), siendo este el grupo claramente menos proclive. Por dieta, la preferencia es mayor entre quienes han hecho dieta (87,0%) frente a quienes no la han hecho (82,4%). Según situación laboral, alcanza el 86,1% entre quienes trabajan, frente al 80,7% entre quienes no lo hacen. Por percepción de alimentación saludable, se observan diferencias claras: el porcentaje asciende al 89,2% entre quienes consideran que llevan una alimentación saludable, frente al 72,8% entre quienes se sitúan en un punto intermedio y al 66,3% entre quienes creen que no llevan una alimentación saludable.]]></page>
<page method="xml-texts" num="164"><![CDATA[164 IX Estudio de salud Gráfico: ¿En qué medida prefiere comprar alimentos de más calidad, aunque tengan un mayor precio?]]></page>
<page method="xml-texts" num="165"><![CDATA[IX Estudio de salud 165 Por comunidades autónomas, la preferencia por alimentos de mayor calidad es mayoritaria en todas las regiones, aunque con diferencias relevantes. Los valores más elevados se registran en Castilla-La Mancha (90,7%), Extremadura (90,0%), Castilla y León (88,0%) y Baleares (88,0%), seguidas de Andalucía (87,4%) y Murcia (86,0%). En niveles también altos se sitúan Asturias (86,1%), Comunidad Valenciana (84,1%), Madrid (83,0%) y Cantabria (83,8%). Por el contrario, los porcentajes más bajos se observan en Aragón (79,9%), Galicia (80,8%) y La Rioja (80,0%), junto con Navarra (81,9%) y País Vasco (82,0%). Destaca especialmente Canarias como la comunidad con menor preferencia (71,9%), aunque incluso en este caso la mayoría sigue optando por alimentos de mayor calidad.]]></page>
<page method="xml-texts" num="166"><![CDATA[166 IX Estudio de salud Gráfico: ¿En qué medida prefiere comprar alimentos de más calidad, aunque tengan un mayor precio? Por perfiles, el consumo es mayor entre los hombres (30,5%) que entre las mujeres (24,9%). Por edad, los niveles más elevados se concentran entre los 41 y 55 años (35,1%) y los 26 a 40 años (32,7%), seguidos del grupo de 56 a 65 años (30,5%). El consumo es menor entre los jóvenes de 18 a 25 años (18,8%) y especialmente reducido entre los mayores de 65 años (15,4%).]]></page>
<page method="xml-texts" num="167"><![CDATA[IX Estudio de salud 167 1.4. Consumo de tabaco y alcohol El porcentaje de españoles que fuma habitualmente desciende de forma significativa en 2026, situándose en el 27,6%, frente al 36,5% registrado en 2025 y el 33,7% en 2024. En consecuencia, el 72,4% declara no fumar habitualmente, aumentando de forma notable respecto a 2025 (63,5%) y 2024 (66,3%). Gráfico: Tabaco Por perfiles, el consumo es mayor entre los hombres (30,5%) que entre las mujeres (24,9%). Por edad, los niveles más elevados se concentran entre los 41 y 55 años (35,1%) y los 26 a 40 años (32,7%), seguidos del grupo de 56 a 65 años (30,5%). El consumo es menor entre los jóvenes de 18 a 25 años (18,8%) y especialmente reducido entre los mayores de 65 años (15,4%).]]></page>
<page method="xml-texts" num="168"><![CDATA[168 IX Estudio de salud Según situación laboral, el porcentaje asciende al 32,1% entre quienes trabajan, frente al 21,7% entre quienes no lo hacen. Por situación familiar, fuman más quienes tienen hijos (29,4%) que quienes no los tienen (24,5%). En función del estado de salud emocional, el consumo es más elevado entre quienes presentan peor situación (33,7%), descendiendo al 30,0% entre quienes se sitúan en un nivel medio y al 25,9% entre quienes presentan un estado emocional positivo.]]></page>
<page method="xml-texts" num="169"><![CDATA[IX Estudio de salud 169 Gráfico: ¿Suele fumar habitualmente?]]></page>
<page method="xml-texts" num="170"><![CDATA[170 IX Estudio de salud En cuanto al gasto mensual en tabaco, la mayor parte de los fumadores se concentra en niveles medios y bajos. Un 41,3% declara gastar menos de 50 € al mes (aumentando con respecto a 2025: 35,3%), mientras que un 40,9% se sitúa entre 50 y 100 € (41,3% en 2025). Por su parte, el 16,0% gasta entre 100 y 200 € (19,2% en 2025) y solo un 1,8% supera los 200 €, descendiendo notablemente frente al 4,2% registrado en 2025. En paralelo, aumenta el porcentaje de fumadores que ha intentado dejar de fumar alguna vez, alcanzando el 70,0% en 2026, frente al 65,2% en 2025 y el 63,4% en 2024. Por el contrario, el 30,0% declara no haberlo intentado nunca (34,8% en 2025 y 36,6% en 2024). En cuanto al número de intentos, el 36,1% lo ha intentado una vez, el 30,1% dos veces y el 21,6% tres veces, mientras que el 12,1% lo ha intentado más de tres veces. El promedio de intentos aumenta hasta 2,83, frente a 2,21 en 2025 y 2,31 en 2024.]]></page>
<page method="xml-texts" num="171"><![CDATA[IX Estudio de salud 171 Gráfico: Tabaco: profundización]]></page>
<page method="xml-texts" num="172"><![CDATA[172 IX Estudio de salud El porcentaje de españoles que vapea habitualmente se sitúa en el 9,5% en 2026, descendiendo con respecto a 2025 (12,6%) y manteniéndose en niveles similares a 2024 (9,7%). En consecuencia, el 90,5% declara no vapear habitualmente, frente al 87,4% en 2025 y el 90,3% en 2024. Gráfico: Vapeo Por perfiles, no se observan diferencias relevantes por sexo (9,4% en hombres y 9,6% en mujeres). Por edad, el vapeo es claramente más frecuente entre los jóvenes: 17,5% entre los 18 y 25 años y 16,3% entre los 26 y 40 años. A partir de los 41 años desciende al 11,9%, y cae de forma notable en los grupos de 56 a 65 años (3,3%) y mayores de 65 años (0,8%).]]></page>
<page method="xml-texts" num="173"><![CDATA[IX Estudio de salud 173 Según situación laboral, el porcentaje de personas que vapean es mayor entre quienes trabajan (13,0%) frente a quienes no lo hacen (4,9%). En cuanto a la dieta, vapean más quienes han hecho dieta (14,4%) que quienes no (7,5%). En función del estrés, el nivel de vapeo es superior entre quienes han tenido estrés en alguna ocasión (10,7%) frente a quienes no lo han tenido (5,0%). Gráfico: ¿Suele vapear habitualmente?]]></page>
<page method="xml-texts" num="174"><![CDATA[174 IX Estudio de salud El porcentaje de españoles que conoce a alguien que ha sustituido el tabaco por el vapeo supera el 50% en 2026, situándose en el 51,4%, frente al 49,5% en 2025 y el 40,4% en 2024. Por el contrario, el 48,6% declara no conocer a nadie, reduciéndose respecto a años anteriores (50,5% en 2025 y 59,6% en 2024). En cuanto a la percepción del vapeo frente al tabaco, predomina la idea de que ambos son igual de perjudiciales (55,8% en 2026, 55,5% en 2025 y 55,2% en 2024). No obstante, un 21,7% considera que el vapeo es más perjudicial (12,1% mucho más y 9,6% algo más), mientras que un 22,5% cree que es menos perjudicial (19,1% algo menos y 3,4% mucho menos). En comparación con años anteriores, aumenta ligeramente la percepción de menor perjuicio frente a 2025 (22,0%) y desciende respecto a 2024 (30,9%), mientras que la percepción de mayor perjuicio se mantiene relativamente estable (22,5% en 2025 y 13,9% en 2024 como valor más bajo).]]></page>
<page method="xml-texts" num="175"><![CDATA[IX Estudio de salud 175 Gráfico: Vapeo: profundización]]></page>
<page method="xml-texts" num="176"><![CDATA[176 IX Estudio de salud La percepción sobre el vapeo se mantiene mayoritariamente alineada con la idea de que es igual de perjudicial que el tabaco, aunque existen diferencias relevantes por perfil. Por sexo, los hombres tienden en mayor medida a considerar que el vapeo es menos perjudicial (26,6%) que las mujeres (18,7%). En cambio, entre las mujeres aumenta la percepción de mayor perjuicio (23,6% frente al 19,7% en hombres). Por edad, los más jóvenes (18-25 años) destacan por ser el grupo que más considera que el vapeo es más perjudicial (36,3%), muy por encima del resto. Esta percepción desciende con la edad hasta situarse en el 13,5% entre los mayores de 65 años. En paralelo, la percepción de que es menos perjudicial aumenta en los tramos intermedios (en torno al 25% entre 26 y 55 años) y se reduce en edades más avanzadas (18,4% en mayores de 65). Según situación laboral, quienes trabajan consideran en mayor medida que el vapeo es menos perjudicial (24,4%) frente a quienes no trabajan (20,1%), aunque en ambos casos predomina la percepción de que es igual de perjudicial (53,0% y 59,4%, respectivamente). Por comunidades autónomas, la percepción también presenta variaciones relevantes. Los porcentajes más altos de quienes consideran que el vapeo es más perjudicial que el tabaco se registran en Navarra (32,1%), Baleares (32,0%), Extremadura (30,0%) y Canarias (24,0%).]]></page>
<page method="xml-texts" num="177"><![CDATA[IX Estudio de salud 177 Por el contrario, entre las regiones que consideran que el vapeo es menos perjudicial que el tabaco, menor perjuicio, destacan Murcia (30,0%), Galicia (25,1%) y Castilla y León (25,0%). En todos los casos, la opción predominante sigue siendo considerar que el vapeo es igual de perjudicial, con valores que oscilan entre el 44,0% (Navarra) y el 70,1% (Aragón y Asturias). Gráfico: Percepción del vapeo con respecto al tabaco]]></page>
<page method="xml-texts" num="178"><![CDATA[178 IX Estudio de salud Gráfico: Percepción del vapeo con respecto al tabaco El consumo de alcohol se mantiene estable en 2026, con un 84,2% de españoles que declara beber en alguna ocasión, prácticamente sin variación respecto a 2025 (84,4%) y ligeramente por encima de 2024 (81,2%). Por su parte, el 15,8% afirma no beber nunca, en línea con el 15,6% de 2025 y por debajo del 18,8% registrado en 2024.]]></page>
<page method="xml-texts" num="179"><![CDATA[IX Estudio de salud 179 Gráfico: Alcohol En términos de frecuencia, se observa una tendencia hacia un consumo menos intensivo. El consumo diario desciende al 8,7% en 2026, frente al 9,8% en 2025 y el 13,3% en 2024. También disminuye el consumo de dos o tres veces por semana, que se sitúa en el 20,2% (26,3% en 2025). Por el contrario, aumenta el consumo ocasional: un 26,7% declara beber con menor frecuencia, pero alguna vez, frente al 22,3% en 2025 y el 18,3% en 2024. Asimismo, el consumo mensual alcanza el 8,2% y el quincenal el 9,5%, manteniéndose en niveles similares a años anteriores En cuanto al gasto mensual, la mayoría de los consumidores se sitúa en niveles bajos. Un 78,9% declara gastar menos de 50 € al mes, aumentando respecto a 2025 (75,4%) y 2024 (76,0%).]]></page>
<page method="xml-texts" num="180"><![CDATA[180 IX Estudio de salud Por su parte, el 16,4% gasta entre 50 y 100 € (19,2% en 2025), el 4,0% entre 100 y 200 € (4,4% en 2025) y solo un 0,7% supera los 200 €, descendiendo ligeramente respecto a años anteriores.]]></page>
<page method="xml-texts" num="181"><![CDATA[IX Estudio de salud 181 Gráfico: Alcohol: profundización]]></page>
<page method="xml-texts" num="182"><![CDATA[182 IX Estudio de salud El consumo de alcohol es mayoritario en todos los segmentos, aunque con diferencias relevantes. Por sexo, es más elevado entre los hombres (89,5%) que entre las mujeres (79,1%). Mientras que, por edad, se mantiene alto en todos los grupos, con valores entre el 83% y el 87%, aunque desciende ligeramente entre los mayores de 65 años (80,0%). Según situación laboral, alcanza el 89,9% entre quienes trabajan, frente al 76,7% entre quienes no lo hacen. En cuanto a la situación familiar, el consumo es mayor entre quienes tienen hijos (85,8%) que entre quienes no los tienen (81,2%). En función del nivel educativo, se observa una clara relación ascendente: el consumo es menor entre quienes tienen estudios primarios (70,0%), aumenta en aquellos que tienen la educación secundaria (82,0%) y alcanza su nivel máximo entre quienes tienen estudios superiores (88,8%). Gráfico: ¿Bebe alcohol en alguna ocasión?]]></page>
<page method="xml-texts" num="183"><![CDATA[IX Estudio de salud 183 Gráfico: ¿Bebe alcohol en alguna ocasión?]]></page>
<page method="xml-texts" num="184"><![CDATA[Acceder Acceder Bloque 2. Salud emocional 2.1. Valoración del estado de salud emocional y claves para el bienestar emocional 2.2. Prioridades y estilos de vida 2.3. El estrés 2.4. Satisfacción laboral 2.5. Aspectos culturales y sociales]]></page>
<page method="xml-texts" num="185"><![CDATA[185 IX Estudio de salud Salud emocional 2.1. Valoración del estado de salud emocional y claves para el bienestar emocional La valoración del estado de salud emocional mantiene una evolución positiva y alcanza en 2026 una puntuación media de 7,38 sobre 10, por encima de los niveles registrados en años anteriores, cuando se situaba en 7,32 en 2025, 7,17 en 2024 y 7,11 en 2023. En comparación con 2022 y 2021, donde la media era de 6,78, la mejora es aún más evidente. En cuanto a la distribución de las valoraciones, predominan claramente las puntuaciones altas. Un 31,3% de los encuestados sitúa su estado emocional en niveles de 9 a 10 y un 42,3% lo hace entre 7 y 8. A cierta distancia se encuentran las valoraciones intermedias, con un 18,3% entre 5 y 6. Por su parte, las puntuaciones más bajas continúan siendo minoritarias, ya que un 5,0% valora su estado entre 3 y 4 y solo un 3,0% entre 0 y 2.]]></page>
<page method="xml-texts" num="186"><![CDATA[IX Estudio de salud 186 Gráfico: Valoración del estado de salud emocional La percepción del estado de salud emocional presenta diferencias relevantes entre distintos grupos. Por sexo, los hombres registran una valoración media más elevada, con 7,58 puntos, mientras que en las mujeres desciende hasta 7,20, situándose este grupo en una posición relativamente más baja.]]></page>
<page method="xml-texts" num="187"><![CDATA[187 IX Estudio de salud Por edad, las valoraciones más altas se concentran en los grupos de mayor edad. Entre 56 y 65 años la media alcanza 7,69 y entre los mayores de 65 se eleva hasta 7,85, siendo este el grupo con mejor percepción. En cambio, entre los más jóvenes los valores son más moderados, con 7,10 entre 18 y 25 años, 7,16 entre 26 y 40 y 7,11 entre 41 y 55. La percepción de la alimentación marca diferencias claras. Quienes consideran que llevan una alimentación saludable alcanzan una media de 7,75, mientras que esta valoración desciende a 6,74 entre quienes la perciben como intermedia y baja hasta 5,93 entre quienes consideran que no es saludable, siendo este último el grupo con peor resultado. En función de la situación económica, las valoraciones más altas corresponden a quienes indican que su situación ha mejorado, con una media de 7,75, y a quienes señalan que se mantiene estable, con 7,59. Por el contrario, entre quienes perciben un empeoramiento la valoración cae hasta 6,77.]]></page>
<page method="xml-texts" num="188"><![CDATA[IX Estudio de salud 188 La satisfacción con el aspecto físico también introduce diferencias importantes. Las personas satisfechas alcanzan una media de 7,72, mientras que entre las insatisfechas desciende notablemente hasta 5,63. Por último, el estado de salud percibido muestra una relación muy clara con el bienestar emocional. Las valoraciones más altas se dan entre quienes perciben su salud como positiva, con una media de 7,97, mientras que en niveles intermedios se sitúa en 6,29 y desciende hasta 4,87 entre quienes la perciben como negativa.]]></page>
<page method="xml-texts" num="189"><![CDATA[189 IX Estudio de salud Gráfico: Valoración del estado de salud emocional]]></page>
<page method="xml-texts" num="190"><![CDATA[IX Estudio de salud 190 A nivel territorial, se observan diferencias en la valoración del estado de salud emocional, aunque en general todas las comunidades se sitúan en niveles relativamente altos. La Rioja destaca como la comunidad con mejor valoración, alcanzando una media de 8,02. Le siguen Madrid, con 7,73, Cataluña con 7,62 y Canarias con 7,57, todas ellas por encima de la media nacional. En un nivel intermedio se sitúan comunidades como Castilla y León, con 7,51, Aragón y Baleares, ambas con 7,46, Comunidad Valenciana con 7,45 y Andalucía con 7,40. En el extremo inferior aparecen Cantabria, con 6,89, Navarra con 7,00 y País Vasco con 7,02, aunque incluso en estos casos las puntuaciones se mantienen en valores cercanos al notable.]]></page>
<page method="xml-texts" num="191"><![CDATA[191 IX Estudio de salud Gráfico: Valoración del estado de salud emocional según CC. AA.]]></page>
<page method="xml-texts" num="192"><![CDATA[IX Estudio de salud 192 En 2026, la percepción mayoritaria del estado de salud emocional es de estabilidad, ya que el 66,1% de los encuestados considera que su estado de salud emocional no ha variado. El 17,7% indica que ha mejorado, mientras que el 16,2% considera que ha empeorado. En comparación con años anteriores, aumenta el peso de quienes perciben estabilidad —62,1% en 2025, 60,8% en 2024 y 58,7% en 2023— y se reduce progresivamente el porcentaje de quienes declaran un empeoramiento, que en 2021 alcanzaba el 36,6% y en 2022 el 30,8%.]]></page>
<page method="xml-texts" num="193"><![CDATA[193 IX Estudio de salud Gráfico: Evolución del estado de salud emocional en el último año El análisis por segmentos muestra patrones diferenciados en la evolución del bienestar emocional. Por sexo, los hombres presentan una mayor proporción de mejora, con un 20,7%, frente al 14,9% de las mujeres. En cambio, el empeoramiento es más frecuente entre las mujeres, donde alcanza el 19,1%, mientras que en los hombres se sitúa en el 13,1%.]]></page>
<page method="xml-texts" num="194"><![CDATA[IX Estudio de salud 194 Por edad, la mejora es claramente más frecuente entre los jóvenes. En el grupo de 18 a 25 años alcanza el 36,4%, y va descendiendo progresivamente hasta situarse en el 9,5% entre los mayores de 65 años. En paralelo, la percepción de estabilidad aumenta con la edad, siendo especialmente elevada en los grupos de mayor edad. La situación económica introduce diferencias muy marcadas. Entre quienes afirman que su situación ha mejorado, el 38,1% percibe también una mejora en su salud emocional, mientras que entre quienes indican que ha empeorado el 30,1% declara un deterioro. La satisfacción con el aspecto físico también resulta determinante. Entre quienes están satisfechos, el 19,1% indica mejora, mientras que entre los insatisfechos el empeoramiento alcanza el 38,2%, lo que refleja una diferencia muy significativa entre ambos grupos. En relación con la dieta, quienes han seguido una dieta presentan mayores niveles de mejora, con un 24,5%, frente al 14,9% de quienes no lo han hecho. Por último, entre quienes han sufrido estrés en el último año, el 20,3% afirma que su salud emocional ha empeorado, mientras que entre quienes no han experimentado estrés este porcentaje se reduce hasta el 0,9%.]]></page>
<page method="xml-texts" num="195"><![CDATA[195 IX Estudio de salud Gráfico: Evolución del estado de salud emocional en el último año]]></page>
<page method="xml-texts" num="196"><![CDATA[IX Estudio de salud 196 Entre los síntomas, el más frecuente es sentirse nervioso, angustiado o muy tenso. En 2026, el 76,7% declara haberlo experimentado en alguna ocasión, manteniéndose en niveles muy similares a los de años anteriores, cuando alcanzaba el 76,9% en 2025, el 74,6% en 2024 y el 73,2% en 2023. Además, una parte relevante de la población lo experimenta con frecuencia, ya que un 7,9% lo sufre casi cada día y un 14,6% durante más de la mitad de los días. El estrés o la ansiedad también presentan una incidencia elevada.En 2026, el 72,2% de los encuestados indica haberlos sufrido en alguna ocasión, ligeramente por debajo del 74,5% registrado en 2025, pero en niveles similares a 2024 y 2023, con un 71,9% y un 70,3% respectivamente. En cuanto a la frecuencia, un 8,2% lo padece casi a diario y un 15,0% durante más de la mitad de los días. Por su parte, el sentimiento de decaimiento o depresión afecta al 68,6% de la población en 2026, una cifra prácticamente idéntica a la de años anteriores, cuando se situaba en el 68,8% en 2025, el 68,1% en 2024 y el 68,5% en 2023. En este caso, un 7,2% declara sentirlo casi cada día y un 13,4% durante más de la mitad de los días.]]></page>
<page method="xml-texts" num="197"><![CDATA[197 IX Estudio de salud Gráfico: Los síntomas de depresión y ansiedad]]></page>
<page method="xml-texts" num="198"><![CDATA[IX Estudio de salud 198 La presencia de síntomas tiene un impacto relevante en la vida diaria de quienes los experimentan. En 2026, el 83,5% de los encuestados declara haber tenido al menos uno de estos síntomas, mientras que el 16,5% afirma no haber experimentado ninguno. Entre quienes han tenido síntomas, la mayoría señala que estos interfieren en su vida en cierta medida. En concreto, el 61,3% indica que le afectan “algo”, mientras que un 26,6% afirma que no tienen impacto. Por otro lado, un 12,1% declara que los síntomas interfieren mucho en su vida cotidiana. En comparación con años anteriores, el impacto intenso de los síntomas muestra una ligera reducción, pasando del 16,3% en 2023 al 15,4% en 2024, el 14,7% en 2025 y el actual 12,1%. Paralelamente, aumenta ligeramente el porcentaje de quienes consideran que no les afectan, que pasa del 23,9% en 2023 al 26,6% en 2026.]]></page>
<page method="xml-texts" num="199"><![CDATA[199 IX Estudio de salud Gráfico: ¿En qué medida los síntomas de depresión y ansiedad interfieren en tu vida?]]></page>
<page method="xml-texts" num="200"><![CDATA[IX Estudio de salud 200 La incidencia de los síntomas presenta diferencias claras entre grupos de población. Por sexo, las mujeres registran una mayor prevalencia, ya que el 86,8% ha experimentado algún síntoma, frente al 80,1% de los hombres. Esta diferencia se mantiene en los distintos tipos de síntomas: el 80,8% de las mujeres se ha sentido nerviosa, angustiada o muy tensa frente al 72,4% de los hombres; el 76,8% ha sufrido estrés o ansiedad frente al 67,2%; y el 73,1% se ha sentido decaída o deprimida frente al 63,9%. Por edad, la incidencia es claramente mayor entre los más jóvenes y disminuye progresivamente con los años. Entre los 18 y 25 años, el 95,6% ha experimentado algún síntoma, cifra que se reduce al 91,0% entre 26 y 40 años, al 89,6% entre 41 y 55, al 77,9% entre 56 y 65 y al 67,3% entre los mayores de 65. Este patrón se repite en todos los síntomas analizados, con mayores niveles en los grupos jóvenes y menores en los de mayor edad. En relación con la situación familiar, las personas sin hijos presentan una mayor incidencia, con un 86,6% que ha experimentado algún síntoma, frente al 81,8% de quienes tienen hijos. Esta diferencia también se observa en los distintos síntomas. Por situación laboral, quienes trabajan muestran una mayor prevalencia. El 87,2% de las personas ocupadas ha tenido algún síntoma, frente al 78,7% de quienes no trabajan. Se observa que los trabajadores presentan mayores niveles en todos los indicadores analizados.]]></page>
<page method="xml-texts" num="201"><![CDATA[201 IX Estudio de salud Gráfico: Los síntomas de depresión y ansiedad La incidencia de los síntomas está estrechamente relacionada con distintos factores personales y contextuales. En función de la situación económica, quienes perciben un empeoramiento muestran mayores niveles de síntomas. El 89,1% de este grupo ha experimentado alguno, frente al 88,5% de quienes indican que su situación ha mejorado y al 78,8% de quienes señalan que se mantiene igual. Este patrón se reproduce en cada uno de los síntomas analizados. En cuanto al estado de salud emocional, se observa que entre quienes valoran su salud emocional como negativa, el 99,2% ha experimentado algún síntoma, una cifra que desciende al 95,2% entre quienes tienen una valoración media y al 85,7% entre quienes la consideran positiva. Esta relación se mantiene también en el nerviosismo, el estrés y el estado de ánimo depresivo.]]></page>
<page method="xml-texts" num="202"><![CDATA[IX Estudio de salud 202 El estrés es otro factor determinante. Entre quienes han sufrido estrés en el último año, el 97,0% ha experimentado algún síntoma, frente al 32,5% de quienes no lo han sufrido. Además, el 90,6% de quienes han tenido estrés se ha sentido nervioso o tenso, el 88,1% ha sufrido ansiedad y el 81,6% se ha sentido decaído, muy por encima de los niveles observados entre quienes no han experimentado estrés. Gráfico: Los síntomas de depresión y ansiedad A nivel territorial, la incidencia de síntomas también muestra variaciones. Los niveles más bajos se registran en Aragón, con un 68,0%, y en Castilla y León, con un 76,0%, seguidos de Madrid, con un 78,0%, y Cataluña, con un 77,1%.]]></page>
<page method="xml-texts" num="203"><![CDATA[203 IX Estudio de salud En un nivel intermedio se sitúan comunidades como Comunidad Valenciana, con un 83,3%, Galicia con un 84,0% y Canarias con un 86,7%. Por el contrario, los porcentajes más elevados se observan en Baleares, donde alcanzan el 98,0%, así como en Navarra, La Rioja y Murcia, todas ellas con un 92,0%. También destacan País Vasco, con un 87,3%, y Andalucía, con un 87,4%, con niveles claramente por encima de la media.]]></page>
<page method="xml-texts" num="204"><![CDATA[IX Estudio de salud 204 Gráfico: Los síntomas de depresión y ansiedad según CC. AA. El porcentaje de personas que toman algún tipo de medida para mejorar su bienestar emocional supera el 65%, mientras que un 33,8% reconoce no hacer nada concreto en este ámbito. Esta proporción continúa reduciéndose respecto a años anteriores, cuando alcanzaba el 35,9% en 2025, el 35,3% en 2024 y el 38,3% en 2023.]]></page>
<page method="xml-texts" num="205"><![CDATA[205 IX Estudio de salud La principal medida adoptada es el cambio de rutinas y hábitos, que incluye acciones como dormir más, mejorar la alimentación o hacer ejercicio físico. En 2026, el 41,2% de la población afirma haber introducido este tipo de cambios, lo que supone un incremento respecto al 36,8% de 2025 y consolida la tendencia positiva iniciada en años anteriores. En segundo lugar, el 27,1% realiza actividades orientadas al desarrollo personal, como la lectura de libros de autoayuda o la práctica de ejercicios de relajación y mindfulness, manteniéndose en niveles similares a los registrados en 2025, cuando se situaba en el 26,6%. Por otro lado, el 14,9% declara tomar medicación o suplementos, ligeramente por debajo del 15,9% observado en 2025. Asimismo, el 13,1% ha acudido a un psicólogo o psicóloga, una cifra que, aunque inferior al 14,4% del año anterior, continúa por encima de los niveles registrados en 2023 y 2022. Gráfico: Medidas para mejorar el bienestar psicológico/emocional]]></page>
<page method="xml-texts" num="206"><![CDATA[IX Estudio de salud 206 Gráfico: Medidas para mejorar el bienestar psicológico/emocional La adopción de medidas para mejorar el bienestar emocional varía significativamente entre grupos. Por sexo, los hombres muestran ligeramente mayor tendencia a cambiar hábitos, con un 42,0% frente al 40,4% de las mujeres. Sin embargo, ellas destacan en la realización de actividades de desarrollo personal, con un 29,7% frente al 24,3% de los hombres, así como en la utilización de recursos profesionales y farmacológicos: el 16,4% toma medicación frente al 13,3% de los hombres y el 14,6% ha acudido a un psicólogo frente al 11,6%. En contraste, los hombres presentan una mayor proporción de inacción, ya que el 36,9% declara no hacer nada concreto, frente al 30,9% de las mujeres.]]></page>
<page method="xml-texts" num="207"><![CDATA[207 IX Estudio de salud Por edad, los jóvenes son los más activos en la adopción de medidas. El 53,2% de las personas entre 18 y 25 años y el 50,7% entre 26 y 40 han cambiado sus hábitos, cifras que descienden progresivamente con la edad hasta el 28,0% entre los mayores de 65 años. Este patrón se repite en las actividades de desarrollo personal, donde los más jóvenes alcanzan el 37,9% frente al 17,6% entre 56 y 65 años y el 20,2% en los mayores de 65. En el grupo de los jóvenes, solamente el 21,9% no realiza nada en concreto, cifra que va aumentando con la edad hasta alcanzar un 53,0% entre los mayores de 65. En cuanto a la situación laboral, las personas que trabajan adoptan más medidas. El 46,9% ha cambiado hábitos frente al 33,6% de quienes no trabajan, el 30,3% realiza actividades de desarrollo personal frente al 22,9% y el 15,1% ha acudido a un psicólogo frente al 10,5%. La proporción de quienes no hacen nada es mayor entre quienes no trabajan, con un 42,0% frente al 27,6% de las personas ocupadas. Por estado de salud emocional, se observan diferencias muy marcadas. Quienes presentan un estado negativo recurren en mayor medida a la medicación, con un 39,1%, y al psicólogo, con un 32,7%, mientras que estas cifras descienden al 12,7% y al 11,2% respectivamente entre quienes tienen un estado emocional positivo. Estos últimos destacan en el cambio de hábitos, con un 44,6%, frente al 21,8% de quienes presentan un estado negativo.]]></page>
<page method="xml-texts" num="208"><![CDATA[IX Estudio de salud 208 Gráfico: Medidas para mejorar el bienestar psicológico/emocional En 2026, el principal factor que influye en la salud emocional es la situación económica y laboral, mencionada por el 43,6% de los encuestados, seguida muy de cerca por la actitud personal ante los problemas, con un 41,4%. En un segundo nivel se sitúan las relaciones sociales, citadas por el 35,0%, y la sobrecarga de actividades y tareas, que alcanza el 31,4%. Por último, el 23,5% señala la importancia de realizar actividades de ocio y deporte, mientras que un 9,4% considera que ninguno de estos factores influye.]]></page>
<page method="xml-texts" num="209"><![CDATA[209 IX Estudio de salud En comparación con años anteriores, se observa una ligera reducción en el peso de la situación económica y laboral, que pasa del 44,7% en 2025 al 43,6% en 2026, así como en la actitud ante los problemas, que desciende del 40,1% al 41,4%. Por el contrario, aumenta la relevancia del ocio y el deporte, que sube del 20,1% en 2025 al 23,5% en 2026. Gráfico: Factores que más influyen en la salud psicológica/emocional]]></page>
<page method="xml-texts" num="210"><![CDATA[IX Estudio de salud 210 La importancia atribuida a los distintos factores varía en función de las características demográficas de la población. Por edad, la situación económica y laboral alcanza su mayor peso entre las personas de 26 a 40 años, donde llega al 52,4%, mientras que desciende hasta el 34,1% entre los mayores de 65 años. La actitud ante los problemas adquiere mayor relevancia a medida que aumenta la edad, alcanzando el 48,6% entre los mayores de 65. Las relaciones sociales tienen mayor peso entre los jóvenes, con un 49,4% en el grupo de 18 a 25 años, frente al 27,7% entre quienes tienen entre 56 y 65 años. Por su parte, la sobrecarga de actividades destaca especialmente entre los más jóvenes, con un 49,1% en el grupo de 18 a 25 años, y pierde relevancia en edades avanzadas, donde se reduce al 11,7% en mayores de 65. En función de la situación laboral, quienes trabajan otorgan mayor importancia a la situación económica y laboral, con un 46,4%, frente al 39,8% de quienes no trabajan. También perciben en mayor medida la sobrecarga de tareas, con un 38,6% frente al 21,8%. En cambio, las personas con mejor estado emocional otorgan mayor importancia al ocio y el deporte, con un 23,5%, frente al 18,0% de quienes presentan un estado negativo.]]></page>
<page method="xml-texts" num="211"><![CDATA[211 IX Estudio de salud Por estado de salud emocional, las diferencias son especialmente intensas. Entre quienes presentan un estado negativo, la situación económica y laboral alcanza el 59,1%, muy por encima del 43,1% entre quienes tienen un estado positivo. Asimismo, la actitud ante los problemas también es más relevante en este grupo, con un 49,5% (estado de salud emocional negativo), frente al 40,0% de quienes presentan un buen estado emocional. En cambio, las personas con mejor estado emocional otorgan mayor importancia al ocio y el deporte, con un 23,5%, frente al 18,0% de quienes presentan un estado negativo. Gráfico: Factores que más influyen en la salud psicológica/emocional]]></page>
<page method="xml-texts" num="212"><![CDATA[IX Estudio de salud 212 El gasto en salud mental sigue siendo reducido entre la población. En 2026, el 55,8% de los encuestados declara no gastar nada, una cifra que ha disminuido con respecto al 57,5% registrado en 2025. Entre quienes sí destinan algún presupuesto, el tramo más habitual es el de menos de 30 euros mensuales, que alcanza el 24,5% y muestra un incremento frente al 20,7% del año anterior. Por encima de este nivel, el 12,4% gasta entre 31 y 50 euros, ligeramente por debajo del 14,2% de 2025. Los niveles de gasto más elevados siguen siendo minoritarios: el 5,2% destina entre 51 y 70 euros, en línea con el 5,3% del año anterior, y únicamente el 2,1% supera]]></page>
<page method="xml-texts" num="213"><![CDATA[213 IX Estudio de salud Gráfico: Nivel de gasto mensual en salud mental El no gasto en salud mental es especialmente frecuente en determinados perfiles. Aunque las personas de entre 26 y 40 años no gastan nada en este fin en un 40,5%, se aprecia una tendencia a aumentar con la edad, pasando del 44,0% entre los jóvenes de 18 a 25 años al 64,7% entre quienes tienen entre 56 y 65 años y alcanzando el 75,5% entre los mayores de 65. El gasto, especialmente en niveles bajos , es más habitual entre los grupos más jóvenes, donde el 33,5% de los menores de 25 años destina menos de 30 euros, frente al 18,1% de los mayores de 65. En función del estado de salud emocional, se observan diferencias relevantes. Las personas con peor estado emocional presentan mayor]]></page>
<page method="xml-texts" num="214"><![CDATA[IX Estudio de salud 214 propensión a gastar: el 8,6% supera los 70 euros y el 6,3% se sitúa entre 51 y 70 euros, mientras que entre quienes tienen un estado emocional positivo estos porcentajes descienden al 1,7% y al 4,9% respectivamente. El no gasto es menor entre quienes presentan peor estado emocional, con un 51,6%, frente al 54,7% de quienes tienen un estado positivo. Por situación laboral, quienes trabajan muestran mayor nivel de gasto. El 27,6% destina menos de 30 euros frente al 20,3% de quienes no trabajan, y también presentan mayores porcentajes en los tramos intermedios. El no gasto es más frecuente entre quienes no trabajan, con un 66,9%, frente al 47,4% de las personas ocupadas. Gráfico: Nivel de gasto mensual en salud mental]]></page>
<page method="xml-texts" num="215"><![CDATA[215 IX Estudio de salud La percepción sobre el impacto de las redes sociales en la salud emocional es mayoritariamente negativa. En 2026, el 52,6% de los encuestados considera que influyen de forma negativa o muy negativa, lo que supone un aumento respecto al 40,8% registrado en 2025 y al 43,3% de 2024. La percepción positiva continúa siendo minoritaria. Solo el 13,1% considera que las redes sociales tienen un impacto positivo o muy positivo, por debajo del 15,1% de 2025 y en línea con los valores de los últimos años. El porcentaje de quienes consideran que las redes sociales no influyen se sitúa en torno al 34,3%, disminuyendo con respecto a los años anteriores. En cuanto a los problemas asociados, los más frecuentes son los relacionados con la autoestima, mencionados por el 12,1% de los encuestados, seguidos de la dependencia, con un 11,9%, y los trastornos del sueño, con un 11,1%. También destacan la ansiedad por no estar conectado, con un 9,0%, el acoso de otros usuarios, con un 6,0%, y la depresión, con un 5,4%. A pesar de ello, el 64,3% afirma no percibir ninguno de estos problemas, cifra que desciende con respecto al 67,1% de 2025 y al 71,3% de 2024.]]></page>
<page method="xml-texts" num="216"><![CDATA[IX Estudio de salud 216 Gráfico: Influencia de las redes sociales en el estado de salud emocional]]></page>
<page method="xml-texts" num="217"><![CDATA[217 IX Estudio de salud La percepción negativa de las redes sociales es generalizada en todos los grupos, aunque más intensa entre determinados perfiles. Por edad, el porcentaje de percepción negativa supera el 50% en todos los grupos, alcanzando el 59,0% entre las personas de 56 a 65 años, frente al 50,7% entre quienes tienen entre 41 y 55 años. La percepción positiva es más elevada entre los jóvenes de 18 a 25 años, con un 18,7%, mientras que desciende con la edad hasta situarse en el 3,3% entre quienes tienen entre 56 y 65 años. En función del estado de salud emocional, la percepción negativa es mayor entre quienes presentan peor estado, alcanzando el 62,1%, frente al 53,2% entre quienes tienen un estado positivo. Por su parte, la percepción positiva aumenta a medida que mejora el estado emocional, pasando del 6,2% entre quienes presentan un estado negativo al 13,4% entre quienes tienen un estado positivo. Gráfico: ¿Cómo influyen las redes sociales en el estado de salud emocional?]]></page>
<page method="xml-texts" num="218"><![CDATA[IX Estudio de salud 218 Gráfico: ¿Cómo influyen las redes sociales en el estado de salud emocional?]]></page>
<page method="xml-texts" num="219"><![CDATA[219 IX Estudio de salud Los problemas asociados al uso de redes sociales presentan diferencias moderadas en relación con el sexo, aunque las mujeres presentan ligeramente mayores niveles en problemas como la autoestima, con un 12,8% frente al 11,4% de los hombres, y la depresión, con un 5,6% frente al 5,2%. Entre los más jóvenes, especialmente en el grupo de 18 a 25 años, destacan los problemas de autoestima, que alcanzan el 29,4%, los trastornos del sueño, con un 26,2%, y la dependencia, con un 19,2%. Estas cifras descienden generalmente con la edad, situándose por ejemplo los problemas de autoestima en el 2,1% entre los mayores de 65. Este patrón se repite en el resto de los indicadores, con niveles significativamente más bajos en los grupos de mayor edad. El porcentaje de personas que no han experimentado ninguno de estos problemas aumenta con la edad, pasando del 34,7% entre los jóvenes de entre 18 y 25 al 87,6% entre los mayores de 65. En función de si tienen hijos, también se observan algunas diferencias en el impacto de las redes sociales. Las personas sin hijos registran una mayor incidencia en varios problemas, como la autoestima (17,2% vs. 9,3%), la dependencia (13,0% vs. 11,4%) o la depresión (6,0% vs. 5,0%). También es menor el porcentaje que afirma no experimentar ninguno de estos efectos entre quienes no tienen hijos (60,8%) frente a quienes sí (66,3%), lo que sugiere una mayor afectación general en este grupo.]]></page>
<page method="xml-texts" num="220"><![CDATA[IX Estudio de salud 220 La sensación de soledad se mantiene en niveles moderados. En 2026, la valoración media se sitúa en 4,46 sobre 10, por debajo del 4,72 registrado en 2025, lo que indica una ligera reducción en la frecuencia con la que los encuestados se sienten solos. Gráfico: Problemas originados por las RR.SS.]]></page>
<page method="xml-texts" num="221"><![CDATA[221 IX Estudio de salud En términos de distribución, el 34,8% declara sentirse solo con muy poca frecuencia (niveles de 1 a 2), mientras que un 17,8% se sitúa en niveles de 3 a 4 y un 18,4% en niveles intermedios de 5 a 6. En el extremo superior, el 19,7% se ubica entre 7 y 8 y el 9,3% entre 9 y 10, lo que refleja que una parte relevante de la población experimenta soledad con cierta intensidad. En cuanto al impacto en la salud, entre quienes experimentan soledad con mayor frecuencia, el 47,4% considera que esta ha afectado a su salud mental, ligeramente por encima del 46,6% registrado en 2025. Gráfico: Soledad y estado de salud]]></page>
<page method="xml-texts" num="222"><![CDATA[IX Estudio de salud 222 Gráfico: Soledad y estado de salud]]></page>
<page method="xml-texts" num="223"><![CDATA[223 IX Estudio de salud La sensación de soledad varía significativamente según el perfil sociodemográfico y emocional. Por sexo, las mujeres presentan una mayor frecuencia de soledad, con una puntuación media de 4,65 frente al 4,27 de los hombres. Por edad, la soledad es más intensa entre los jóvenes, alcanzando una media de 5,60 en el grupo de 18 a 25 años y 5,34 entre 26 y 40, mientras que desciende progresivamente con la edad hasta situarse en 3,25 entre los mayores de 65. En función de la situación económica, la soledad es mayor entre quienes perciben un empeoramiento, con una puntuación de 4,94, frente al 4,65 de quienes han mejorado y al 4,15 de quienes mantienen su situación. El estrés también muestra una relación clara con la soledad: quienes han sufrido estrés en el último año presentan una media de 4,93, muy superior al 2,70 de quienes no lo han experimentado. Por situación laboral, las personas que trabajan registran una mayor sensación de soledad, con 4,76, frente al 4,07 de quienes no trabajan. Finalmente, el estado de salud emocional es uno de los factores más determinantes. Las personas con un estado negativo alcanzan una media de 6,31, frente al 5,23 de quienes tienen un estado medio y al 4,41 de quienes presentan un estado emocional positivo.]]></page>
<page method="xml-texts" num="224"><![CDATA[IX Estudio de salud 224 Gráfico: Soledad y estado de salud]]></page>
<page method="xml-texts" num="225"><![CDATA[225 IX Estudio de salud 2.2 Prioridades y estilos de vida La satisfacción con la vida muestra una ligera mejora en 2026. La valoración media alcanza el 7,12, situándose por encima del 6,99 registrado en 2025 y recuperando niveles similares a los de 2023. La mayoría de la población se concentra en niveles altos de satisfacción. El 23,4% se sitúa en valores de 9 a 10 y un 46,8% en el tramo de 7 a 8, lo que implica que más de siete de cada diez encuestados presentan una valoración positiva. Los niveles intermedios, correspondientes a puntuaciones de 5 a 6, agrupan al 21,0% de los encuestados. Por su parte, las valoraciones negativas continúan siendo minoritarias: el 5,1% se sitúa entre 3 y 4 y el 3,7% entre 0 y 2. En conjunto, se consolida un escenario de satisfacción general elevada, con una ligera mejora respecto al año anterior.]]></page>
<page method="xml-texts" num="226"><![CDATA[IX Estudio de salud 226 Gráfico: Grado de satisfacción con la vida]]></page>
<page method="xml-texts" num="227"><![CDATA[227 IX Estudio de salud El nivel de satisfacción varía de forma significativa según el perfil. Por sexo, los hombres presentan una valoración media superior, con 7,21 frente al 7,04 de las mujeres. Por edad, la satisfacción tiende a aumentar a medida que se incrementa la edad. Los niveles más bajos se observan entre los jóvenes, con una media de 6,87 en el grupo de 18 a 25 años y 6,86 entre 26 y 40, mientras que el nivel más alto se registra entre los mayores de 65, con 7,57. Los grupos intermedios se sitúan en valores cercanos a la media, con 6,93 entre 41 y 55 años y 7,35 entre 56 y 65. El estado de salud percibido es uno de los factores más determinantes. Las personas con una percepción negativa presentan una media de 5,00, frente al 6,20 de quienes tienen una valoración media y al 7,62 de quienes perciben su salud como positiva.]]></page>
<page method="xml-texts" num="228"><![CDATA[IX Estudio de salud 228 También se observan diferencias relevantes según el entorno personal. Quienes tienen hijos alcanzan una media de 7,27, frente al 6,86 de quienes no tienen. El estrés muestra una relación clara: quienes no han sufrido estrés en el último año presentan un nivel de satisfacción notablemente más alto, con 8,35, frente al 6,80 de quienes sí lo han experimentado. Finalmente, el estado de salud emocional guarda una relación directa con la satisfacción vital. Las personas con un estado emocional negativo presentan una media de 3,70, muy por debajo del 5,93 de quienes se sitúan en un nivel medio y del 7,35 de quienes tienen un estado emocional positivo.]]></page>
<page method="xml-texts" num="229"><![CDATA[229 IX Estudio de salud Gráfico: Grado de satisfacción con la vida]]></page>
<page method="xml-texts" num="230"><![CDATA[IX Estudio de salud 230 Existen diferencias territoriales en el nivel de satisfacción con la vida, aunque en general los valores se mantienen en niveles relativamente homogéneos. Las puntuaciones más elevadas se registran en Aragón, con 7,50, seguida de Castilla y León con 7,43 y Madrid con 7,42. También destacan Baleares con 7,30 y La Rioja con 7,28. En un nivel intermedio se sitúan comunidades como la Comunidad Valenciana, con 7,20, Castilla-La Mancha con 7,19, Andalucía con 7,16 y Cataluña con 7,17. Los valores más bajos se concentran en regiones como Murcia, que presenta la menor puntuación con 6,58, así como Galicia con 6,77, Canarias con 6,79, País Vasco con 6,99 y Navarra con 6,98. En conjunto, aunque existen diferencias, todas las comunidades se mantienen en niveles cercanos o superiores al aprobado, con una brecha moderada entre territorios.]]></page>
<page method="xml-texts" num="231"><![CDATA[231 IX Estudio de salud Gráfico: Grado de satisfacción con la vida]]></page>
<page method="xml-texts" num="232"><![CDATA[IX Estudio de salud 232 En línea con la evolución de la satisfacción con la vida, el nivel de felicidad percibida también mejora en 2026. El 76,2% de los encuestados se declara muy o bastante feliz, por encima del 73,5% registrado en 2025 y en niveles similares a los de 2024. Dentro de este grupo, el 9,9% se considera muy feliz y el 66,3% bastante feliz. Por el contrario, el porcentaje de personas que se declaran poco o nada felices desciende hasta el 23,8%, frente al 26,5% del año anterior. En este grupo, el 21,4% se considera poco feliz y el 2,4% nada feliz. Gráfico: Grado de felicidad percibido]]></page>
<page method="xml-texts" num="233"><![CDATA[233 IX Estudio de salud El nivel de felicidad presenta diferencias claras según distintos factores. Por sexo, los hombres muestran mayores niveles de felicidad, con un 79,8% que se declara muy o bastante feliz, frente al 72,8% de las mujeres. Por edad, los niveles más bajos se concentran en las edades intermedias, con un 69,4% entre 26 y 40 años y un 71,6% entre 41 y 55. La felicidad aumenta en los grupos de mayor edad, alcanzando el 83,3% entre 56 y 65 años y el 82,8% entre los mayores de 65. Los jóvenes de 18 a 25 años se sitúan en un 78,4%. La situación económica también influye de forma significativa. Quienes perciben que su situación ha mejorado alcanzan un 85,4% de felicidad, frente al 80,6% de quienes se mantienen igual y al 62,4% de quienes consideran que ha empeorado. El estado físico guarda una relación directa: el 82,8% de quienes están satisfechos con su estado físico se declara feliz, frente al 42,3% de quienes no lo están. El estrés vuelve a marcar diferencias importantes. Entre quienes no han sufrido estrés, el nivel de felicidad asciende al 96,6%, mientras que desciende al 70,8% entre quienes sí lo han experimentado. Por último, el estado emocional es el factor más determinante. Solo el 18,7% de quienes presentan un estado emocional negativo se declara feliz, frente al 51,8% de quienes tienen un estado medio y al 81,9% de quienes presentan un estado positivo.]]></page>
<page method="xml-texts" num="234"><![CDATA[IX Estudio de salud 234 Gráfico: Grado de felicidad percibido]]></page>
<page method="xml-texts" num="235"><![CDATA[235 IX Estudio de salud A nivel territorial, también se observan diferencias en los niveles de felicidad. La Rioja presenta el mayor porcentaje de población feliz, con un 88,0%, seguida del País Vasco con 82,7% y Andalucía con 79,5%. También destacan Asturias con 78,0% y Madrid con 77,8%. En un nivel intermedio se sitúan comunidades como Aragón y la Comunidad Valenciana, ambas con 76,1%, Castilla y León con 76,0% y Canarias también con 76,0%. Los niveles más bajos se registran en Castilla-La Mancha, con un 65,4%, y Cantabria, con un 64,8%, que se sitúan claramente por debajo del resto de territorios.]]></page>
<page method="xml-texts" num="236"><![CDATA[IX Estudio de salud 236 Gráfico: Grado de felicidad percibido según CC. AA.]]></page>
<page method="xml-texts" num="237"><![CDATA[237 IX Estudio de salud La salud se mantiene como el principal pilar para tener una vida feliz, con un 68,5% de menciones, aunque continúa la ligera tendencia descendente observada en los últimos años. En segundo lugar, se sitúan las relaciones de pareja e hijos, con un 59,6%, y las relaciones sociales con amigos y familiares ocupan la tercera posición con un 44,8%, aunque muestran un descenso respecto a años anteriores. Aumenta la importancia atribuida a la situación económica y profesional, que alcanza el 39,1%, así como la conciliación entre vida personal y laboral, con un 28,5%. Otros aspectos relevantes son el tiempo libre y las actividades de ocio (31,3%) y disponer de una buena vivienda (28,1%).]]></page>
<page method="xml-texts" num="238"><![CDATA[IX Estudio de salud 238 Gráfico: Aspectos más importantes para tener una vida feliz Aunque la salud se mantiene como el aspecto más importante en todos los segmentos, se observan diferencias relevantes según el perfil. Por sexo, la salud es el aspecto más importante en ambos casos, aunque tiene mayor peso entre las mujeres, con un 71,3% frente al 65,7% de los]]></page>
<page method="xml-texts" num="239"><![CDATA[239 IX Estudio de salud hombres. También las mujeres dan algo más de importancia a la relación de pareja e hijos (60,1% vs. 59,2%) y a la vivienda (29,1% vs. 27,0%), mientras que los hombres destacan ligeramente más el tiempo libre (33,3% vs. 29,4%) y la conciliación (30,7% vs. 26,4%). Por edad, la salud aumenta progresivamente con la edad, desde el 61,5% en los jóvenes de 18 a 25 años hasta el 77,0% en los mayores de 65. En cambio, el éxito profesional y económico pierde peso con los años, pasando del 54,0% en los más jóvenes al 31,1% en los mayores de 65. Las relaciones con amigos y familiares también son más relevantes en edades tempranas, con un 56,5% en jóvenes frente a valores en torno al 45%- 48% en edades más avanzadas. La conciliación alcanza sus niveles más altos en las edades intermedias, con un 36,5% entre los 26 y 40 años y un 34,5% entre los 41 y 55. Según la situación familiar, tener hijos introduce diferencias claras. Las relaciones de pareja e hijos alcanzan el 69,8% entre quienes tienen hijos, mientras que descienden al 41,5% entre quienes no los tienen. Quienes no tienen hijos priorizan más las relaciones con amigos y familiares, con un 49,8% frente al 42,1%, así como el tiempo libre, con un 35,7% frente al 28,8%. También dan algo más de importancia a la conciliación (32,2% vs. 26,4%) y a la situación económica (42,6% vs. 37,2%). En cuanto a la convivencia, quienes viven solos otorgan mayor importancia a la salud, con un 75,6% frente al 67,8% de quienes no viven solos, y también a las relaciones con amigos y familiares, con un 56,6% frente al 43,5%. Entre quienes no viven solos destacan más las relaciones de pareja e hijos, con un 62,8% frente al 30,6%.]]></page>
<page method="xml-texts" num="240"><![CDATA[IX Estudio de salud 240 Por situación laboral, quienes no trabajan priorizan más la salud, con un 72,6% frente al 65,4% de quienes trabajan, y también dan algo más de importancia a las relaciones personales, tanto de pareja (61,2% vs. 58,4%) como con amigos y familiares (47,9% vs. 42,5%). Entre quienes trabajan cobra más relevancia la conciliación, con un 34,2% frente al 20,9%, así como el tiempo libre, con un 32,6% frente al 29,6%. Gráfico: Aspectos más importantes para tener una vida feliz La percepción de llevar un estilo de vida saludable mejora ligeramente en 2026. La valoración media alcanza el 7,24, por encima del 7,11 de 2025, manteniéndose en niveles elevados.]]></page>
<page method="xml-texts" num="241"><![CDATA[241 IX Estudio de salud El 23,3% de los encuestados se sitúa en puntuaciones de 9 a 10 y un 48,9% en el tramo de 7 a 8, cifra que aumenta con respecto al año anterior (45,6%). Los niveles intermedios (5-6) agrupan al 21,2%, mientras que las valoraciones negativas siguen siendo minoritarias: un 4,2% entre 3 y 4 y un 2,4% entre 0 y 2.]]></page>
<page method="xml-texts" num="242"><![CDATA[IX Estudio de salud 242 Gráfico: Estilo de vida sano/saludable]]></page>
<page method="xml-texts" num="243"><![CDATA[243 IX Estudio de salud Las diferencias por sexo son prácticamente inexistentes, con valoraciones muy similares entre hombres (7,24) y mujeres (7,23). Por edad, la percepción mejora progresivamente con los años. Los niveles más bajos se registran entre los jóvenes (6,95 en 18-25 años), mientras que el valor más alto se alcanza entre los mayores de 65 años, con 7,71. La situación económica influye de forma clara: quienes perciben que su situación ha mejorado presentan una media de 7,58, frente al 7,40 de quienes se mantienen igual y al 6,73 de quienes consideran que ha empeorado. La alimentación es uno de los factores más determinantes. Quienes creen llevar una alimentación saludable alcanzan una valoración de 7,79, frente al 6,35 de quienes consideran que su alimentación es intermedia y al 4,75 de quienes no la consideran saludable. También existe una relación directa con el estado emocional: las personas con un estado emocional positivo alcanzan una media de 7,37, frente al 6,20 en niveles medios y al 4,71 en estados emocionales negativos.]]></page>
<page method="xml-texts" num="244"><![CDATA[IX Estudio de salud 244 Gráfico: Estilo de vida sano/saludable A nivel territorial, las diferencias son moderadas, aunque se observan algunas variaciones relevantes. Aragón y La Rioja presentan la mayor valoración media, con 7,58, seguida de Castilla y León con un 7,56 y Madrid con 7,51. También destacan la Comunidad Valenciana (7,37), Andalucía (7,34) y Canarias (7,33), todas ellas en niveles elevados.]]></page>
<page method="xml-texts" num="245"><![CDATA[245 IX Estudio de salud Gráfico: Estilo de vida sano/saludable según CC. AA. En el extremo inferior se sitúan Asturias (6,66) y País Vasco y Navarra (6,88), que presentan las valoraciones más bajas.]]></page>
<page method="xml-texts" num="246"><![CDATA[IX Estudio de salud 246 La forma en la que se gestionan los problemas o las emociones se mantiene como el principal motivo para considerar que se lleva un estilo de vida sano, alcanzando el 48,1% en 2026 y consolidando una tendencia relativamente estable respecto a años anteriores (47,3% en 2025 y 46,5% en 2024). Muy cerca se sitúan la alimentación, con un 46,1%, y las relaciones sociales y familiares, con un 45,3%, esta última además en crecimiento respecto a 2025, cuando registraba un 41,3%. En cuanto al ocio y las actividades deportivas, son mencionadas por un 40,3%, aunque en este caso con una ligera tendencia a la baja si se compara con años anteriores, especialmente frente al 41,4% de 2023 o el 45,9% de 2022. Por su parte, los hábitos de sueño continúan ganando peso y alcanzan el 36,3%, lo que supone una evolución positiva sostenida desde el 26,9% registrado en 2021. El tiempo dedicado al autocuidado se sitúa en un 28,8%, manteniéndose en niveles similares a los últimos años, mientras que las menciones a otros motivos siguen siendo minoritarias, con un 5,5%.]]></page>
<page method="xml-texts" num="247"><![CDATA[247 IX Estudio de salud Gráfico: Motivos para considerar que lleva un estilo de vida sano/saludable Entre quienes no consideran llevar un estilo de vida saludable, la gestión de problemas o emociones también aparece como el principal motivo, incluso con mayor intensidad, alcanzando el 55,9% en 2026 y mostrando una tendencia al alza respecto a 2025 (54,3%) y 2024 (51,9%). La alimentación, con un 44,3%, sigue siendo uno de los factores más relevantes, aunque desciende de forma notable respecto a 2024 (53,1%) y se sitúa por debajo de niveles registrados en años anteriores como 2022 (60,9%). Los hábitos de sueño alcanzan también el 44,3%, mostrando una evolución claramente creciente desde el 36,5% de 2021.]]></page>
<page method="xml-texts" num="248"><![CDATA[IX Estudio de salud 248 Gráfico: Motivos para considerar que lleva un estilo de vida sano/saludable Las relaciones sociales y familiares se sitúan en un 36,2%, en línea con años anteriores, mientras que el tiempo dedicado al autocuidado sube hasta el 34,3%, aunque todavía por debajo del pico alcanzado en 2023 (34,9%). Por su parte, el ocio y la actividad física se mencionan en un 33,1%, manteniendo una tendencia descendente.]]></page>
<page method="xml-texts" num="249"><![CDATA[249 IX Estudio de salud 2.3 El estrés El porcentaje de personas que ha experimentado estrés en el último año se sitúa en el 79,0% y se mantiene estable respecto a ejercicios anteriores (80,4% en 2025 y 78,5% en 2024). Se confirma así que el estrés sigue siendo una realidad muy extendida en la población. En términos de frecuencia, la mayoría de los casos se concentra en niveles moderados. Un 60,9% declara haber sentido estrés “varios días”, mientras que las situaciones de mayor intensidad son menos habituales: el 12,1% lo ha experimentado más de la mitad de los días y un 6,0% casi a diario. Por su parte, el 21,0% afirma no haber sufrido estrés en el último año, una proporción muy similar a la de años anteriores.]]></page>
<page method="xml-texts" num="250"><![CDATA[IX Estudio de salud 250 Gráfico: El estrés en el último año El estrés presenta diferencias claras según el perfil de los encuestados. Por sexo, es más frecuente entre las mujeres, con un 83,3% que declara haberlo sufrido, frente al 74,5% de los hombres. Por edad, la incidencia es especialmente alta entre los más jóvenes: el 95,0% de los menores de 30 años ha experimentado estrés, porcentaje que disminuye progresivamente con la edad hasta el 58,7% en los mayores de 65 años.]]></page>
<page method="xml-texts" num="251"><![CDATA[251 IX Estudio de salud La situación económica también influye de forma relevante. Entre quienes perciben que su situación ha empeorado, el porcentaje asciende al 83,4%, mientras que se reduce al 75,4% entre quienes consideran que se mantiene estable. El estrés es más habitual entre las personas que trabajan (85,4%) que entre las que no lo hacen (70,6%). También se observa una mayor incidencia entre quienes tienen estudios superiores (82,3%). El estado emocional es el factor más determinante. El 99,2% de las personas con un estado emocional negativo declara haber sufrido estrés, frente al 81,0% de quienes tienen un estado emocional positivo, lo que refleja una relación directa entre ambas variables.]]></page>
<page method="xml-texts" num="252"><![CDATA[IX Estudio de salud 252 Gráfico: El estrés en el último año]]></page>
<page method="xml-texts" num="253"><![CDATA[253 IX Estudio de salud A nivel territorial, el estrés está presente en todas las comunidades autónomas, aunque con diferencias relevantes en su intensidad. Los niveles más bajos se registran en Asturias (65,9%), Aragón (67,9%) y Castilla y León (67,9%), donde la proporción de personas que ha sufrido estrés es inferior a la media. En el extremo contrario, Baleares (92,2%) y Navarra (92%) presentan los valores más elevados, lo que indica una mayor incidencia en estos territorios. El resto de comunidades se sitúa en posiciones intermedias, como Madrid (71,2%) o Cataluña (72,6%), con niveles también elevados, pero algo más contenidos. En conjunto, aunque existen variaciones, el estrés es una experiencia generalizada en todo el país.]]></page>
<page method="xml-texts" num="254"><![CDATA[IX Estudio de salud 254 Gráfico: El estrés en el último año]]></page>
<page method="xml-texts" num="255"><![CDATA[255 IX Estudio de salud El estrés puede responder a múltiples factores. Las dificultades laborales son el principal origen, mencionadas por el 39,6% de los encuestados. A continuación, se sitúan las tensiones con familiares o amigos (35,9%) y los problemas económicos (34,5%), aunque estos últimos descienden respecto a años anteriores. Otros factores relevantes son situaciones personales como el fallecimiento o la enfermedad de personas cercanas, señaladas por el 24,1%. En cuanto a cómo se manifiesta el estrés, predominan los síntomas psicológicos, mencionados por el 46,4% de quienes lo han sufrido, y que además aumentan respecto a ejercicios anteriores. También aparecen problemas físicos (27,5%), mientras que las dificultades relacionadas con la alimentación (12,8%) y las manifestaciones psicosomáticas (8,8%) tienen menor peso.]]></page>
<page method="xml-texts" num="256"><![CDATA[IX Estudio de salud 256 Gráfico: Caracterización del estrés]]></page>
<page method="xml-texts" num="257"><![CDATA[257 IX Estudio de salud El estrés tiene un impacto claro en el bienestar de las personas. Quienes han sufrido estrés presentan una peor valoración de su estado emocional, con una media de 7,04 frente al 8,68 de quienes no lo han experimentado. Esta diferencia también se observa en la satisfacción con la vida, que se sitúa en 6,80 entre quienes han sufrido estrés y en 8,35 entre quienes no. El nivel de felicidad también se ve alterado por el estrés. El 70,8% de quienes han sufrido estrés se considera feliz, frente al 96,6% entre quienes no lo han experimentado.]]></page>
<page method="xml-texts" num="258"><![CDATA[IX Estudio de salud 258 Gráfico: Repercusión del estrés en las personas El porcentaje de personas que declara haber tomado medidas para evitar el estrés se mantiene en niveles similares a los de años anteriores, aunque con una ligera moderación. En 2026, el 43,9% afirma haber adoptado algún tipo de acción, una cifra por encima del 40% pero inferior a la registrada en 2024 (50,2%) y 2023 (49,4%). Entre las medidas más habituales, destaca el cambio de rutinas y hábitos, mencionado por el 40,1% de quienes han tomado alguna acción. Le siguen las actividades de ocio o el tiempo compartido con amigos (33,5%) y la]]></page>
<page method="xml-texts" num="259"><![CDATA[259 IX Estudio de salud realización de actividades de mejora personal (32,9%), lo que refleja una combinación de estrategias orientadas tanto al bienestar emocional como al desarrollo personal. El recurso a medicación o suplementos se sitúa en el 30,2% y desciende respecto al año anterior, mientras que la atención psicológica continúa ganando peso, alcanzando el 24,0%.]]></page>
<page method="xml-texts" num="260"><![CDATA[IX Estudio de salud 260 Gráfico: Medidas para evitar el estrés]]></page>
<page method="xml-texts" num="261"><![CDATA[261 IX Estudio de salud La adopción de medidas frente al estrés varía según el perfil de los encuestados. Por sexo, las mujeres muestran una mayor tendencia a actuar, con un 47,5% que declara haber tomado medidas, frente al 39,7% de los hombres. Por edad, el grupo más activo es el de 41 a 55 años (50,2%), mientras que los más jóvenes (18-25 años) y los mayores de 65 presentan niveles más bajos, en torno al 36,6% y 34,2%, respectivamente. También se observan diferencias según la situación personal. Las personas con hijos (46,2%) y aquellas que trabajan (46,4%) son más propensas a tomar medidas que quienes no tienen hijos o no están trabajando. El estado emocional vuelve a ser un factor clave: el 53,5% de quienes perciben su salud emocional como negativa ha tomado medidas, frente al 41,9% de quienes la valoran positivamente.]]></page>
<page method="xml-texts" num="262"><![CDATA[IX Estudio de salud 262 Gráfico: Medidas para evitar el estrés]]></page>
<page method="xml-texts" num="263"><![CDATA[263 IX Estudio de salud El estrés y el sueño están estrechamente relacionados. Más del 80% de las personas que han experimentado estrés reconoce que este les ha afectado a la hora de dormir. En 2026, el 21,2% afirma que el estrés le afecta al sueño de forma frecuente, una cifra inferior a la de 2025 (24,3%), lo que apunta a una ligera mejora en los casos más intensos. La mayoría, señala que esta dificultad se produce de forma ocasional (59,1%), mientras que el 19,6% indica que no le afecta. A pesar de esta relación, el porcentaje de personas que adopta medidas específicas para mejorar el sueño es minoritario. Un 39,4% declara hacer algo para dormir mejor, frente a un 60,6% que no toma ninguna acción. Entre quienes sí actúan, la medida más habitual es mantener una rutina de sueño regular (42,8%), seguida del uso de infusiones o suplementos naturales (38,2%). También destacan evitar la cafeína o el alcohol (34,0%) y realizar ejercicio físico (33,7%). Otras acciones, como reducir el uso de dispositivos electrónicos (30,8%) o aplicar técnicas de relajación (29,3%), también tienen una presencia relevante.]]></page>
<page method="xml-texts" num="264"><![CDATA[IX Estudio de salud 264 Gráfico: Estrés y sueño]]></page>
<page method="xml-texts" num="265"><![CDATA[265 IX Estudio de salud Gráfico: Estrés y sueño]]></page>
<page method="xml-texts" num="266"><![CDATA[IX Estudio de salud 266 Las dificultades para dormir asociadas al estrés no afectan por igual a todos los grupos. Por sexo, las mujeres presentan una mayor incidencia de problemas frecuentes de sueño derivados del estrés (25,3%) en comparación con los hombres (16,5%). Por edad, el grupo de 18 a 25 años destaca como uno de los más afectados en términos de frecuencia (26,2% declara sentir dificultades frecuentemente), mientras que los mayores de 65 años muestran menores niveles de afectación intensa. La situación económica también influye: entre quienes consideran que su situación ha empeorado, el 30,0% afirma que el estrés le afecta al sueño de forma frecuente, frente a porcentajes más bajos entre quienes perciben estabilidad o mejora. Las personas con hijos presentan una mayor incidencia de dificultades frecuentes (22,4%) que quienes no los tienen. En cuanto al estado emocional, más de la mitad de quienes tienen un estado emocional negativo (51,8%) declara que el estrés afecta a su sueño de forma frecuente, frente al 16,6% entre quienes tienen un estado emocional positivo.]]></page>
<page method="xml-texts" num="267"><![CDATA[267 IX Estudio de salud Gráfico: ¿Siente que el estrés le dificulta el sueño?]]></page>
<page method="xml-texts" num="268"><![CDATA[IX Estudio de salud 268 La satisfacción con el puesto de trabajo mantiene una evolución positiva en los últimos años y se consolida en 2026. El 63,9% de los trabajadores declara estar muy o bastante satisfecho con su empleo, lo que supone una mejora respecto a 2025 (62,0%) y confirma la tendencia ascendente iniciada en 2023. Dentro de este dato, el porcentaje de quienes se declaran muy satisfechos se sitúa en el 19,5%, mientras que el 44,3% se considera bastante satisfecho. El nivel de insatisfacción continúa reduciéndose y se mantiene en niveles contenidos: el 8,4% de los encuestados se declara insatisfecho con su trabajo, por debajo de los registros de años anteriores. 2.4 Satisfacción laboral]]></page>
<page method="xml-texts" num="269"><![CDATA[269 IX Estudio de salud Gráfico: Satisfacción laboral La satisfacción laboral presenta diferencias relevantes según el perfil de los trabajadores. Por sexo, los hombres muestran niveles ligeramente superiores de satisfacción (65,4%) frente a las mujeres (62,1%). Por edad, la satisfacción aumenta generalmente con los años, alcanzando su nivel más alto entre los mayores de 65 años (77,2%), mientras que los más jóvenes (18-25 años) presentan niveles más bajos (58,3%). La situación económica influye de forma clara. Entre quienes perciben que su situación ha mejorado, el 77,7% se declara satisfecho con su trabajo, frente al 49,9% entre quienes consideran que ha empeorado.]]></page>
<page method="xml-texts" num="270"><![CDATA[IX Estudio de salud 270 El estrés y el estado emocional también condicionan la satisfacción laboral. Entre quienes no han sufrido estrés en el último año, la satisfacción alcanza el 85,6%, muy por encima del 60,2% registrado entre quienes sí lo han experimentado. De forma similar, la satisfacción aumenta a medida que mejora el estado de salud emocional, pasando del 39,5% en niveles negativos al 65,2% en niveles positivos.]]></page>
<page method="xml-texts" num="271"><![CDATA[271 IX Estudio de salud Gráfico: Satisfacción laboral]]></page>
<page method="xml-texts" num="272"><![CDATA[IX Estudio de salud 272 Aunque sigue siendo minoritaria, aumenta ligeramente la proporción de trabajadores que se plantea cambiar de empleo. En 2026, el 27,8% afirma estar considerando un cambio en los próximos meses, por encima del 23,7% de 2025 y del 24,2% de 2023. El principal motivo para plantearse este cambio continúa siendo el salario, mencionado por el 44,8% de quienes están valorando esta opción, con un incremento respecto a años anteriores. A continuación, se sitúan factores relacionados con la calidad del empleo, como la flexibilidad horaria o el teletrabajo (15,9%) y el ambiente laboral (11,4%). Otros aspectos como el plan de carrera (8,7%), los beneficios sociales (8,6%) o la retribución variable (7,4%) tienen menor peso, aunque siguen formando parte de la decisión.]]></page>
<page method="xml-texts" num="273"><![CDATA[273 IX Estudio de salud Gráfico: Posibilidad de cambio de trabajo]]></page>
<page method="xml-texts" num="274"><![CDATA[IX Estudio de salud 274 La intención de cambiar de trabajo varía según distintos perfiles. Por sexo, las mujeres muestran una mayor predisposición (29,3%) frente a los hombres (26,6%). Por edad, el interés por el cambio es claramente más alto entre los jóvenes, especialmente en el grupo de 18 a 25 años (42,0%), y desciende progresivamente con la edad hasta situarse en el 11,4% entre los mayores de 65 años. La situación económica vuelve a ser determinante. Entre quienes consideran que su situación ha empeorado, el 38,6% se plantea cambiar de empleo, frente al 22,7% entre quienes perciben estabilidad. También el estrés influye de forma significativa: el 31,1% de quienes han sufrido estrés en el último año contempla un cambio, frente al 8,5% de quienes no lo han experimentado. De forma similar, las personas con peor estado emocional muestran mayor predisposición a cambiar de trabajo, frente a las personas con mejor estado emocional (46,8% vs. 25,9%).]]></page>
<page method="xml-texts" num="275"><![CDATA[275 IX Estudio de salud Gráfico: Posibilidad de cambio de trabajo Al analizar en mayor detalle algunos factores concretos, se observa que las condiciones laborales siguen siendo un elemento clave en la toma de decisiones.]]></page>
<page method="xml-texts" num="276"><![CDATA[IX Estudio de salud 276 En 2026, el 40,9% de los trabajadores estaría dispuesto a cobrar menos a cambio de mejores medidas de conciliación, manteniéndose en niveles muy similares a los últimos años (40,4% en 2025 y 40,4% en 2023), aunque ligeramente por encima del dato de 2024 (39,3%). Por otro lado, el porcentaje de trabajadores que se cambiaría a otra empresa que no ofreciera la posibilidad de teletrabajar se sitúa en el 34,6% en 2026. Este dato supone un ligero incremento respecto a 2025 (33,8%) y una recuperación frente a 2024 (31,7%), acercándose nuevamente a niveles similares a los de 2023 (33,3%). Gráfico: Posibilidad de cambio de trabajo: profundización]]></page>
<page method="xml-texts" num="277"><![CDATA[277 IX Estudio de salud La disposición a aceptar cambios en las condiciones laborales presenta diferencias claras según el perfil. Las personas con hijos muestran una mayor predisposición a cobrar menos a cambio de más conciliación (44,2%) en comparación con quienes no los tienen (35,2%). También es más elevada entre quienes han teletrabajado (47,7%) frente a quienes no lo han hecho (35,5%). El estrés vuelve a jugar un papel relevante: el 42,9% de quienes lo han sufrido estaría dispuesto a aceptar este intercambio, frente al 29,4% entre quienes no han experimentado estrés. Por otro lado, quienes no viven solos presentan mayor predisposición que quienes viven solos (42,5% vs. 22,7%).]]></page>
<page method="xml-texts" num="278"><![CDATA[IX Estudio de salud 278 Gráfico: ¿Estaría dispuesto a cobrar menos a cambio de más medidas de conciliación? La posibilidad de cambiar a una empresa que no ofrezca teletrabajo también depende del perfil del trabajador. Los más jóvenes son los más dispuestos a hacerlo, con un 53,7% en el grupo de 18 a 25 años, frente a porcentajes significativamente menores en los grupos de mayor edad. Esta predisposición disminuye progresivamente con los años, situándose en el 17,1% entre los mayores de 65.]]></page>
<page method="xml-texts" num="279"><![CDATA[279 IX Estudio de salud El estrés vuelve a marcar diferencias: el 38,0% de quienes lo han sufrido se cambiaría, frente al 15,1% entre quienes no. Las personas que perciben un empeoramiento de su situación económica muestran mayor disposición (40,9%) que aquellas que consideran que su situación ha mejorado o se mantiene estable (34,4% y 31,3%). Gráfico: ¿Se cambiaría a otra empresa que no ofreciera la posibilidad de teletrabajar?]]></page>
<page method="xml-texts" num="280"><![CDATA[IX Estudio de salud 280 2.5 Aspectos culturales y sociales La percepción de que los aspectos sociales y culturales pueden afectar negativamente a la salud mental aumenta en 2026 y se sitúa en el 57,2%, superando el dato de 2025 (53,6%). Entre los principales aspectos señalados, la falta de apoyo social o familiar continúa siendo el más mencionado (44,8%), seguido de la discriminación o los prejuicios (42,5%). Ambos factores mantienen un peso elevado, aunque descienden ligeramente respecto al año anterior. A continuación, aparecen las expectativas culturales sobre el éxito y el rendimiento (37,8%) y la presión social asociada a estándares de belleza (26,5%). Otros elementos como la influencia de las redes sociales (20,1%) tienen una presencia menor, aunque siguen siendo relevantes, mientras que factores como la política (1,2%) o menciones genéricas (3,9%) tienen un impacto más limitado.]]></page>
<page method="xml-texts" num="281"><![CDATA[281 IX Estudio de salud Gráfico: Influencia de aspectos sociales y culturales en la salud mental]]></page>
<page method="xml-texts" num="282"><![CDATA[IX Estudio de salud 282 La percepción de que estos factores afectan a la salud mental varía de forma significativa según el perfil de los encuestados. Por sexo, las mujeres muestran una mayor sensibilidad a este impacto (58,8%) que los hombres (55,5%). Por edad, los niveles más altos se concentran en los menores de 55 años, con valores especialmente elevados entre los grupos de 26 a 40 años (64,1%) y de 41 a 55 años (61,4%), mientras que descienden entre los mayores de 65 (44,3%). La situación económica vuelve a marcar diferencias claras. Entre quienes perciben que su situación ha empeorado, el 65,1% considera que estos aspectos afectan a la salud mental, frente al 53,0% entre quienes indican estabilidad. Según nivel de estrés, el 63,0% de quienes han sufrido estrés en el último año consideran que estos aspectos afectan negativamente, frente al 35,5% de quienes no han sufrido estrés. En cuanto a la situación laboral, el porcentaje es del 61,1% entre quienes trabajan y del 52,0% entre quienes no trabajan. Según estado de salud emocional, los porcentajes son del 77,1% entre quienes tienen un estado negativo (0-4), 64,6% entre quienes tienen un estado medio (5-6) y 56,6% entre quienes presentan un estado positivo (7-10).]]></page>
<page method="xml-texts" num="283"><![CDATA[283 IX Estudio de salud Gráfico: Influencia de aspectos sociales y culturales en la salud mental]]></page>
<page method="xml-texts" num="284"><![CDATA[IX Estudio de salud 284 En términos generales, la mayoría de los padres y madres considera que la maternidad o paternidad no tiene un impacto negativo en su salud mental. En 2026, el 62,0% afirma que no le afecta, mientras que un 26,3% considera que tiene un efecto positivo y un 11,7% señala un impacto negativo. En cuanto a los principales desafíos emocionales asociados a la maternidad y paternidad, la ansiedad por el bienestar del hijo continúa siendo el más mencionado (38,3%), aunque desciende respecto a 2025 (44,4%). Le siguen la dificultad para conciliar la vida laboral y familiar (35,7%) y el estrés derivado de la responsabilidad de cuidado (35,3%). Otros aspectos como los cambios en la relación de pareja (24,3%), la presión social por cumplir con el rol de “buen padre/madre” (22,4%) o los sentimientos de soledad (13,8%) tienen menor peso, aunque siguen presentes.]]></page>
<page method="xml-texts" num="285"><![CDATA[285 IX Estudio de salud Gráfico: Paternidad / maternidad y salud mental]]></page>
<page method="xml-texts" num="286"><![CDATA[IX Estudio de salud 286 El impacto percibido de la paternidad o maternidad sobre la salud mental presenta variaciones según distintos perfiles. Por sexo, los hombres tienden a percibir en mayor medida un impacto positivo (29,8%) que las mujeres (23,3%), mientras que el impacto negativo se mantiene prácticamente igual en ambos casos (11,7%). Por edad, los más jóvenes muestran una visión más positiva, especialmente en el grupo de 18 a 25 años (43,9%), mientras que en los grupos de mayor edad aumenta la percepción de que no existe impacto (79,4%). La situación económica también influye: entre quienes consideran que su situación ha mejorado, el 42,3% percibe un impacto positivo, frente a porcentajes más bajos entre quienes indican estabilidad o empeoramiento (23,4%). Si se atiende al nivel de estrés, quienes lo han sufrido en el último año presentan una mayor percepción de impacto negativo (14,8%), frente a un 1,0% entre quienes no lo han experimentado, mientras que las diferencias en el impacto positivo son más moderadas (26,4% vs. 25,9%). Por último, según el estado de salud emocional, el impacto negativo es significativamente mayor entre quienes presentan un estado negativo (31,6%), frente a un 18,1% en estado medio y un 10,8% en estado positivo. La percepción de impacto positivo aumenta ligeramente a medida que mejora el estado emocional, pasando del 20,7% en niveles bajos al 26,9% en niveles altos.]]></page>
<page method="xml-texts" num="287"><![CDATA[287 IX Estudio de salud Gráfico: ¿En qué medida afecta la paternidad / maternidad a la salud mental?]]></page>
<page method="xml-texts" num="288"><![CDATA[IX Estudio de salud 288 El porcentaje de personas que se ha planteado realizarse un tratamiento estético influenciado por las redes sociales continúa siendo minoritario y, además, desciende en 2026 hasta el 8,8%, frente al 11,1% registrado en 2025. Aun así, existen diferencias relevantes entre perfiles. Por sexo, las mujeres muestran una mayor predisposición (10,6%) que los hombres (6,9%). Según la situación económica el porcentaje es mayor entre quienes perciben una mejora económica (15,6%), frente a quienes consideran que su situación se mantiene estable (6,5%). Por edad, la influencia de las redes sociales es más significativa entre los más jóvenes, con un 15,0% en el grupo de 18 a 25 años y un 16,1% entre los 26 y 40 años, mientras que desciende notablemente a partir de los 55 años.]]></page>
<page method="xml-texts" num="289"><![CDATA[289 IX Estudio de salud Gráfico: Tratamientos estéticos influenciados por las RR.SS.]]></page>
<page method="xml-texts" num="290"><![CDATA[IX Estudio de salud 290]]></page>
<page method="xml-texts" num="291"><![CDATA[Acceder Acceder Bloque 3. Cuidado de la salud 3.1. Automedicación 3.2. Tecnologías para la salud y su evolución 3.3. Salud y sostenibilidad 3.4. Hábitos de ocio]]></page>
<page method="xml-texts" num="292"><![CDATA[292 IX Estudio de salud 3.1 Automedicación La automedicación en España continúa siendo minoritaria y mantiene una tendencia descendente por segundo año consecutivo. En 2026, el 32,9% de los encuestados declara tomar algún tipo de medicación sin prescripción médica, lo que supone una caída respecto al 37,1% registrado en 2025 o al 38,6% de 2024. El 67,1% afirma no automedicarse en 2026. En cuanto al tipo de automedicación, dentro de ese 32,9% predominan los medicamentos (15,4%), seguidos de la homeopatía o medios naturales (12,4%) y, en menor medida, el uso combinado de ambos (5,2%). Cuidado de la salud]]></page>
<page method="xml-texts" num="293"><![CDATA[IX Estudio de salud 293 Gráfico: Automedicación en España]]></page>
<page method="xml-texts" num="294"><![CDATA[294 IX Estudio de salud Por perfiles, la automedicación es ligeramente más frecuente entre las mujeres (34,1%) que entre los hombres (31,6%). Por edad, se concentra principalmente entre los 26 y 55 años, con un 41,7% en el grupo de 26 a 40 años y un 37,3% entre los 41 y 55. Esta cifra desciende en los grupos de entre 18 y 25 años (35,4%), entre 56 y 65 años (27,7%) y entre los mayores de 65 (21,5%). Según la situación laboral, el 38,1% de quienes trabajan se automedica, frente al 26,1% de quienes no lo hacen. También destaca la diferencia según hábitos de vida: entre quienes han hecho dieta en el último año, el porcentaje asciende al 46,8%, mientras que entre quienes no lo han hecho se sitúa en el 27,1%. A nivel territorial, se observan diferencias relevantes. Baleares presenta el mayor nivel de automedicación, con un 48,1%, seguida de la Comunidad Valenciana (47,0%) y Murcia (45,9%). Castilla y León registra el porcentaje más bajo (18,9%), junto con Aragón (24,0%) y Canarias (24,3%). Otras comunidades como Cantabria y Castilla-La Mancha se sitúan en torno al 37%, mientras que Andalucía (32,0%), Cataluña (31,2%) o Madrid (30,7%) muestran niveles intermedios.]]></page>
<page method="xml-texts" num="295"><![CDATA[IX Estudio de salud 295 Gráfico: Automedicación]]></page>
<page method="xml-texts" num="296"><![CDATA[296 IX Estudio de salud Gráfico: Automedicación]]></page>
<page method="xml-texts" num="297"><![CDATA[IX Estudio de salud 297 En cuanto a los motivos para automedicarse, no existe una razón claramente dominante, aunque destacan dos principales. El 35,8% afirma que lo hace porque considera que sabe qué le recetaría su médico en función de los síntomas, una cifra ligeramente inferior al 36,5% de 2025 y al 38,2% de 2024. El segundo motivo es pensar que lo que le ocurre no es grave, con un 32,9%, aumentando respecto al 28,3% del año anterior. También aparecen razones vinculadas al acceso al sistema sanitario, como las listas de espera largas (23,1%) o la falta de tiempo para acudir a consulta (21,7%), ambas en niveles similares a años previos. También un 17,1% señala que toma siempre lo mismo, mientras que “otros motivos” descienden hasta el 8,8%.]]></page>
<page method="xml-texts" num="298"><![CDATA[298 IX Estudio de salud Gráfico: Automedicación: motivos El análisis por perfiles muestra algunas diferencias relevantes en los motivos de automedicarse. Los hombres destacan más que las mujeres en la idea de que lo que les ocurre no es grave (37,6% frente a 28,7%), mientras que las mujeres presentan porcentajes superiores en el supuesto conocimiento previo de lo que recetaría el médico (37,5% frente a 33,9%).]]></page>
<page method="xml-texts" num="299"><![CDATA[IX Estudio de salud 299 Por edad, los más jóvenes (18-25 años) destacan en la repetición de hábitos (“tomo siempre lo mismo”, 40,1%), mientras que en edades más avanzadas gana peso la percepción de menor gravedad, alcanzando el 43,6% entre 56 y 65 años. También crece progresivamente la confianza en saber qué recetaría el médico, que llega al 40,5% en los mayores. Entre los trabajadores, adquiere mayor relevancia el argumento de no perder tiempo en acudir a consulta (23,5% frente a 18,2% entre quienes no trabajan), así como el relacionado con las listas de espera (25,3% frente a 18,8%). Por su parte, entre quienes no trabajan ganan otros motivos (13,5% frente a 6,3%).]]></page>
<page method="xml-texts" num="300"><![CDATA[300 IX Estudio de salud Gráfico: Automedicación: motivos La automedicación en España se realiza principalmente para tratar problemas de carácter leve y puntual. En 2026, el 55,2% de quienes se automedican lo hacen para aliviar síntomas o dolores ocasionales, mientras que el 51,0% recurre a ella para tratar enfermedades leves. Ambos motivos se mantienen en niveles muy similares a los de años]]></page>
<page method="xml-texts" num="301"><![CDATA[IX Estudio de salud 301 anteriores, sin cambios relevantes respecto a 2025 (54,1% síntomas ocasionales y 53,6% enfermedades leves), aunque por debajo de los niveles más altos registrados en 2022 y 2021. Otros usos tienen menor peso: el 21,0% declara automedicarse por síntomas psicológicos, cifra ligeramente inferior al 23,0% de 2025, mientras que el 15,6% lo hace para tratar enfermedades crónicas o recurrentes, cifra que crece con respecto al 14,3%. Por último, un 7,8% señala no recurrir a ninguna de estas opciones.]]></page>
<page method="xml-texts" num="302"><![CDATA[302 IX Estudio de salud Gráfico: Automedicación: síntomas o enfermedades Por perfiles hay diferencias en cuanto a la automedicación. Las mujeres presentan un ligero mayor uso para síntomas ocasionales (55,6% frente a 54,7% en hombres), mientras que los hombres destacan en la automedicación por síntomas psicológicos (23,1% frente a 19,1%). Por edad, el uso para síntomas o dolores ocasionales aumenta con la edad hasta alcanzar el 67,7% entre los 56 y 65 años, mientras que entre los más jóvenes (18-25) se sitúa en el 45,9%. En el caso de enfermedades leves, también destaca el grupo de 56 a 65 años (67,5%).]]></page>
<page method="xml-texts" num="303"><![CDATA[IX Estudio de salud 303 La automedicación por síntomas psicológicos es más frecuente entre los jóvenes (36,6% en 18-25) y desciende progresivamente con la edad hasta el 12,5% en mayores de 65 años. Según la situación laboral, quienes trabajan presentan mayores porcentajes en síntomas ocasionales (56,0% frente a 53,7%) y síntomas psicológicos (22,1% frente a 18,8%). Los que no trabajan presentan una cifra superior en la categoría ninguno de los anteriores (10,6% frente a 6,4%).]]></page>
<page method="xml-texts" num="304"><![CDATA[304 IX Estudio de salud Gráfico: Automedicación: síntomas o enfermedades La automedicación se realiza principalmente mediante el uso de antiinflamatorios y/o analgésicos, que en 2026 alcanzan el 66,0%, aunque descienden respecto a 2025 (70,0%) y 2024 (72,5%), manteniendo una tendencia a la baja desde los máximos registrados en la serie en 2022 (83,3%). En segundo lugar, se sitúan los ansiolíticos y/o antidepresivos, con un 24,5%, consolidando una tendencia creciente en los últimos años (22,3% en 2025 y 18,2% en 2024).]]></page>
<page method="xml-texts" num="305"><![CDATA[IX Estudio de salud 305 El uso de antibióticos se sitúa en el 17,4%, prácticamente estable respecto a ejercicios anteriores, mientras que el 11,3% afirma no haber consumido ninguno de estos medicamentos. Gráfico: Automedicación: medicamentos utilizados Por sexo, se observa que la automedicación con antiinflamatorios y analgésicos es claramente mayor entre las mujeres (69,0%) que entre los hombres (62,6%), consolidándose como el tipo de medicamento más utilizado en ambos casos. Por edad, se aprecian diferencias más marcadas. El uso de antiinflamatorios aumenta con la edad, pasando del 50,6% en los jóvenes de 18 a 25 años hasta alcanzar el 74,6% en el grupo de 56 a 65 años.]]></page>
<page method="xml-texts" num="306"><![CDATA[306 IX Estudio de salud Los antibióticos presentan el patrón opuesto: son mucho más frecuentes entre los jóvenes (38,9% en 18-25) y descienden progresivamente hasta el 5,0% en mayores de 65. El porcentaje de quienes no consumen ninguno de estos medicamentos aumenta en los mayores de 65 (20,2%), frente a cifras más bajas en el resto de grupos. Por situación laboral, quienes trabajan presentan mayor consumo de antiinflamatorios (68,7% frente a 60,7%), mientras que entre quienes no trabajan es ligeramente superior el uso de ansiolíticos (27,1% frente a 23,1%) y en ninguno de estos medicamentos (15,5% frente a 9,1%).]]></page>
<page method="xml-texts" num="307"><![CDATA[IX Estudio de salud 307 Gráfico: Automedicación: medicamentos utilizados En relación con el consumo de medicamentos por prescripción de un influencer o famoso, ningún producto alcanza niveles mayoritarios. En 2026, los productos más mencionados son los destinados a tratar catarros o infecciones leves, con un 30,6% (aumentando respecto al 25,7% de 2025), seguidos de los suplementos vitamínicos (27,9%) y los remedios caseros para la gripe (23,8%).]]></page>
<page method="xml-texts" num="308"><![CDATA[308 IX Estudio de salud Otros productos tienen menor incidencia, como los tratamientos dermatológicos con un 14,5%, los productos cosméticos con un 11,9% (disminuyendo frente al 16,5% de 2025), y los productos para adelgazar (10,8%). El porcentaje de quienes no han consumido ninguno de estos productos se sitúa en el 30,9%, descendiendo respecto a 2025 (36,5%) y alejándose de los niveles más elevados de años anteriores, como 2022 (61,6%).]]></page>
<page method="xml-texts" num="309"><![CDATA[IX Estudio de salud 309 Gráfico: Automedicación: medicamentos utilizados por prescripción de un influencer o famoso]]></page>
<page method="xml-texts" num="310"><![CDATA[310 IX Estudio de salud Por perfiles, las mujeres presentan ligeramente mayores porcentajes en la mayoría de categorías, como en productos para catarros (31,3% frente a 29,8%) o suplementos (28,0% frente a 27,9%) excepto en productos para adelgazar, donde los hombres presentan una cifra mayor (13,6% frente a 8,3%). Por edad, el consumo es más elevado entre los jóvenes: en el grupo de 18 a 25 años los remedios caseros alcanzan el 38,3%, los tratamientos dermatológicos el 24,4% y los productos cosméticos el 20,9%. En mayores de 65 años estos valores descienden notablemente. Por situación laboral, quienes trabajan muestran mayores niveles de consumo en la mayoría de las categorías, especialmente en productos cosméticos (14,3% frente a 7,2%), y productos para adelgazar (13,2% frente a 6,1%), mientras que entre quienes no trabajan aumenta el porcentaje de quienes no consumen ninguno (43,1% frente a 24,6%).]]></page>
<page method="xml-texts" num="311"><![CDATA[IX Estudio de salud 311 Gráfico: Automedicación: medicamentos utilizados por prescripción de un influencer o famoso]]></page>
<page method="xml-texts" num="312"><![CDATA[312 IX Estudio de salud La percepción sobre la necesidad de los medicamentos recetados se mantiene estable respecto a 2025. En 2026, el 54,6% de los encuestados considera que los medicamentos recetados son siempre necesarios, mientras que el 45,4% opina que no siempre lo son, prácticamente en línea con 2025 (55,1% y 44,9%, respectivamente). Entre quienes consideran que no siempre son necesarios, el principal motivo es que algunos problemas de salud pueden resolverse sin medicación, señalado por el 53,4%, seguido de la desconfianza en los efectos secundarios (29,4%) y la preferencia por tratamientos naturales o alternativos (26,1%), que desciende respecto a 2025 (29,8%). También se mencionan las malas experiencias previas (17,7%) y otros motivos (8,1%). El recurso a tratamientos alternativos sigue siendo minoritario. El 22,9% afirma haber recurrido alguna vez a ellos (frente al 25,7% en 2025), mientras que el 77,1% no lo ha hecho.]]></page>
<page method="xml-texts" num="313"><![CDATA[IX Estudio de salud 313 Gráfico: Necesidad de los medicamentos con receta y tratamientos alternativos]]></page>
<page method="xml-texts" num="314"><![CDATA[314 IX Estudio de salud El porcentaje de población que considera que los medicamentos recetados son siempre necesarios es mayor entre mujeres (56,9%) que entre hombres (52,2%). También es superior entre quienes tienen hijos (56,8%) frente a quienes no los tienen (50,7%). Por edad, se observa un aumento progresivo: el 46,5% entre 18 y 25 años, el 48,5% entre 26 y 40, el 52,2% entre 41 y 55, el 59,6% entre 56 y 65 y alcanza el 63,5% en mayores de 65 años. Según hábitos, el porcentaje es significativamente más alto entre quienes se automedican (69,5%) frente a quienes no lo hacen (47,3%). Por situación laboral, es mayor entre quienes no trabajan (59,8%) que entre quienes sí lo hacen (50,7%).]]></page>
<page method="xml-texts" num="315"><![CDATA[IX Estudio de salud 315 Gráfico: ¿Los medicamentos recetados son siempre necesarios?]]></page>
<page method="xml-texts" num="316"><![CDATA[316 IX Estudio de salud A nivel territorial, existen diferencias relevantes en la percepción sobre la necesidad de los medicamentos recetados. Madrid presenta el porcentaje más elevado, con un 67,3%, seguido de Castilla-La Mancha (62,7%) y Asturias (60,1%). También destacan Extremadura (58,1%), Comunidad Valenciana (56,9%), La Rioja (56,0%) y Andalucía (56,0%). En niveles intermedios se sitúan Cataluña (55,9%), Canarias (54,7%), Navarra (52,0%), Aragón (52,0%), Murcia (50,1%), Castilla y León (50,1%) y Galicia (50,3%). Los porcentajes más bajos se registran en Cantabria (48,7%), País Vasco (48,7%) y especialmente en Baleares, con un 32,0%.]]></page>
<page method="xml-texts" num="317"><![CDATA[IX Estudio de salud 317 Gráfico: ¿Los medicamentos recetados son siempre necesarios?]]></page>
<page method="xml-texts" num="318"><![CDATA[318 IX Estudio de salud El recurso a tratamientos alternativos en lugar de medicamentos recetados es mayor entre mujeres (25,9%) que entre hombres (19,8%). Por edad, alcanza su punto más alto entre los 26 y 40 años (27,3%), seguido de los 41 a 55 años (23,6%) y los 18 a 25 (24,5%), mientras que desciende en los grupos de mayor edad (21,8% en 56-65 y 17,9% en mayores de 65). Según la situación económica, el uso es mayor entre quienes perciben una mejora (28,2%), frente a quienes consideran que su situación sigue igual (19,8%) o ha empeorado (25,7%). También destaca entre quienes han hecho dieta en el último año (34,8%) frente a quienes no lo han hecho (18,0%), entre quienes trabajan (26,3% frente a 18,5% entre quienes no trabajan) y especialmente entre quienes se automedican, donde alcanza el 41,7%, frente al 13,7% entre quienes no lo hacen.]]></page>
<page method="xml-texts" num="319"><![CDATA[IX Estudio de salud 319 Gráfico: ¿Los medicamentos recetados son siempre necesarios?]]></page>
<page method="xml-texts" num="320"><![CDATA[320 IX Estudio de salud 3.2 Tecnologías para la salud y su evolución El porcentaje de españoles que ha dejado de acudir presencialmente al médico en el último año continúa con una tendencia descendente y se sitúa en el 20,2% en 2026, por debajo de años anteriores (22,0% en 2025, 21,0% en 2024, 23,3% en 2023, 39,0% en 2022 y 54,3% en 2021). Entre quienes han dejado de acudir presencialmente, el principal motivo es la saturación de la sanidad pública, mencionada por el 44,7%, en línea con años anteriores (46,0% en 2025). Le sigue el uso de la telemedicina, con un 26,7%, que se mantiene estable respecto a 2025 (26,2%). A mayor distancia aparecen otros motivos (27,0%), las indicaciones médicas (9,2%) y el miedo a contraer un virus u otra enfermedad (8,0%), todos ellos con menor peso que en años anteriores.]]></page>
<page method="xml-texts" num="321"><![CDATA[IX Estudio de salud 321 Gráfico: ¿Has dejado de ir presencialmente al médico en el último año?]]></page>
<page method="xml-texts" num="322"><![CDATA[322 IX Estudio de salud El abandono de la atención presencial es ligeramente más frecuente entre mujeres (20,8%) que entre hombres (19,6%). Por edad, se concentra en los grupos más jóvenes, con un 26,2% entre 18 y 25 años y un 26,5% entre 26 y 40, descendiendo progresivamente a partir de los 41 años (22,3%) hasta situarse en el 13,0% entre los mayores de 65. Según nivel de estudios, alcanza el 23,1% entre quienes tienen estudios secundarios, frente al 18,9% en niveles primarios o inferiores y el 17,3% en estudios superiores. También es más habitual entre quienes han sufrido estrés en el último año (22,1%) en comparación con quienes no lo han experimentado (13,0%), y entre quienes trabajan (22,8%) frente a quienes no lo hacen (16,8%).]]></page>
<page method="xml-texts" num="323"><![CDATA[IX Estudio de salud 323 Gráfico: ¿Has dejado de ir presencialmente al médico en el último año? A nivel territorial, Canarias registra el mayor porcentaje de población que ha dejado de acudir presencialmente al médico, con un 31,9%. También destacan Baleares, Murcia y Extremadura, todas en torno al 26,0%, así como Castilla-La Mancha y La Rioja, ambas con un 24,0%, y la Comunidad Valenciana con un 23,1%.]]></page>
<page method="xml-texts" num="324"><![CDATA[324 IX Estudio de salud En niveles intermedios se sitúan Andalucía (21,7%), Navarra (20,0%) y Castilla y León (20,2%), mientras que Madrid presenta un 17,0% y Aragón un 16,0%. Los porcentajes más bajos se observan en Cataluña (15,1%), Galicia (13,9%) y Cantabria (10,8%). Gráfico: ¿Has dejado de ir presencialmente al médico en el último año? Según CC. AA.]]></page>
<page method="xml-texts" num="325"><![CDATA[IX Estudio de salud 325 El uso de la telemedicina continúa descendiendo y se sitúa en el 27,1% en 2026, frente al 28,3% en 2025 y el 30,5% en 2024, muy por debajo del 59,4% registrado en 2021. En cuanto a los usos, la consulta con médico de atención primaria sigue siendo la principal, con un 81,1%. Le siguen las consultas con médicos especialistas (41,5%) y, en menor medida, con psicólogos, que alcanzan el 24,6% y muestran un crecimiento progresivo desde el 6,8% en 2021. También se sitúan las consultas de pediatría en el 21,4%.]]></page>
<page method="xml-texts" num="326"><![CDATA[326 IX Estudio de salud Gráfico: Telemedicina]]></page>
<page method="xml-texts" num="327"><![CDATA[IX Estudio de salud 327 El uso de la telemedicina es mayor entre mujeres (29,4%) que entre hombres (24,8%). Por edad, los niveles más altos se concentran entre los 26 y 40 años (30,7%), seguidos de los grupos de 18 a 25 (27,6%), 41 a 55 (27,3%) y 56 a 65 (27,0%), mientras que desciende en mayores de 65 años hasta el 23,5%. Según tamaño de población, el uso aumenta en grandes poblaciones, alcanzando el 31,8% en municipios de más de 500.000 habitantes, frente a valores en torno al 26% en el resto. También es más frecuente entre personas con hijos (30,2%) frente a quienes no los tienen (21,6%), y entre quienes trabajan (30,2%) en comparación con quienes no lo hacen (23,1%).]]></page>
<page method="xml-texts" num="328"><![CDATA[328 IX Estudio de salud Gráfico: Telemedicina Por comunidades autónomas, la Comunidad Valenciana presenta el mayor uso de telemedicina con un 41,1%, seguida de Canarias (37,4%) y Castilla- La Mancha (34,7%). También destacan Murcia y La Rioja, ambas con un 32,0%, y Andalucía con un 30,2%.]]></page>
<page method="xml-texts" num="329"><![CDATA[IX Estudio de salud 329 En niveles intermedios se sitúan Castilla y León (28,0%), Galicia (28,5%), Cantabria (27,0%) y Extremadura (26,0%). Los porcentajes más bajos se registran en Aragón (24,0%), Baleares (22,0%) y Cataluña (21,8%), siendo especialmente reducidos en País Vasco (19,3%) y Madrid (19,6%). Gráfico: Telemedicina según CC. AA.]]></page>
<page method="xml-texts" num="330"><![CDATA[330 IX Estudio de salud La búsqueda de información sobre salud en Internet sigue creciendo y alcanza su máximo histórico en 2026, con un 55,9%, por encima de 2025 (55,1%) o de 2024 (53,6%). Por sexo, es más frecuente entre mujeres, que alcanzan el 59,0%, frente al 52,6% de los hombres. Por edad, la búsqueda es especialmente elevada entre los más jóvenes, con un 77,1% en el grupo de 18 a 25 años y un 65,9% entre 26 y 40, descendiendo progresivamente a medida que aumenta la edad hasta situarse en el 37,2% entre los mayores de 65 años. Gráfico: Internet y autodiagnóstico]]></page>
<page method="xml-texts" num="331"><![CDATA[IX Estudio de salud 331 La búsqueda de información en Internet también varía según el perfil del encuestado. Es más habitual entre quienes trabajan, con un 61,3%, frente al 48,7% de quienes no lo hacen. También es significativamente mayor entre quienes han sufrido estrés en el último año, donde alcanza el 62,0%, en comparación con el 32,7% de quienes no han experimentado estrés. Además, las personas que se automedican recurren mucho más a Internet, con un 73,4%, frente al 47,3% de quienes no lo hacen. Por nivel educativo, el uso aumenta con la formación, pasando del 38,9% en niveles primarios o inferiores al 60,6% en estudios superiores, con un punto intermedio del 54,0% en estudios secundarios. Gráfico: Internet y autodiagnóstico]]></page>
<page method="xml-texts" num="332"><![CDATA[332 IX Estudio de salud Gráfico: Internet y autodiagnóstico A nivel territorial, los mayores niveles de búsqueda de información en Internet se registran en La Rioja, con un 76,0%, seguida de Baleares y Murcia, ambas con un 68,0%, y Canarias con un 66,6%. También destacan Extremadura (64,1%) y Castilla-La Mancha (61,3%). En niveles intermedios se sitúan Galicia (59,6%), País Vasco (59,3%), Comunidad Valenciana (58,8%) y Cantabria (56,8%), mientras que Cataluña registra un 50,8% y Aragón un 52,0%. Los porcentajes más bajos se observan en Madrid (49,0%), Navarra (47,9%), Castilla y León (45,9%) y Asturias, con el valor más reducido (41,9%).]]></page>
<page method="xml-texts" num="333"><![CDATA[IX Estudio de salud 333 Gráfico: Internet y autodiagnóstico]]></page>
<page method="xml-texts" num="334"><![CDATA[334 IX Estudio de salud Los buscadores continúan siendo el principal canal de información, utilizados por el 34,9%, aunque descienden respecto a años anteriores (40,5% en 2025 y 44,4% en 2024). La Inteligencia Artificial irrumpe como segundo canal con un 19,2%, situándose por delante de las redes sociales, que bajan al 10,5%, y de las revistas o medios especializados, que alcanzan el 8,9%. En cuanto a la credibilidad, el 61,0% de los usuarios afirma confiar en la información encontrada en Internet, un dato superior al de 2025 (52,5%) y que consolida una tendencia creciente desde 2021, cuando se situaba en el 39,8%.]]></page>
<page method="xml-texts" num="335"><![CDATA[IX Estudio de salud 335 Gráfico: Internet y autodiagnóstico: canal y credibilidad]]></page>
<page method="xml-texts" num="336"><![CDATA[336 IX Estudio de salud El uso de los canales varía según la edad. Los buscadores se mantienen relativamente estables, con valores en torno al 38,7% en el grupo de 41 a 55 años y algo inferiores en mayores de 65 años (27,0%). La Inteligencia Artificial tiene mayor penetración entre los jóvenes, con un 36,1% en el grupo de 18 a 25 años y un 26,4% entre 26 y 40, descendiendo hasta el 11,6% en mayores de 65. Las redes sociales también son más relevantes entre los jóvenes (23,5% en 18-25 y 14,4% en 26-40), mientras que su uso cae notablemente en edades más avanzadas. Por su parte, los medios especializados tienen mayor presencia en los grupos jóvenes (16,3% en 18-25) y pierden peso progresivamente con la edad. En términos de credibilidad, la Inteligencia Artificial es el canal que genera mayor confianza, con un 69,6%, seguida de las redes sociales (64,2%) y los buscadores (60,1%). Las revistas y medios especializados presentan un nivel inferior, con un 56,0%.]]></page>
<page method="xml-texts" num="337"><![CDATA[IX Estudio de salud 337 Gráfico: Internet y autodiagnóstico: canal y credibilidad]]></page>
<page method="xml-texts" num="338"><![CDATA[338 IX Estudio de salud Los síntomas y/o dolores ocasionales son las dolencias más buscadas en Internet, con un 53,3% en 2026, manteniéndose en niveles similares a años anteriores (54,1% en 2025 y 55,8% en 2024). Les siguen las enfermedades leves o puntuales, que alcanzan el 51,6% y muestran una ligera tendencia al alza respecto a 2025 (47,0%). A continuación, se sitúan los síntomas psicológicos, con un 32,2%, por encima de los niveles de 2025 (29,8%). Las enfermedades crónicas o recurrentes descienden hasta el 26,1%, frente al 30,8% del año anterior. Los “otros” motivos se mantienen en niveles bajos, con un 6,5%. Gráfico: Internet y autodiagnóstico: canal y credibilidad]]></page>
<page method="xml-texts" num="339"><![CDATA[IX Estudio de salud 339 Por sexo, los síntomas o dolores ocasionales son el tipo de consulta más frecuente en Internet tanto en hombres (53,6%) como en mujeres (53,1%), sin apenas diferencias. Sin embargo, los hombres buscan más información sobre enfermedades leves o puntuales (55,2% frente a 48,7%), mientras que las mujeres lo hacen en mayor medida sobre síntomas psicológicos (27,5% frente a 24,4%) y también ligeramente más sobre enfermedades crónicas (33,8% frente a 30,3%). Por edad, se observan patrones diferenciados. La búsqueda de síntomas o dolores ocasionales aumenta con la edad, pasando del 46,4% en jóvenes de 18 a 25 años hasta situarse en torno al 57% en mayores de 56 años. Las enfermedades leves tienen mayor peso en el grupo de 56 a 65 años (63,5%). Los síntomas psicológicos son claramente más frecuentes entre los jóvenes (41,3% en 18-25) y descienden con la edad hasta el 20,9% en mayores de 65. Por su parte, las enfermedades crónicas presentan la menor cifra entre los más jóvenes (15,7%). En cuanto al estrés se aprecian diferencias. Quienes han sufrido estrés buscan mucho más sobre síntomas psicológicos (35,5% frente a 9,4%) y también algo más sobre enfermedades crónicas (27,1% frente a 18,9%). En cambio, entre quienes no han sufrido estrés aumenta la búsqueda de enfermedades leves (57,6% frente a 50,8%).]]></page>
<page method="xml-texts" num="340"><![CDATA[340 IX Estudio de salud Gráfico: Dolencias o problemas más buscados en internet El porcentaje de personas que recurre a Internet con mayor frecuencia por síntomas psicológicos alcanza el 37,2% en 2026, su máximo histórico, por encima del 34,5% de 2025 y del 33,3% de 2024. Disminuye el porcentaje de quienes no recurren con más frecuencia (50,3%) y se mantiene estable el grupo que no presenta este tipo de síntomas (12,6%).]]></page>
<page method="xml-texts" num="341"><![CDATA[IX Estudio de salud 341 El principal motivo para hacerlo es intentar entender lo que les pasa, señalado por el 54,2%. Le siguen la posibilidad de solucionar los problemas por su cuenta (24,7%) y no poder permitirse acudir al psicólogo (22,4%). También destacan no darle tanta importancia como a otros problemas (18,7%) o las dificultades para conseguir cita (17,9%). Motivos como la vergüenza (13,4%) o la falta de confianza en los profesionales (9,5%) tienen menor peso (esta última descendiendo significativamente frente al 16,8% de 2025).]]></page>
<page method="xml-texts" num="342"><![CDATA[342 IX Estudio de salud Gráfico: ¿Sueles recurrir a internet con más frecuencia por síntomas psicológicos?]]></page>
<page method="xml-texts" num="343"><![CDATA[IX Estudio de salud 343 Por segmentos, la búsqueda frecuente por síntomas psicológicos es similar entre hombres (36,5%) y mujeres (37,8%). Por edad, es más elevada entre los jóvenes de 26 a 40 años (51,1%) y de 18 a 25 (46,2%), descendiendo significativamente en los grupos de mayor edad situándose en el 21,9% entre 56 y 65 años, y en el 24,7% en mayores de 65. Según la situación económica, alcanza el 44,2% entre quienes consideran que ha mejorado, frente al 33,0% entre quienes se mantienen igual. Por situación laboral, es mayor entre quienes trabajan (40,3%) que entre quienes no lo hacen (32,1%).]]></page>
<page method="xml-texts" num="344"><![CDATA[344 IX Estudio de salud Gráfico: ¿Sueles recurrir a internet con más frecuencia por síntomas psicológicos?]]></page>
<page method="xml-texts" num="345"><![CDATA[IX Estudio de salud 345 El uso de la Inteligencia Artificial para buscar información sobre salud física alcanza al 46,8% de la población, aunque solo un 12,6% la utiliza de forma habitual, frente a un 34,2% que lo hace en algunas ocasiones y un 53,2% que nunca la utiliza. Su uso para tomar decisiones es todavía muy reducido: solo un 12,9% ha tomado algún medicamento o seguido alguna recomendación de salud basada en IA, frente a un 87,1% que no lo ha hecho. En la misma línea, únicamente un 9,8% afirma haber dejado de ir al médico por haberse autodiagnosticado con IA. Aun así, un 41,2% se sentiría cómodo si una IA realizara una primera valoración de sus síntomas, aunque la mayoría lo haría con reservas (29,5%), mientras que un 11,7% lo aceptaría sin problemas y un 30,9% no se sentiría cómodo.]]></page>
<page method="xml-texts" num="346"><![CDATA[346 IX Estudio de salud Gráfico: Inteligencia artificial y salud física]]></page>
<page method="xml-texts" num="347"><![CDATA[IX Estudio de salud 347 Gráfico: Inteligencia artificial y salud física]]></page>
<page method="xml-texts" num="348"><![CDATA[348 IX Estudio de salud El uso habitual de la Inteligencia Artificial para buscar información sobre salud física sigue siendo minoritario, con ligeras diferencias por sexo: 11,9% en hombres y 13,3% en mujeres. Por edad, el uso es claramente mayor entre los jóvenes, alcanzando el 28,3% en el grupo de 18 a 25 años y el 18,3% entre 26 y 40, mientras que desciende progresivamente hasta el 3,5% en mayores de 65 años. También se observan diferencias relevantes según el perfil: entre quienes consideran que su situación económica ha mejorado el uso asciende al 20,8%, frente al 9,9% de quienes se mantienen igual. Entre quienes han hecho dieta alcanza el 21,3%, frente al 9,0% de quienes no. También es mayor entre quienes trabajan (15,5%) que entre quienes no lo hacen (8,9%) y especialmente entre quienes se automedican (22,9%) frente al 7,1% de quienes no lo hacen.]]></page>
<page method="xml-texts" num="349"><![CDATA[IX Estudio de salud 349 Gráfico: ¿Suele utilizar la IA para buscar información sobre problemas de salud física? El porcentaje de personas que ha tomado algún medicamento o seguido recomendaciones de salud basadas en IA es todavía reducido y se sitúa en niveles similares entre hombres (12,6%) y mujeres (13,3%). Por edad, las cifras son mayores entre los grupos más jóvenes, con el 25,3% entre los 18 a 25 años y el 21,8% en el grupo de 26 a 40, descendiendo hasta el 4,1% entre los mayores de 65.]]></page>
<page method="xml-texts" num="350"><![CDATA[350 IX Estudio de salud Según situación económica, el porcentaje es mayor entre quienes han mejorado (20,3%) que entre quienes siguen igual (10,4%). También destaca entre quienes han hecho dieta (23,4% frente al 8,6% de quienes no han hecho dieta), quienes trabajan (16,7% frente al 8,0% de quienes no trabajan) y quienes se automedican (28,4%, frente al 5,4% de quienes no lo hacen). Gráfico: ¿Ha tomado algún medicamento o seguido alguna recomendación de salud de una IA?]]></page>
<page method="xml-texts" num="351"><![CDATA[IX Estudio de salud 351 El abandono de visitas al médico debido a un autodiagnóstico con IA es muy limitado, con cifras similares entre hombres (10,1%) y mujeres (9,6%). Por edad, este comportamiento es más frecuente entre los jóvenes de 18 a 25 años (25,6%) y de 26 a 40 años (14,9%) y desciende progresivamente hasta el 1,4% en mayores de 65. Según situación económica, el porcentaje es mayor entre quienes han mejorado (15,6%) que entre quienes siguen igual (7,7%). También es más habitual entre quienes han hecho dieta (20,3%), quienes trabajan (12,2%) y quienes se automedican (23,1%), frente a niveles significativamente más bajos entre quienes no presentan estos perfiles, como el 5,5% entre quienes no han hecho dieta o el 3,3% entre quienes no se automedican.]]></page>
<page method="xml-texts" num="352"><![CDATA[352 IX Estudio de salud Gráfico: ¿Ha dejado de ir al médico porque se ha autodiagnosticado con IA? El grado de comodidad ante la posibilidad de que una IA realice una primera valoración de los síntomas alcanza niveles moderados. Es algo mayor entre hombres (43,0%) que entre mujeres (39,5%). Por edad, supera el 50% en los grupos más jóvenes (50,5% en 18-25 y 52,2% en 26-40), mientras que desciende hasta el 26,1% en mayores de 65. También es más elevado entre quienes consideran que su situación económica ha mejorado (53,8%), quienes han hecho dieta (56,5%), quienes trabajan (46,9%) y quienes se automedican (59,9%).]]></page>
<page method="xml-texts" num="353"><![CDATA[IX Estudio de salud 353 Gráfico: ¿Se sentiría cómodo si una IA realizara una primera valoración de sus síntomas?]]></page>
<page method="xml-texts" num="354"><![CDATA[354 IX Estudio de salud En el ámbito de la salud mental, el uso de la Inteligencia Artificial para buscar información es aún limitado: un 35,4% declara utilizarla (8,7% de forma habitual y 26,7% en algunas ocasiones), mientras que un 64,6% no la utiliza. El uso o consideración de la IA como apoyo emocional o terapia digital alcanza el 34,8%, aunque solo un 10,9% afirma haberla utilizado, frente a un 27,3% que no la ha usado, pero lo consideraría. La mayoría, un 61,9%, no la ha utilizado ni lo haría. El impacto en el comportamiento sanitario es muy reducido: únicamente un 9,8% ha dejado de acudir a un psicólogo o especialista en salud mental por haberse autodiagnosticado con IA. En cuanto a la aceptación, un 35,9% se sentiría cómodo con una primera valoración de síntomas psicológicos por parte de una IA, con un 9,4% que lo aceptaría sin problemas y un 26,5% con reservas, mientras que un 37,2% no se sentiría cómodo y un 26,8% no sabe o no tiene una opinión definida.]]></page>
<page method="xml-texts" num="355"><![CDATA[IX Estudio de salud 355 Gráfico: Inteligencia artificial y salud mental]]></page>
<page method="xml-texts" num="356"><![CDATA[356 IX Estudio de salud Gráfico: Inteligencia artificial y salud mental]]></page>
<page method="xml-texts" num="357"><![CDATA[IX Estudio de salud 357 El uso habitual de la Inteligencia Artificial para buscar información sobre problemas psicológicos es claramente minoritario y muy homogéneo por sexo: 8,7% en hombres y 8,6% en mujeres. Por edad, el uso es mayor entre los jóvenes, alcanzando el 20,7% en el grupo de 18 a 25 años y el 12,7% entre 26 y 40, pero desciende con fuerza hasta el 2,2% en mayores de 65. Según situación económica, el porcentaje es mayor entre quienes han mejorado (12,1%) que entre quienes siguen igual (6,3%). También es más frecuente entre quienes han hecho dieta (15,4%), quienes trabajan (9,8%) y entre quienes se automedican (18,5%), frente a valores mucho más bajos entre quienes no presentan estos perfiles, como el 3,8% entre quienes no se automedican o el 5,9% entre quienes no han hecho dieta.]]></page>
<page method="xml-texts" num="358"><![CDATA[358 IX Estudio de salud Gráfico: ¿Suele utilizar la IA para buscar información sobre problemas psicológicos? El uso o la consideración de la IA como apoyo emocional o terapia digital presenta cifras similares entre hombres (35,5%) y mujeres (34,2%). Por edad, supera el 50% entre los jóvenes de 18 a 25 años (51,7%) y se mantiene alto en el grupo de 26 a 40 (49,5%), mientras que desciende hasta el 17,1% en mayores de 65.]]></page>
<page method="xml-texts" num="359"><![CDATA[IX Estudio de salud 359 Según situación económica, el porcentaje es mayor entre quienes han mejorado (44,7%) que entre quienes siguen igual (30,8%). También es más habitual entre quienes han hecho dieta (47,8%), quienes trabajan (40,2%) y entre quienes se automedican (55,1%). Gráfico: ¿Ha utilizado o consideraría una IA para apoyo emocional o terapia digital?]]></page>
<page method="xml-texts" num="360"><![CDATA[360 IX Estudio de salud El porcentaje de personas que ha dejado de acudir a un psicólogo o especialista en salud mental por haberse autodiagnosticado con IA es reducido en todos los segmentos, sin grandes diferencias por sexo (10,6% en hombres y 9,0% en mujeres). Por edad, vuelve a observarse una mayor incidencia entre los jóvenes de 18 a 25 años (21,2%) y de 26 a 40 (16,1%), descendiendo progresivamente hasta el 1,4% en mayores de 65. Según situación económica, el porcentaje es mayor entre quienes han mejorado (14,1%) que entre quienes siguen igual (8,4%). También es más frecuente entre quienes han hecho dieta (17,8%), quienes trabajan (12,2%) y quienes se automedican (23,1%).]]></page>
<page method="xml-texts" num="361"><![CDATA[IX Estudio de salud 361 Gráfico: ¿Ha dejado de ir al psicólogo / especialista en salud mental porque se ha autodiagnosticado con IA? El nivel de comodidad ante la posibilidad de que una IA realice una primera valoración de síntomas psicológicos es moderado, con mayor aceptación entre hombres (40,2%) que entre mujeres (31,9%). Por edad, los niveles más altos se registran en los grupos jóvenes: 44,4% entre 18 y 25 años y 50,0% en el grupo de 26 a 40, descendiendo hasta el 21,2% en mayores de 65.]]></page>
<page method="xml-texts" num="362"><![CDATA[362 IX Estudio de salud Según situación económica, el porcentaje es mayor entre quienes han mejorado (48,4%) que entre quienes siguen igual (31,3%). También es mayor entre quienes han hecho dieta (50,6%), quienes trabajan (41,0%) y quienes se automedican, (55,6%). Gráfico: ¿Se sentiría cómodo si una IA realizara una primera valoración de sus síntomas?]]></page>
<page method="xml-texts" num="363"><![CDATA[IX Estudio de salud 363 La confianza en la inteligencia artificial para el diagnóstico médico es limitada y, además, retrocede. Aumenta el porcentaje de personas que consideran que es menos efectiva que los médicos humanos, alcanzando el 47,8%, mientras disminuyen quienes la ven igual o más efectiva (14,8% y 4,1%). En cuanto a las ventajas, las más reconocidas siguen siendo la rapidez en los diagnósticos, con un 28,2% (disminuye con respecto al 32,2% de 2025) y la reducción de la carga de trabajo para los médicos con un 26,6% (disminuye con respecto al 31,4% de 2025), seguidas del acceso en zonas con escasez de profesionales (23,0%). También aumenta el porcentaje de personas que considera que la IA no ofrece ninguna ventaja (21,5%) con respecto al 13,7% de 2025. Gráfico: Inteligencia artificial y diagnóstico médico]]></page>
<page method="xml-texts" num="364"><![CDATA[364 IX Estudio de salud Gráfico: Inteligencia artificial y diagnóstico médico]]></page>
<page method="xml-texts" num="365"><![CDATA[IX Estudio de salud 365 Gráfico: Inteligencia artificial y diagnóstico médico En cuanto a la percepción de la inteligencia artificial aplicada al diagnóstico médico se observan diferencias por perfiles. Por sexo, tanto hombres (49,2%) como mujeres (46,5%) consideran mayoritariamente que la IA es menos efectiva. Por edad, la opinión que más destaca es que la IA es menos efectiva, con el grupo de entre 56 a 65 años presentando la cifra más alta (52,3%) al grupo de entre 26 y 40 años que presenta la cifra más baja (44,6%). A medida que aumenta la edad, crece el porcentaje de personas sin una opinión clara, alcanzando el 44,7% en mayores de 65 años. En el grupo de 26-40 años se registra el mayor porcentaje que considera que la IA puede ser más efectiva (9,4%). En cuanto a la automedicación, quienes se automedican muestran algo más de confianza en la IA: un 8,4% considera que es más efectiva y un 27,0% que es igual de efectiva, frente a cifras más bajas entre quienes no se automedican (1,9% y 8,9%, respectivamente). Aun así, en ambos grupos predomina la percepción de que es menos efectiva. Por situación laboral, los trabajadores presentan una ligera mayor confianza (5,4% la considera más efectiva frente a 3,2% entre quienes no trabajan), mientras que entre quienes no trabajan aumenta el porcentaje de indecisos (40,9%). En ambos casos, la opinión dominante sigue siendo que la IA es menos efectiva que los médicos.]]></page>
<page method="xml-texts" num="366"><![CDATA[366 IX Estudio de salud Gráfico: En comparación con los médicos humanos, la inteligencia artificial para el diagnóstico de enfermedades es…]]></page>
<page method="xml-texts" num="367"><![CDATA[IX Estudio de salud 367 Las ventajas del uso de la inteligencia artificial en diagnósticos médicos varían en función del perfil. Por sexo, los hombres muestran un mayor reconocimiento de las ventajas en todos los aspectos: destacan especialmente en la reducción de la carga de trabajo para los médicos (33,0% vs. 20,6% en mujeres), el acceso a diagnósticos en áreas con escasez de médicos (25,1% vs. 20,9%) y la precisión en los diagnósticos (13,2% vs. 9,0%). En cambio, las mujeres presentan un mayor nivel de indecisión (29,2% frente a 18,4%). Por edad, el grupo de 26 a 40 años es el más favorable a la IA, liderando en reducción de carga de trabajo para los médicos (31,1%), en rapidez en los diagnósticos (31,8%) y en acceso a diagnósticos (26,9%). Los jóvenes de 18 a 25 años destacan especialmente en la rapidez (37,3%) y también muestran mayor valoración de la precisión (16,9%). A medida que aumenta la edad, disminuye el reconocimiento de ventajas y crece la indecisión, alcanzando el 38,2% entre los mayores de 65 años. Este grupo también presenta los niveles más bajos en rapidez (22,9%) y precisión (6,8%). Por situación laboral, las personas que trabajan valoran más positivamente todas las ventajas: rapidez (31,3% vs. 24,0%), reducción de carga de trabajo (30,5% vs. 21,5%) y acceso (26,2% vs. 18,6%). Por el contrario, entre quienes no trabajan aumenta la falta de opinión (32,4% frente a 17,5%) y se reducen los niveles de reconocimiento de beneficios.]]></page>
<page method="xml-texts" num="368"><![CDATA[368 IX Estudio de salud Gráfico: Ventajas del uso de la inteligencia artificial en diagnósticos médicos]]></page>
<page method="xml-texts" num="369"><![CDATA[IX Estudio de salud 369 3.3 Salud y sostenibilidad La percepción de que el cambio climático tiene un impacto negativo en la salud sigue siendo significativa, aunque muestra una ligera bajada en el último año. En 2026, el 48,5% de los encuestados considera que sí tiene un impacto negativo, lo que supone un descenso respecto a años anteriores, cuando se situaba por encima del 50%. En cuanto a los motivos, el factor más determinante sigue siendo el aumento de las olas de calor y de frío, mencionado por el 75,4% de quienes perciben impacto. En segunda posición se sitúa el aumento del coste de los productos básicos de alimentación debido a la sequía (46,4%), seguido por la peor calidad del agua (29,4%) y el aumento de alergias asociado a la contaminación y la falta de lluvias (26,1%).]]></page>
<page method="xml-texts" num="370"><![CDATA[370 IX Estudio de salud Gráfico: Impacto del cambio climático en la salud]]></page>
<page method="xml-texts" num="371"><![CDATA[IX Estudio de salud 371 Gráfico: Impacto del cambio climático en la salud El impacto percibido del cambio climático en la salud varía según perfil sociodemográfico. Es claramente más elevado entre mujeres (54,3%) que entre hombres (42,3%). Por edad, la percepción crece progresivamente hasta alcanzar su máximo entre los 56 y 65 años (55,0%), mientras que los jóvenes de 18 a 25 años presentan niveles más bajos (42,8%). También destaca el mayor impacto percibido entre personas con hijos (51,2%) frente a quienes no los tienen (43,6%), así como entre quienes han experimentado estrés en el último año (50,6%) frente a quienes no lo han experimentado (40,4%).]]></page>
<page method="xml-texts" num="372"><![CDATA[372 IX Estudio de salud A nivel geográfico, las diferencias territoriales son notables. Las regiones donde más se percibe el impacto negativo son Murcia (60,0%), Comunidad Valenciana (56,9%) y Castilla-La Mancha (54,7%). También presentan valores elevados Andalucía (52,6%) y Galicia (53,0%). En cambio, comunidades como Cantabria (37,8%), Asturias (38,1%), La Rioja (38,0%) o Navarra (40,1%) muestran niveles más bajos.]]></page>
<page method="xml-texts" num="373"><![CDATA[IX Estudio de salud 373 Gráfico: Impacto del cambio climático en la salud]]></page>
<page method="xml-texts" num="374"><![CDATA[374 IX Estudio de salud En cuanto a medidas para ser más sostenibles, se detecta un cambio de tendencia. El porcentaje de personas que declara adoptar alguna medida para ser más sostenible en su día a día desciende hasta el 48,8%, cifra inferior al 54,6% de 2025. En cuanto a las medidas que se están tomando, el reciclaje sigue siendo la medida más extendida (79,9%). Le siguen el consumo de productos de proximidad (52,1%) y el uso de transporte sostenible (51,3%). La reducción del consumo de electricidad ha disminuido significativamente con respecto a años anteriores (50,9% frente al 60,9% en 2025).]]></page>
<page method="xml-texts" num="375"><![CDATA[IX Estudio de salud 375 Gráfico: Impacto del cambio climático en la salud]]></page>
<page method="xml-texts" num="376"><![CDATA[376 IX Estudio de salud El perfil de quienes adoptan medidas sostenibles también presenta diferencias claras. Las mujeres muestran una mayor implicación (52,5%) que los hombres (44,8%). Por edad, el compromiso aumenta progresivamente, alcanzando su punto más alto entre los 56 y 65 años (61,2%), mientras que entre los jóvenes de 18 a 25 años se queda en niveles más moderados (37,3%). Las personas con hijos adoptan más medidas que aquellas sin hijos (52,3% vs. 42,4%). También se observa una relación con el tamaño de la población: en ciudades grandes (más de 500.000 habitantes) el porcentaje alcanza el 56,5%, frente al 40,7% en localidades más pequeñas (menos de 10.000). Gráfico: Medidas para ser más sostenible]]></page>
<page method="xml-texts" num="377"><![CDATA[IX Estudio de salud 377 El análisis territorial muestra que la adopción de medidas sostenibles también varía entre comunidades autónomas. La Comunidad Valenciana destaca con el porcentaje más alto (59,0%), seguida de Navarra (52,1%) y Cataluña (52,0%). Las cifras más bajas se sitúan Asturias (34,1%) y Castilla- La Mancha (38,6%). Gráfico: Medidas para ser más sostenible]]></page>
<page method="xml-texts" num="378"><![CDATA[378 IX Estudio de salud 3.4 Hábitos de ocio Los españoles muestran un nivel de satisfacción relativamente alto en relación con su tiempo libre. La cantidad de tiempo libre obtiene una valoración media de 7,24, con un 29,3% que la puntúa entre 9 y 10 y un 39,6% entre 7 y 8. Solo una minoría se sitúa en valoraciones bajas (6,4% entre 3 y 4 y 3,0% entre 0 y 2). La forma en la que se emplea ese tiempo libre presenta una valoración muy similar, con una media de 7,14. En este caso, el 25,0% otorga puntuaciones muy altas y un 42,4% la sitúa entre 7 y 8, aunque aumenta ligeramente el peso de valoraciones intermedias (23,6%). La calidad de vida es el aspecto peor valorado, con una media de 6,84. Aunque sigue predominando la valoración positiva (44,6% entre 7 y 8 y 18,9% entre 9 y 10), crece el porcentaje de valoraciones medias (25,4%) y también las bajas (6,8% entre 3 y 4 y 4,3% entre 0 y 2). Gráfico: Grado de satisfacción con algunos aspectos]]></page>
<page method="xml-texts" num="379"><![CDATA[IX Estudio de salud 379 En términos evolutivos, los tres indicadores muestran una tendencia estable con ligeras mejoras en el tiempo. La satisfacción con la cantidad de tiempo libre pasa de 7,19 en 2025 a 7,24 en 2026, tras haber alcanzado un máximo reciente de 7,33 en 2023. La forma de emplearlo también mejora ligeramente (de 7,08 en 2025 a 7,14 en 2026), mientras que la calidad de vida pasa de 6,74 en 2025 a 6,84 en 2026.]]></page>
<page method="xml-texts" num="380"><![CDATA[380 IX Estudio de salud Gráfico: Grado de satisfacción con algunos aspectos: evolutivo]]></page>
<page method="xml-texts" num="381"><![CDATA[IX Estudio de salud 381 El grado de satisfacción de algunos aspectos varía según el perfil. Por sexo, apenas se observan diferencias en la cantidad de tiempo libre (7,24 hombres vs. 7,25 mujeres), pero sí en el uso de ese tiempo, donde los hombres valoran ligeramente mejor (7,22 vs. 7,06). En calidad de vida también hay una pequeña ventaja de los hombres (6,97 frente a 6,71). Por edad, se aprecia un patrón claro: los menores de 40 años son los más críticos en todos los aspectos (por ejemplo, 6,70 en tiempo libre y 6,57 en calidad de vida en el grupo 26-40). A partir de los 56 años aumentan las valoraciones, alcanzando los niveles más altos entre los mayores de 65 años, especialmente en la cantidad de tiempo libre (8,29) y en cómo lo emplean (7,80). La calidad de vida también tiene valoraciones más bajas para los grupos más jóvenes, y va aumentando con la edad alcanzando una cifra de 7,23 en mayores de 65 años. Según tamaño de población, las diferencias son más moderadas. Las ciudades más grandes (más de 500.000 habitantes) presentan valoraciones relativamente altas en tiempo libre (7,48) y uso del mismo (7,29), mientras que los municipios pequeños destacan ligeramente en tiempo libre (7,30). En calidad de vida, las puntuaciones son bastante homogéneas, moviéndose entre 6,67 y 6,95.]]></page>
<page method="xml-texts" num="382"><![CDATA[382 IX Estudio de salud Gráfico: Grado de satisfacción con algunos aspectos]]></page>
<page method="xml-texts" num="383"><![CDATA[IX Estudio de salud 383]]></page>
<page method="xml-texts" num="384"><![CDATA[Acceder Acceder Conclusiones Salud física Autocuidado y aspecto físico Hábitos de alimentación y otros Salud emocional Estilo de vida Satisfacción laboral Automedicación Tecnologías para la salud Salud y sostenibilidad Salud y ocio]]></page>
<page method="xml-texts" num="385"><![CDATA[385 IX Estudio de salud 1. Salud física En líneas generales, la valoración que los españoles hacen sobre su estado de salud se mantiene positiva y registra un ligero incremento respecto a 2025. El 72% puntúa su salud con un 7 o más en una escala de 0 al 10, y la media alcanza el 7,22. El ejercicio físico continúa siendo el principal motivo asociado a una valoración positiva de la salud, seguido de no fumar, dormir bien y cuidar la alimentación. Por el contrario, quienes valoran negativamente su salud siguen señalando los dolores físicos como principal motivo, aunque su peso desciende respecto al año anterior. La percepción del estado de salud desciende con la edad, especialmente entre los mayores de 65 años. También se aprecia una relación con variables socioeconómicas: las valoraciones más negativas se concentran entre quienes tienen menor nivel educativo, no trabajan o perciben un empeoramiento de su situación económica.]]></page>
<page method="xml-texts" num="386"><![CDATA[IX Estudio de salud 386 2. Autocuidado y aspecto físico La satisfacción con el aspecto físico sigue siendo mayoritaria y continúa reforzándose: en la actualidad, el 83,7% de los españoles afirma sentirse satisfecho en alguna medida con su apariencia, consolidando la tendencia positiva iniciada en 2022 con un 73,4%. Por otro lado, el porcentaje de personas que consideran estar en un peso adecuado aumenta y supera el 40%, mientras que desciende la proporción de quienes creen tener un peso por encima del recomendado (43,6%) y se mantiene estable la de quienes se perciben por debajo (14,6%). La percepción del peso sigue estando claramente condicionada por la edad: a medida que esta aumenta, crece la idea de tener sobrepeso, mientras que entre los más jóvenes es mayor la proporción de quienes consideran que están por debajo del peso adecuado. La mayoría de los encuestados destina una parte de su presupuesto al cuidado personal y la salud, siendo el cuidado personal el ámbito en el que se concentra un mayor nivel de gasto.]]></page>
<page method="xml-texts" num="387"><![CDATA[387 IX Estudio de salud 3. Hábitos de alimentación y otros Tras la caída registrada el año pasado, en 2026 se recupera la percepción positiva sobre la alimentación. En la actualidad, casi un 70% de los encuestados considera en alguna medida que su dieta es saludable. También aumenta el porcentaje de quienes perciben una evolución positiva en su alimentación respecto al último año, aunque la mayoría de los encuestados declara que no ha cambiado su alimentación. En cuanto a hábitos de consumo, la fruta y la verdura continúan siendo los alimentos más presentes en la dieta, sin grandes variaciones respecto a años anteriores. Se incrementa ligeramente la importancia otorgada a la información de las etiquetas en el proceso de compra. En concreto, el 49,5% de los encuestados considera decisiva la información sobre ingredientes, mientras que el 40,2% presta atención a la información nutricional. La confianza en las etiquetas sigue siendo moderada: aunque en general se confía en ellas, persisten dudas sobre su transparencia. En el caso de los productos etiquetados como light o saludables, el nivel de confianza es más reducido (36,7%). Pero a pesar de esta limitada confianza, la preferencia por estos productos es mayor, ya que un 46,8% afirma preferir alimentos que se anuncian como light o saludables. Por otro lado, el uso de la inteligencia artificial para interpretar etiquetas continúa siendo minoritario, aunque aumenta entre los perfiles más jóvenes. El porcentaje de personas que ha seguido algún tipo de dieta en el último año se sitúa en el 29,4%, sin grandes cambios con respecto al año]]></page>
<page method="xml-texts" num="388"><![CDATA[IX Estudio de salud 388 anterior, y con menor incidencia entre hombres y personas de mayor edad. En este contexto, solamente un 16,5% de los encuestados recurriría a medicamentos como Ozempic para perder peso. El porcentaje de encuestados que evita consumir determinados alimentos se mantiene por encima del 40%, mientras que la proporción de personas con intolerancias o alergias (14,4%) muestra una tendencia al alza. El uso de la inteligencia artificial para planificar menús o dietas continúa siendo limitado entre la población. Solo una pequeña proporción declara emplearla de forma habitual (5,8%), mientras que un 21,8% señala haber recurrido a ella de manera ocasional. La influencia de factores económicos en la alimentación sigue siendo relevante: aumenta hasta el 47,6% el porcentaje de españoles que reconoce que la inflación ha tenido un impacto negativo en su dieta. Esta cifra es mayor entre los menores de 55 años y los que piensan que su situación económica ha empeorado. A pesar de ello, se mantiene una clara preferencia por la calidad frente al precio, con un 83,8% de los encuestados afirmando que opta por alimentos de mayor calidad, aunque sean más caros. Entre los hábitos menos saludables, el consumo habitual de tabaco es minoritario y desciende hasta el 27,6%, reduciéndose de forma significativa respecto al año anterior. Entre los que fuman, aumenta el porcentaje de quienes tienen un gasto mensual de menos de 50 euros (41,3%) y el 70% lo ha intentado dejar alguna vez.]]></page>
<page method="xml-texts" num="389"><![CDATA[389 IX Estudio de salud El porcentaje de personas que declara vapear habitualmente también disminuye y se sitúa en un 9,5%, aunque aumenta la proporción de quienes conocen a alguien que ha sustituido el tabaco por el vapeo (51,4%). La percepción mayoritaria sigue siendo que ambas prácticas son igual de perjudiciales. En contraste con el tabaco y el vapeo, el consumo de alcohol sigue estando ampliamente extendido: el 84,2% de los encuestados declara consumirlo. Aunque el consumo más habitual continúa siendo semanal, crece la proporción de quienes lo consumen de forma esporádica y disminuye el gasto mensual destinado a este hábito.]]></page>
<page method="xml-texts" num="390"><![CDATA[IX Estudio de salud 390 4. Salud emocional La valoración del estado de salud emocional continúa su tendencia positiva y se consolida por encima del 7, alcanzando una puntuación media de 7,38. Un 8% de los españoles presenta puntuaciones bajas, cifra desciende de forma continuada en los últimos años. Se rompe la tendencia al alza en la percepción de mejora del estado de salud emocional (17,7%), mientras que la tendencia de los que creen que ha empeorado continúa descendiendo (16,2%). En cualquier caso, la opinión mayoritaria es que no ha variado (66,1%). Un 83,5% de los españoles ha experimentado en algún momento del último año sensaciones de ansiedad o depresión, aunque en la mayoría de los casos estos episodios tienen un impacto limitado en la vida cotidiana. Los síntomas más habituales siguen siendo el nerviosismo, la angustia y la tensión, que afectan al 76,7% de los encuestados. Le siguen el estrés y la ansiedad, con el 72,2% de los encuestados afirmando haberlos experimentado en alguna ocasión, mientras que el 68,6% declara haberse sentido deprimido o decaído.]]></page>
<page method="xml-texts" num="391"><![CDATA[391 IX Estudio de salud 5. Estilo de vida En términos generales, la satisfacción con la vida de los españoles muestra una evolución positiva con respecto al año anterior, situándose nuevamente por encima del 7 de media (7,12). Más del 70% de los encuestados valora su vida con una puntuación igual o superior a 7, mientras que las valoraciones negativas se mantienen en niveles reducidos, por debajo del 9%. En línea con esta mejora, aumenta el porcentaje de personas que se declaran felices, alcanzando el 76,2%, y desciende la proporción de quienes afirman sentirse poco o nada felices (23,8%). Los aspectos más importantes para afirmar que se es feliz siguen siendo: tener una buena salud física y emocional (68,5%) y tener una buena relación con la pareja e hijos (59,6%) La percepción del estilo de vida también mejora respecto a 2025: más del 70% de los encuestados lo valora con un 7 o más y la puntuación media alcanza el 7,24. Entre los principales factores que determinan la percepción de llevar un estilo de vida saludable destacan la gestión de los problemas o emociones, la alimentación y las relaciones sociales y familiares. La dificultad para gestionar problemas o emociones aparece también como el principal motivo para considerar que no se lleva un estilo de vida saludable. En cuanto al estrés, un 79% de los españoles declara haberlo experimentado en alguna medida durante el último año, mientras que el]]></page>
<page method="xml-texts" num="392"><![CDATA[IX Estudio de salud 392 18,1% lo sufre de forma frecuente. Entre los principales factores que lo generan destacan las dificultades laborales, las tensiones con familiares o amigos y los problemas económicos. En la mayoría de los casos, el estrés se manifiesta a través de síntomas psicológicos, que aumentan significativamente con respecto a 2025. Además, el 43,9% de los encuestados afirma haber adoptado algún tipo de medida para tratar de reducirlo. El estrés continúa teniendo un impacto directo sobre el descanso: más del 80% de quienes lo han experimentado señala que ha afectado a su sueño, aunque el porcentaje de quienes afirman que esto ocurre de forma frecuente desciende hasta el 21,2%.]]></page>
<page method="xml-texts" num="393"><![CDATA[393 IX Estudio de salud 6. Satisfacción laboral La satisfacción con el puesto de trabajo se mantiene en niveles mayoritarios y continúa su tendencia positiva: el 63,9% de los encuestados que trabajan declara estar muy satisfecho o bastante satisfecho con su empleo. La mayoría no se plantea cambiar de trabajo, aunque aumenta ligeramente el porcentaje de quienes sí consideran esta posibilidad, situándose en el 27,8%. Además, se consolida la percepción de que determinados factores sociales pueden influir en la salud mental, con un 57,2% de menciones. Entre los aspectos más señalados destacan la falta de apoyo social o familiar y la discriminación o los prejuicios, aunque ambos pierden algo de peso respecto al año anterior.]]></page>
<page method="xml-texts" num="394"><![CDATA[IX Estudio de salud 394 7. Automedicación La automedicación continúa descendiendo por segundo año consecutivo y se sitúa en el 32,9% de los encuestados. Las mujeres que recurren a los medicamentos sin prescripción médica (34,1%) son más que los hombres que lo hacen (31,6%). La situación laboral también influye en el grado de automedicación ya que es más habitual entre quienes trabajan (38,1%) que entre quienes no lo hacen (26,1%). Una parte relevante de la población mantiene cierta flexibilidad en su relación con los medicamentos: aunque la mayoría considera necesarios los tratamientos recetados, un 45,4% opina que no siempre lo son. El uso de tratamientos alternativos aún es reducido, con un 22,9% de los encuestados afirmando que ha recurrido a ellos alguna vez.]]></page>
<page method="xml-texts" num="395"><![CDATA[395 IX Estudio de salud 8. Tecnologías para la salud Continúa habiendo una tendencia descendente en el uso de la telemedicina (27,1%) y el porcentaje de personas que han dejado de acudir presencialmente al médico (20,2%). El autodiagnóstico a través de Internet sigue siendo una práctica extendida y alcanza al 55,9% de los encuestados, continuando con su tendencia positiva. En cuanto al el uso de la inteligencia artificial en el ámbito sanitario, este sigue siendo reducido. Solo una minoría declara utilizarla de forma habitual para buscar información sobre problemas de salud física (12,6%) o para seguir recomendaciones o tomar medicación (12,9%), y apenas un 9,8% afirma haber dejado de acudir al médico tras auto diagnosticarse con estas herramientas. En el caso de enfermedades mentales, los porcentajes se reducen ligeramente. En cuanto a la percepción, aunque no se detecta un rechazo mayoritario, persisten dudas sobre su uso: alrededor de un 30,9% se sentiría incómodo ante la posibilidad de que una inteligencia artificial realizara una primera valoración de sus síntomas en el ámbito de la salud física, porcentaje que se eleva al 37,2% en el caso de la salud mental.]]></page>
<page method="xml-texts" num="396"><![CDATA[IX Estudio de salud 396 9. Salud y sostenibilidad La percepción del impacto negativo del cambio climático en la salud y el bienestar continúa descendiendo y se sitúa en el 48,5%, dejando de ser mayoritaria, aunque sigue siendo una preocupación relevante para una parte significativa de la población. Al profundizar en sus efectos, las olas de calor y frío continúan siendo el principal aspecto asociado al cambio climático, y se registra un ascenso en esta cifra con respecto al año anterior. Además, también desciende el porcentaje de encuestados que declara adoptar medidas para ser más sostenible en su rutina diaria, situándose en el 48,8%. Entre estas medidas, el reciclaje sigue siendo la práctica más habitual, con cierta diferencia respecto al resto.]]></page>
<page method="xml-texts" num="397"><![CDATA[397 IX Estudio de salud 10. Salud y ocio Los españoles se muestran satisfechos tanto con la cantidad de tiempo libre que tienen como con la forma en la que lo emplean. En ambos casos, la puntuación media que se le da a estos factores supera el 7 como valor promedio (7,24 y 7,14 respectivamente). La calidad de vida (situación económica, vivienda…) continúa siendo el aspecto con la valoración menos positiva, con una media de 6,84, aunque se aprecia un ligero incremento con respecto a años anteriores.]]></page>
<page method="xml-texts" num="398"/>
<page method="xml-texts" num="399"><![CDATA[Se permite la reproducción total o parcial de este documento bajo la premisa de citar a Aegon como fuente. Para más información puede ponerse en contacto con Aegon en la dirección de correo aegon.comunicacion@aegon.es]]></page>
</texts>
